ECONOMIA › UN MILLON DE AFILIADOS PASO AL REGIMEN ESTATAL

Las AFJP ya no seducen

El contador de la Anses marcó esta semana 1.017.000. Son las personas que decidieron abandonar la jubilación privada para pasar al sistema de reparto. El plazo para ejercer la opción vence en 50 días. Lo que hay que saber para tomar la decisión.

 Por David Cufré

A los argentinos les quedan 50 días para tomar una decisión relevante sobre su futuro: confiarle el dinero para su jubilación al Estado o a los bancos, dueños de las AFJP. El plazo para cambiar de régimen previsional –-en cualquiera de las dos direcciones– vence el 31 de diciembre. Después de esa fecha, nadie podrá salir de donde está por un período de cinco años, cuando se vuelva a habilitar la opción. Los pronósticos de especialistas del sector privado se quedaron cortos: hace seis meses decían que a lo sumo unas 500 mil personas dejarían su administradora para pasar al régimen de reparto. Esta semana, el contador de la Anses superó el millón. Ya son 1.017.000 los afiliados a las AFJP que eligieron migrar hacia el sistema público. Lo más llamativo es que la gran mayoría, el 86 por ciento, son aportantes regulares.

La pregunta clave es qué conviene más. La respuesta es “depende”. Hay tantas variables en juego que una respuesta lineal es imposible. La primera elección es casi filosófica o ideológica: en quién se confía más, en el Estado o en los bancos. Cuando Domingo Cavallo creó las AFJP en 1994, la historia condenaba al régimen público. Además, el superministro hizo todo lo posible para denigrar al sistema estatal –congeló las jubilaciones, vinculó su pago a la disponibilidad presupuestaria– y dio forma a un marco legal que alentaba la afiliación masiva a las administradoras privadas.

A trece años del inicio de las AFJP quedó claro que muchas de sus promesas eran tan sólidas como la otra gran obra de Cavallo: la convertibilidad. Se decía, por ejemplo, que el mecanismo de capitalización individual permitiría cobrar haberes superiores a los que paga el Estado. Era una premisa que logró convencer a muchos. Sin embargo, puede ser cierta bajo determinadas circunstancias y completamente falsa en otras. A los supuestos macroeconómicos que se tienen que dar para que la jubilación privada supere a la estatal –por ejemplo, no tiene que haber crisis financieras, mientras que desde el ’94 a la fecha Argentina fue afectada por la mexicana, la del sudeste asiático, la de Rusia, la de Brasil y la propia–, se suma que el afiliado cubra una serie de requisitos que no son ni por cerca los que alcanza el promedio de la sociedad.

El más importante es reunir más de 30 años de aportes al régimen privado. Eso acota el universo a jóvenes con perspectivas de una larga vida laboral dentro de la formalidad, condiciones que no son las más factibles para la mayoría. De acuerdo con una proyección de la Secretaría de Seguridad Social, en el año 2025 el 54 por ciento de las personas en edad de retirarse no podrá acceder a la jubilación porque no llegaron a juntar 30 años de aportes contabilizando sus ingresos a cualquiera de los dos sistemas, el de AFJP y el de reparto. Eso se debe al alto desempleo de los últimos años y al todavía muy elevado nivel de informalidad. Cuatro de cada diez ocupados se desempeñan actualmente en negro.

El segundo requisito es que el volumen de aportes sea significativo. Eso deja afuera a los autónomos y a los que tienen empleos de baja remuneración.

Hasta el momento se jubilaron por las AFJP 180.000 personas, de las cuales 90.000 ya agotaron los fondos capitalizados y cobran la mínima gracias a la cobertura estatal. Otro 1,2 millón de afiliados al régimen privado acaba de ser rescatado por el Gobierno porque como no habían logrado juntar en sus cuentas 20.000 pesos, el futuro que les esperaba era de ingresos inferiores a la mínima. Son mujeres de más de 50 años y hombres de más de 55.

Quienes ya están en una AFJP tienen a su alcance un dato que les permite hacerse una idea de qué pasará con sus ingresos al momento del retiro: para cobrar 1 peso por la administradora, deberán haber acumulado 178. Es la cifra promedio para los hombres que utilizan las compañías de seguro para calcular las rentas vitalicias. Cada uno puede definir cuánto le gustaría ganar. La cuenta es fácil, ese número multiplicado 178. Alguien que aspire a llevarse 400 pesos mensuales de su AFJP, deberá haber acumulado 71.200 pesos al momento del retiro (400 multiplicado 178). Si quiere ganar 1000, necesitará 178.000 pesos en su cuenta. Si le gustaría 1500, el fondo deberá disponer de 267.000 pesos. Un ejercicio prudente sería comparar ahora cuánto tiene cada uno en su AFJP para no llevarse sorpresas en el futuro.

Para las mujeres es todavía más difícil. En lugar de 178, la cuenta hay que hacerla por 200. Es porque su expectativa de vida es mayor (82 años, contra 78 de los hombres, según la regulación actual) y se jubilan antes (a los 60 años, contra 65 de los hombres). En consecuencia, tienen que dividir los fondos capitalizados por una mayor cantidad de años: 22 en lugar de 18 de los hombres. Entonces, si aspira a llevarse 400 pesos de su AFJP tendrá que juntar 80.000 pesos en el fondo capitalizado, si sueña con 1000 tendrá que estirarse a 200.000, y si su meta es 1500 deberá llegar a 300.000.

Comparar esas cifras con la realidad actual puede causar vértigo: el promedio de los fondos acumulados en el sistema es de 8000 pesos por afiliado. Está claro que recién van trece años desde la creación de las AFJP, y aquellas cuentas toman la vida laboral completa de una persona. A más años, más capitalización. Con esa premisa, elegir una AFJP es muy arriesgado para las personas mayores a 50 años con pocos recursos en sus cuentas. Tampoco les conviene a quienes tengan una esposa joven o un hijo discapacitado, porque al calcular la renta vitalicia, la compañía de seguros estima los años que debería pagarle de pensión a la viuda o al hijo y la jubilación se diluye. El mecanismo de actualización de los haberes en las AFJP también es cuestionable: llega a un máximo de 8 por ciento anual, por debajo de la inflación actual.

El Estado también tiene lo suyo. El Gobierno todavía no cumplió con definir cómo será la movilidad y no estableció un mecanismo permanente que evite que la inflación licue la jubilación inicial en caso de darse un período de alta inflación en el momento previo al retiro. En este caso, la jubilación se calcula promediando los últimos 10 años de aportes.

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Muchas promesas de las AFJP eran tan sólidas como la otra gran obra de Cavallo: la convertibilidad.
Imagen: Gustavo Mujica
 

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