ECONOMíA › AIR MADRID, LA AEROLINEA QUE NACIO CON EL PIE IZQUIERDO

Desde el principio, en caída libre

Una empresa fundada para ganar mucha plata en un negocio que sus fundadores no conocían bien. Varios se retiraron a tiempo.

 Por Oscar Guisoni
Desde Madrid

La historia de la compañía aérea que ha dejado a pie a miles de usuarios en Europa y América latina es una muestra perfecta de los usos y costumbres de la nueva clase empresaria española surgida bajo el signo de la especulación inmobiliaria, el enriquecimiento veloz y el todo vale, que caracterizan el nuevo boom económico que está viviendo el país durante los últimos años.

La primera compañía española de bajo costo nació a principios de 2004 gracias a una idea del empresario Herminio Gil, quien creyó que era posible extender el negocio de los vuelos baratos a las rutas transatlánticas. Junto a un grupo de inversores del sector turístico, Gil armó la empresa con la idea de vender 300 mil billetes anuales, con una facturación prevista de 200 millones de euros. Para eso sumó las voluntades de algunas compañías pequeñas, como Hotusa, los supermercados vascos Eroski, el grupo Edefa, propiedad del que fuera el primer director de Air Madrid, Javier Taibo, la empresa Celuisma y Zona de Viaje Encinar.

Apenas un mes después de que la empresa realizara su primer vuelo, el 30 de mayo de 2004, comenzaron las desavenencias entre los accionistas acerca del perfil comercial que debía potenciarse. Mientras el sector de Taibo proponía especializar la compañía en vuelos turísticos, integrándola de ese modo en el negocio que más conocían sus propietarios, Gil defendió la idea de afianzar los vuelos regulares a destinos latinoamericanos, una auténtica mina de oro gracias a la gran cantidad de inmigrantes de esa zona que residen en España. Cuando todavía no habían transcurrido seis meses de su fundación, el presidente de la compañía, Amancio López, director de Hotusa, abandonó el barco alarmado por el desconocimiento del negocio que manifestaban sus socios. Unos días después también lo hizo Taibo, quien se fue acusando a Gil de ser un auténtico dictador.

Fue entonces cuando hizo su entrada triunfal el actual propietario de la empresa, José Luis Carrillo Benítez, un oscuro empresario hotelero de 65 años que comenzó siendo camarero y cuya trayectoria económica él ha mantenido siempre entre tinieblas. Carrillo es propietario de Hoteles Globales, una empresa con presencia en Argentina, Bélgica, Suiza, España y Nicaragua, también posee el cinco por ciento del famoso operador turístico británico My Travel, a la vez que figura como dueño de la empresa Optursa Management y del operador Alada Tours, compañías de poca monta dentro del sector turístico español.

Todos los indicios apuntan a que la fortuna de Carrillo Benítez se fundó al amparo de la especulación inmobiliaria que sacude la costa mediterránea española en la última década. En mayo de este año ofreció 150 millones de euros en una subasta por 10 hoteles de la compañía inglesa Acorn en las Islas Baleares, venciendo a 30 de sus competidores, lo que da una idea de la potencia de su chequera.

Pero su presencia poco pudo aportar a una empresa que ya había nacido con el pie izquierdo. Uno de los errores que cometieron sus primeros accionistas fue fundar un operador turístico propio, Adala Tours, para comercializar sus viajes junto con otros productos de ocio, lo que motivó el enfado de los principales actores económicos del sector, como Marsans y Viajes Halcón, que boicotearon a Air Madrid decidiendo no vender sus viajes.

Para empeorar aún más las cosas, los escasos nueve aviones de la empresa que realizaban la friolera de 27 vuelos de media diarios, comenzaron a sufrir una serie de incidentes que generaron enormes demoras a sus usuarios y más de un susto provocado por los frecuentes aterrizajes de emergencia. Todo ello llevó al Ministerio de Fomento español a encender las luces de alerta. Consciente de que la sangre estaba por llegar al río, Carrillo decidió el viernes cerrar la empresa protagonizando un hecho inédito en la historia de la aviación comercial hispana, ya que nunca una aerolínea había clausurado sus operaciones sin previa presentación de quiebra y sin que antes las autoridades le retiraran la licencia de vuelo.

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La empresa tuvo nueve aviones que realizaban 27 vuelos diarios.
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