EL PAIS › LA PROTESTA EN GUALEGUAYCHU

El día en que arrancó Botnia

Ayer hubo una marcha masiva por tierra y treinta lanchas cruzaron el río. Al mismo tiempo, la firma finlandesa anunciaba que comenzó a procesar chips de madera. Todos olían el aire, mirando el humo que salía de las chimeneas de estreno. Un día de bronca, de nervios y de tensión ante la fila de gendarmes que custodiaba el puente a Uruguay.

 Por Laura Vales

Desde Gualeguaychú

–¿Sentís olor a cloro? –le pregunta una chica a otra. Es uno de los gestos de ansiedad del día: levantar la nariz y olfatear el aire. Al otro lado del puente San Martín se puede ver claramente a Botnia en funcionamiento, con las luces encendidas y echando humo. Así la encontraron los vecinos que marcharon hasta el cruce internacional para repudiar la entrada en funcionamiento de la pastera. La protesta se hizo por tierra y por agua; mientras el grueso de los manifestantes se concentró en el puente, otros, en unas treinta lanchas, hicieron una manifestación sobre el río.

Cuando terminó la jornada, no hubo coincidencia en la estimación del número de participantes. La Gendarmería habló de cinco mil personas, pero para la asamblea fueron diez veces más: 50 mil. Sobre el puente, Abel Lemiña definió así lo que había sido el objetivo de la marcha: “demostrar que Gualeguaychú no le va a conceder a Botnia la licencia social”. Lemiña señala un punto al otro lado del río, puro monte. “En ese lugar se iba a instalar a Ence. Se tuvo que ir porque empezamos a movilizarnos”, dice, ilustrativo. Sin embargo Botnia ya funciona, ¿qué puede hacer ahora Gualeguaychú? “Para mí la clave es tener paciencia e insistencia”. Otras respuestas obtenidas: “Registrar la contaminación y denunciarla”, señala Esi Rodríguez; “Seguir con las movilizaciones”, dicen Patricia y David.

Lanchas

La gente se reunió a las dos de la tarde para comenzar la protesta. Encontró que la Gendarmería había cortado el camino unos mil metros antes de llegar al puente, por lo que hubo fuertes quejas y una negociación tras la cual, previa consulta al Ministerio del Interior, los gendarmes permitieron que avanzaran. A pie y con autos los manifestantes llegaron así hasta la base del puente. Más tarde la Gendarmería se volvió a correr. El último límite del operativo de seguridad quedó fijado a un kilómetro de la línea de frontera, para evitar que la columna de gente se acercara al vallado de la Prefectura uruguaya que desde el sábado cierra el paso al Uruguay.

Los asambleístas llevaron en sus lanchas una bandera en la que se leía “Tabaré traidor” y que pasearon frente a Botnia. También formó parte de la flota un velero disfrazado de barco pirata. Un lanchón de la Prefectura argentina acompañó a las embarcaciones. En la anterior protesta, la Prefectura uruguaya había tratado de impedir que las lanchas traspasaran la mitad del río, pero esta vez los efectivos uruguayos miraron sin intervenir. “Lo que pudimos notar es que en el predio de Botnia estaba el ejército”, detalló Osvaldo Moussou, uno de los navegantes. Pero tampoco en el río hubo incidentes.

A la concentración fueron los dos intendentes, el actual, Daniel Irigoyen, y el electo, Juan José Bahillo. Se vio mucha bandera argentina, mucha remera y gorrito contra las papeleras. Todo tuvo el tono apartidario que caracteriza a la asamblea que ayer, en su proclama pública, sólo aludió al Gobierno para marcar su disgusto por el operativo de seguridad y criticó al ministro del Interior, Aníbal Fernández, “por su orden inicial de prohibir que subamos al puente”.

“La voluntad del pueblo es soberana y se respeta”, plantearon. Aunque la intención de la marcha no era llegar hasta el vallado de la Prefectura uruguaya, sus organizadores habían contado con avanzar sin problemas hasta llegar adonde finalmente llegaron, el inicio del puente.

Generaciones

Corina, Analía y Cecilia marchan por el asfalto. Corina y Analía son madre e hija: tienen 50 y 83 años. Cecilia es muy joven, una estudiante que vive con ellas como pensionista.

