ECONOMíA › TEMAS DE DEBATE: LOS CAMBIOS QUE ALIENTAN LA LLEGADA DE CAPITALES GOLONDRINA

Nuevo paraíso para la especulación

El presidente Mauricio Macri desmanteló los controles sobre los capitales especulativos y subió la tasa de interés. De este modo, comenzaron a ingresar dólares, pero la contracara es el freno en la producción y la fuga de divisas.

Producción: Tomás Lukin

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La bicicleta

Por Pablo Wahren *

La fuga de capitales se define como la compra de dólares por parte de empresas, bancos y otros privados para tenencia o especulación. Apenas asumió la Alianza Cambiemos las facilidades para esta operación crecieron significativamente, especialmente con la eliminación de las restricciones para la adquisición de divisas y la reducción del tiempo mínimo que los capitales extranjeros especulativos debían permanecer en el país. Los efectos de flexibilizar la fuga de divisas se sintieron rápidamente: durante el primer trimestre de 2016 la misma alcanzó los 3300 millones de dólares, marcando el nivel más alto para los primeros meses del año desde 2009.

El Gobierno dispuso a lo largo de los últimos meses nuevas medidas que alentaron esta operación, como la ampliación del monto de compra de divisas sin necesidad alguna de autorización de 2 a 5 millones de dólares. A la par que en estos meses se garantizaron los canales para satisfacer la fuga de capitales también se incrementó la capacidad de hacerlo. Tal como estimamos en un estudio reciente los sectores más concentrados de la economía, y por tanto los que mayor capacidad de fuga detentan dados sus mayores excedentes, gozaron de una transferencia de 281.000 millones de pesos desde los sectores de ingresos fijos (trabajadores, jubilados y titulares de derechos que perciben programas sociales) y el Estado a través de una serie de medidas que incluyeron la devaluación de la moneda, la suba de tasas de interés y la quita de retenciones.

Sin embargo, a pesar de las mayores facilidades para conseguir dólares, las presiones sobre el tipo de cambio parecen haberse estabilizado. Mientras que el 1° de marzo el tipo de cambio superó los 16 pesos, hoy orilla los 14 pesos. En ese contexto, el Banco Central que por entonces vendía dólares para que la moneda no suba aún más, hoy compra para que no baje. ¿A qué se debe este cambio? ¿Se trata de la “confianza” en el nuevo gobierno?

Para el Banco Central la fuga estaría lejos de ser un problema, ya que estarían entrando dólares por la cuenta financiera, es decir inversores extranjeros que compran activos financieros argentinos (especialmente Lebacs). No obstante, esta tendencia no obedece en absoluto a la confianza generada por el nuevo Gobierno sino a la rentabilidad extraordinaria que éste les ofrece, la cual supera a la de los países de la región y los emergentes. El carry trade, es decir la ganancia de un inversor que ingresa sus dólares, compra Lebacs a 6 meses y luego con lo ganado vuelve a comprar dólares (tomando como referencia el valor del dólar futuro a 6 meses) arrojó una ganancia en dólares para mayo de 4,4 por ciento n.a. Ésta se ubica por encima de Brasil (3,9 por ciento), Colombia (0,9), Perú (-0,8), Rusia (0,7) o India (0,3 por ciento).

Las ganancias extraordinarias ofrecidas por el Banco Central también pueden desincentivar la dolarización de bancos y firmas locales, ya que en pos de conseguir más dólares aspiran a acumular ganancias en pesos mediante Lebacs que luego permitan adquirir más divisas mientras el tipo de cambio se mantenga estable. Así es como por ejemplo, alguien que hizo esta operación entre enero y mayo aprovechando las letras a 35 días (las de mayor rendimiento), obtuvo una ganancia sólo en esos meses de 10 por ciento en dólares. En este sentido es esperable que el dinero que ingrese por el blanqueo siga, ya blanqueado, esa ruta de negocios.

Si bien aún se desconoce el nivel de la fuga de capitales del segundo trimestre, se visualizan otras causas que subyacen a la estabilidad cambiaria. En primer lugar, el ingreso de deuda externa por más de 25.000 millones de dólares (al contabilizar la última emisión soberana, la activación del swap con China, la deuda contraída con bancos internacionales y los endeudamientos provinciales). En segundo lugar, la caída de las importaciones producto de la caída de la actividad económica. Y, por último, un mayor ingreso de divisas por parte del agro, tanto porque en estos meses se concentran las ventas de la cosecha gruesa (soja y maíz) como por las no realizadas el año anterior.

El esquema del gobierno es endeble y peligroso. La deuda y las altas tasas de interés cargan las cuentas a futuro, la liquidación del agro es estacional y la retracción de las importaciones se explica fundamentalmente por la recesión económica que atraviesa el país. No obstante, ello no implica que sea un modelo insostenible en el corto plazo, especialmente por el reducido nivel de endeudamiento externo heredado, que permite el ingreso de deuda en moneda extranjera para patear las restricciones para más adelante y garantizarle los dólares en el futuro a quienes se subieron a la bicicleta financiera.

