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El desbarranque en la industria y el consumo alcanza al 20 por ciento

El indicador de producción industrial de diciembre mostró una retracción sin precedentes, con un nivel de actividad inferior al de 1993. El consumo de alimentos baja en igual proporción.

La actividad industrial registró en diciembre pasado una caída del 18,4 por ciento en relación a igual mes del año 2000. La nueva retracción deja al Estimador Mensual Industrial (EMI) elaborado por el Indec por debajo de la base 100 del año 1993. A pesar de la aceleración de la caída durante el último trimestre, la baja acumulada anual del 6,2 por ciento no refleja cabalmente el impacto final, pues el virtual derrumbe producido en el cuarto período del 2001 refleja no sólo una paralización productiva, sino también una realidad de destrucción sectorial. En paralelo, durante el mismo período el consumo de alimentos se retrajo el 19 por ciento.
Las principales bajas se registraron en los rubros con más estrecha vinculación al mercado interno, como textiles y automotores. En la industria automotriz, las exportaciones a Brasil alcanzaron para compensar la caída interanual que llegó el 70,1 por ciento. En el textil, la merma superó el 51 por ciento. De cerca le siguió la “metalmecánica excluida la industria automotriz” (-47 por ciento) y la actividad vinculada a la construcción (minerales no metálicos, principalmente vidrio y cemento: 32,5 por ciento). A pesar de tratarse de un mes en el que estacionalmente se registran aumentos, los alimentos cayeron respecto a noviembre el 6,6 por ciento y el 11,3 por ciento en la relación interanual, lo que muestra que la crisis impactó de pleno también en los rubros con demanda más inelástica.
Como ya es rutinario en los datos sobre la evolución de la actividad industrial difundidos por el Indec, se insiste sobre el buen resultado de sectores marginales o cuya evolución no depende de la realidad interna. Así, los rubros con “mejor desempeño” fueron los “productos químicos básicos y las materias primas plásticas”, los que crecieron el 41 y el 24 por ciento respectivamente. Cabe recordar que, en ambos casos, se debe a mejoras derivadas de la expansión de plantas de firmas internacionales. No obstante, el buen desempeño de estos dos sub-rubros no fue suficiente para que el sector al que pertenecen, el de “sustancias y productos químicos”, arroje un resultado positivo (cayó el 1,2 por ciento).
El adelanto del EMI difundido ayer agrega los resultados de la Encuesta Cualitativa Industrial, la que mide las expectativas empresarias para el primer trimestre de 2002. Al igual que en los últimos meses, los responsables de las principales firmas no esperan mejoras en la evolución del sector. Más del 65 por ciento de los encuestados prevé una baja de la demanda interna y más del 50 por ciento de los importadores anticipa bajas en las compras de insumos. En tanto, la mayoría de los empresarios espera que stocks y exportaciones permanecerán estables.
En tanto, según la investigación de una consultora privada, el consumo de alimentos y artículos de limpieza se retrajo el 19 por ciento durante el mismo lapso. A diferencia de períodos anteriores, la caída del consumo también afectó a los sectores de mayor poder adquisitivo, lo que refleja los efectos devastadores del “corralito” financiero.
Según el relevamiento, que abarcó 3 mil hogares de todo el país, los argentinos de más alto nivel económico consumieron en diciembre de 2001 un 8 por ciento menos que en noviembre, mientras que la clase media lo redujo el 4 por ciento y los niveles más bajos lo hicieron en un 2 por ciento. Esto indicaría que el nivel más alto “se asustó” y frenó un consumo que los sectores populares ya habían restringido por la caída en sus ingresos.
Los más perjudicados en las ventas fueron las grandes cadenas de supermercados, cuya penetración llegó a descender un 6 por ciento. En contrapartida, los menos afectados fueron los almacenes, que aumentaron su participación en el mercado un 3 por ciento, en especial –según la consultora Latinpanel– debido al “efecto del fiado”.
La investigación mostró también un comportamiento diferenciado entre los consumidores del interior del país y de Capital Federal y Gran Buenos Aires, pues el interior resultó menos afectado, sobre todo en los niveles más altos, los únicos del país que no dejaron de comprar ningún producto.En el otro extremo, un 8 por ciento de los hogares argentinos “no compró productos de la canasta de Alimentos, Bebidas, Cosmética y Limpieza”.

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El derrumbe productivo refleja no sólo la paralización sino también una destrucción sectorial.
Las principales bajas se registraron en los rubros con más estrecha vinculación al mercado interno.
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