“Aunque veía que era inevitable, yo siempre tuve esperanzas de que Botnia nunca empezara a funcionar”, dice Analía. Cuenta también que las tres van a todas las movilizaciones y que “con 83 años, mi mamá se camina todo”. Corina asiente: “Ya fui al puente varias veces”. Como único signo de la edad lleva un banquito bajo el brazo para hacer una escala si se agita. “No le preguntes nada porque llora”, advierte su hija, “es de lágrima fácil”. Cecilia es misionera: “En mi provincia hay papeleras mucho más chicas y hacen estragos”.

Mientras sostiene una pancarta, Leonardo Muñoz, otro jubilado, se despacha con la fantasía del sabotaje. “Cortarles la fibra óptica no es difícil, y dejarlos sin electricidad tampoco, con un cable de nylon, una plomada y una cadena alcanza”. Muñoz cree que el gran responsable de que la pastera haya empezado a funcionar es el gobierno argentino, “los representantes que no hicieron lo que tienen que hacer, y por los que yo terminé así, parado en medio de la ruta y sosteniendo un cartel”.

Los adolescentes procesan el tema a su manera: “Mirá un pescado con tres ojos”, grita Joaquín a sus amigos. Los más chicos, subidos en los hombros de sus papás, quieren ver el humo que sale por las chimeneas.

Intoxicados

Solos. Así cuenta Luis Quinteros que quedaron los once operarios intoxicados en el accidente producido en Botnia durante la etapa de pruebas. Quinteros está ahora desocupado. Ayer no fue al puente pero mandó vía mail datos sobre su situación y un teléfono para quien quisiera llamarlo. Del otro lado de la línea, relata a Página/12 una historia de terror: “Ese día estaba trabajando fuera de la zona donde se manipulaban los productos, arriba de un andamio a 50 metros. De golpe me empecé a sentir mal. Cuando llegué abajo me dolía la cabeza, empecé a vomitar y me desmayé. Reaccioné arriba de la ambulancia, desnudo y vi que me estaban lavando. Todo el mes siguiente tuve secuelas: cuando iba al baño hacía con sangre, y todavía hoy me despierto con dolor de cabeza. A uno de mis compañeros le fue peor que a mí, y todavía se brota si se expone al sol. La empresa nos dijo que no había sido un accidente sino un incidente y nos dejó sin atención”.

Quinteros y los otros intoxicados están tratando de que su caso se conozca dentro de Fray Bentos, donde el lunes darán una conferencia de prensa. Se apoyan en los grupos de ambientalistas y pequeños productores uruguayos que rechazan a las pasteras y que ayer manifestaron también frente a Isusa, la fábrica que proveerá de ácido sulfúrico a Botnia.

Controles

El tema de la vigilancia ambiental es ahora una de las principales preocupaciones. Cuenta Juan Veronessi, uno de los fundadores de la asamblea: “La Comisión Nacional de Energía Atómica acaba de instalar un equipo en la estancia La Victoria (una zona cercana a la pastera) para controlar la calidad del aire. Están midiendo la cantidad de elementos particulados que hay en el ambiente. Botnia va a emitir partículas de hasta 0,2 micrón, pequeñísimas, pero que pueden arrastrar sustancias tóxicas y producir entre otras cosas la llamada lluvia ácida”.

En la ciudad está trabajando además otro equipo convocado por el intendente para hacer un registro de la situación pre Botnia. Irigoyen lo puso a trabajar hace un año y en estos días están terminando de redactar las conclusiones. Y la provincia de Entre Ríos está comenzando un monitoreo de la salud de la población, en base al seguimiento de mil chicos, el sector de la población más vulnerable. Pero no se ve mucha coordinación entre estas iniciativas, por lo que el tema genera bastante ansiedad. La relación con los funcionarios sigue un ciclo de apuestas y desencanto. Para poner el último ejemplo: otro de los reclamos es la sanción de una ley nacional o la firma de un decreto que prohíba exportar madera a las papeleras instaladas en el Uruguay. El Parlamento de Entre Ríos ya sancionó una ley a nivel provincial, pero el problema es que Corrientes y Misiones se han mostrado dispuestas a venderle a Botnia su producción forestal. El viernes la asamblea iba a reunirse con 16 legisladores para discutir el tema, pero a último momento empezaron a llegar llamados de disculpas y de los dieciséis sólo tres fueron los que finalmente se presentaron.

Como sea, la planta ya tiene madera: ayer, Botnia anunció que empezó a procesar chips, con 200 técnicos presentes en la fábrica.

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En el río, treinta lanchas cercaron a Botnia.
 
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