* Economista UBA - Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.


Más allá de las apariencias

Por Florencia Médici *

El Gobierno nacional manifestó desde su asunción el objetivo prioritario de atraer capitales externos que, según repiten sus principales funcionarios, generarán un shock de inversiones, crecimiento y empleo. Desde esta lógica, la liberalización y extranjerización del sistema financiero constituirían una política efectiva para atraer capitales y alcanzar el desarrollo.

Más allá de lo razonable que parezca este argumento, pues el sentido común indicaría que nada malo puede devenir de una “lluvia de inversiones extranjeras”, es preciso ir más allá de las apariencias. La inversión extranjera sin control produce el fenómeno opuesto: los recursos que se extraen superan a los que ingresan al país, ya que éstos se dirigen principalmente a sectores financieros y primarios-rentísticos que poseen alta propensión a fugar sus ganancias.

En primer lugar, los flujos de capitales fueron históricamente en la dirección contraria a lo que supone esta creencia. Un ejemplo de ello es la queja que en los años sesenta, en el marco de la Alianza para el Progreso, el canciller de Chile Gabriel Valdés realizaba ante el presidente Nixon: “Se cree que nuestro continente recibe ayuda financiera real. Los datos muestran lo opuesto. Podemos afirmar que América Latina contribuye a financiar a los Estados Unidos y a otros países desarrollados. La inversión privada ha significado y significa para América Latina que las sumas llevadas desde nuestro continente son varias veces mayores a las invertidas”.

Esa observación no sólo refleja la situación de una época sino un fenómeno persistente. Las transferencias netas de recursos financieros desde los países en desarrollo hacia los países desarrollados sigue siendo una característica relevante de la dinámica macroeconómica nacional y regional.

En este sentido, la inversión extranjera y el endeudamiento externo, si bien pueden generar un alivio en el corto plazo (al aportar dólares), engendran una costosa carga en el mediano y largo plazo. La remisión de utilidades, el pago de intereses y la reversión de esos flujos cuando las posibilidades de ganancia se extinguen originan continuas y crecientes salidas de dólares, que son fuente de inestabilidad y crisis externas.

Entre 2003 y 2015, el monto anual promedio de utilidades y pago de intereses remitidos al exterior desde Argentina representaron el 15 por ciento de las exportaciones, un nivel elevado aunque inferior al 22 por ciento observado durante los noventa. Una situación similar aconteció en el resto de América Latina, con un promedio de 16 y 13 por ciento, respectivamente.

Pero el panorama será aún más grave si los dólares que el gobierno busca que ingresen al país se usan para financiar la fuga de capitales, un problema que vuelve a escena luego de la liberalización de la venta de dólares en diciembre pasado. Según datos del Banco Central, la compra de dólares en el mercado legal fue durante el primer trimestre de 3300 millones de dólares (27 por ciento de las exportaciones).

En segundo lugar, dado la caída del consumo interno y el estancamiento de la demanda mundial, es posible que los dólares que ingresen sean capitales golondrina (flujos de corto plazo), atraídos por las altas tasas de interés y la dinámica propia del modelo de valorización financiera, donde la ganancia especulativa supera a la productiva. En los casos en que los capitales extranjeros sean realmente inversión productiva (IED), fluirán hacia los rentables sectores primarios concentrados, que generan poco empleo, poseen una baja propensión a invertir y una alta inclinación a fugar capitales. Recordemos que, según los datos de la CEPAL, incluso en los años de mayor bonanza de América Latina de la década pasada, la IED se dirigió principalmente al sector servicios y al de recursos naturales.

Sin embargo, recurrir a los capitales foráneos es siempre un recurso tentador para los gobiernos, pues en el corto plazo esos recursos pueden financiar los déficits externos, apreciar el tipo de cambio, frenar la inflación (en un contexto de desempleo creciente) y generar la aparente estabilidad económica que se necesita para llegar a las próximas elecciones.

Por consiguiente, es preciso ir más allá de la romántica idea de “lluvia de inversiones”: la inversión extranjera no constituye una condición suficiente de desarrollo per se. Ésta debe ser regulada por un Estado cuyo objetivo sea aprovechar los dólares y la tecnología disponible para superar los problemas propios del subdesarrollo. De lo contrario, la lluvia de dólares puede transformarse en una tormenta devastadora cuando los flujos que se vayan al exterior sean mayores que los que ingresen. Al fin de cuentas, ese alivio inicial se convertirá en un drenaje de recursos propios desde nuestra economía hacia el mundo. Incluso peor, la inversión extranjera puede profundizar la estructura productiva desequilibrada si no se persiguen objetivos de desarrollos productivos, científicos y tecnológicos; acentuando un régimen de acumulación primario rentístico y una desigual distribución del ingreso.

* Docente e investigadora de la Universidad Nacional de Moreno.

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Imagen: Alejandro Elías
 
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