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Aunque no haya acuerdo entre Blejer y Lavagna, al corralito le llega la hora

El publicitado encuentro entre Blejer y Lavagna, al que iba a asistir Duhalde, no se concretó. Con retoques, el proyecto elaborado por Economía es el que finalmente se lanzará antes del lunes: bono optativo a largo plazo y compra de bienes con plazos fijos.

No se encontraron personalmente, como estaba previsto, sino que mantuvieron una breve comunicación telefónica, casi protocolar. Pero pese a que el ministro de Economía y el presidente del Banco Central están lejos de haber llegado a una reconciliación, a más tardar el lunes próximo será lanzado el demorado plan para transformar el corralito en un sistema de activos con posibilidad de ser canjeados por bienes. Más próximo a la idea original del ministro Roberto Lavagna que a las impugnaciones formuladas por Mario Blejer, el proyecto hacia el que se avanza ofrecería un bono optativo para canjear depósitos reprogramados y la posibilidad de que quienes opten por seguir en la reprogramación puedan utilizar los plazos fijos para la compra de viviendas en construcción y autos cero kilómetro. Lavagna, en tanto, aceptó acotar los usos de los plazos fijos, como reclamaba Blejer, para limitar el monto de fondos que pasarían a cuentas a la vista –a nombre de los vendedores– y que, desde allí, presionarían sobre el dólar.
Blejer utilizó como excusa para eludir el encuentro con Lavagna el paro y movilización de la Asociación Bancaria, que según señaló lo mantuvieron aislado en la sede de la autoridad monetaria durante buena parte de la tarde. Según se especulaba, la reunión había sido pedida por el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, para poder dar como señal un acuerdo para la salida del corralito. El propio Duhalde, se señalaba, iba a participar del encuentro. Así había quedado acordado entre Blejer y el presidente de la Nación el miércoles último, durante el encuentro en la Casa Rosada en la que el titular del Banco Central no sólo accedió a quedarse por algún tiempo más en su cargo, sino que admitió que urgía dar una respuesta al corralito, aunque no resultara plenamente satisfactoria.
Pero ayer los acontecimientos mostraron que la cuestión no estaba tan claramente definida. Ni Blejer ni el jefe del Palacio de Hacienda hicieron demasiados esfuerzos por encontrarse, y apenas mantuvieron una conversación telefónica de escasos minutos. Toda la charla entre el ministro y el presidente del Central se concentró en la definición del plan para el corralito. “Estamos de acuerdo en lo esencial”, le dijo Blejer, eludiendo entrar en otras precisiones. Lo esencial significa que habrá un bono optativo –a 10 años en dólares– para canjear los plazos fijos constituidos originalmente en dólares. Mientras que quienes prefieren continuar con sus depósitos reprogramados, podrán utilizarlos para adquirir viviendas en construcción y autos cero kilómetro.
La principal objeción que había planteado Blejer era que los plazos fijos reprogramados se pudieran utilizar para adquirir toda clase de bienes registrables (inmuebles o rodados nuevos o usados) para limitar los fondos que pasarían del “corralón” de plazos fijos (como mal se denomina a los depósitos reprogramados) al corralito de cuentas a la vista. El titular del Central está convencido de que no hay forma de detener la fuga de dinero desde las cuentas a la vista, ya que se multiplicaron las cuentas abiertas por los particulares para aprovechar al máximo el límite de extracción de 1200 pesos mensuales.
La idea de Economía es que el Central siga otorgando redescuentos a discreción para evitar nuevos cierres de bancos. Y acordaron con el Central que habrá que “esterilizar” ese dinero subiendo las tasas de interés –para evitar que vaya directamente al dólar– y vendiendo reservas.

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Roberto Lavagna se quedó sentado esperando la visita de Blejer, titular del Banco Central.
 
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