ECONOMíA › LA ESTRATEGIA DE NEGOCIACION CON EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

“Ni decir sí a todo, ni romper con ellos”

Por D.C. y A.Z.
Con Remes Lenicov en el Gobierno, toda la estrategia de reactivación dependía del acuerdo con el FMI. Roberto Lavagna evita poner las cosas en esos términos. Para los próximos 30 días se propone “oxigenar” la economía con la resolución del corralito, el CER y las modificaciones a las leyes de Quiebras y Subversión Económica. Cuando esa etapa finalice, imagina que la reactivación llegará por un aumento de las exportaciones y por una paulatina sustitución de importaciones.
–¿Qué estrategia tiene con el FMI?
–Existen problemas urgentes, que si se resuelven quedará definido el marco de funcionamiento de la economía. Uno de esos problemas es el sistema financiero, que tiene que volver a la normalidad. En los últimos meses estuvo cerrado muchísimos días. Cualquier país del mundo necesita que los bancos estén abiertos. Y no todos piensan lo mismo, puesto que hay un gran riesgo al tener los bancos abiertos. Otro de los temas es la política cambiaria. Debemos seguir con la flotación. Después está la Ley de Quiebras. Cualquier país razonable que quiere que su economía funcione necesita una ley de quiebras operativa, y no una que prohíba que haya quiebras, como si se pudieran evitar. Finalmente, hay que modificar la Ley de Subversión Económica.
–¿Cuál es la política de crecimiento? ¿El acuerdo con el FMI?
–Cuando este plan de oxigenación de los próximos treinta días esté cumplido empezarán a operar los dos motores de la reactivación: las exportaciones y la sustitución de importaciones. Esa sustitución no se realizará de manera policial, con aranceles altísimos.
–¿Tiene una estrategia diferente a la de Remes Lenicov con el FMI?
–En medio de la negociación no sería prudente que lo dijera.
–¿A qué cosas les dirá que no?
–Con el Fondo hay que discutir, plantear ideas, argumentos, mostrando alguna capacidad de ejecución. No creo que el margen de negociación sea cero. Hay que evitar los extremos de decir sí a todo o romper relaciones. Hay un espacio para negociar.
–¿Cuál es la responsabilidad del FMI en la crisis?
–Usted quiere que diga que el Fondo es culpable de todo.
–Diga lo que piensa.
–Dónde estaba la clase dirigente argentina, empresaria, sindical, política, los intelectuales, en los últimos doce años cuando la sociedad perdía esa clase media pujante que la caracterizaba. Para qué lado miraban cuando los resultados de la política económica eran tan negativos. Que las recomendaciones del FMI contribuyeron a la crisis, es posible. Pero qué ganamos si nos quedamos sólo en la crítica. Tenemos que empezar una negociación razonable e inteligente.
–¿No tiene miedo de que el ajuste que pretende el FMI termine profundizando la depresión, lo que implicaría la caída de Duhalde?
–Es una hipótesis tremendista. La sociedad está en un estado de extremo nerviosismo, de agitación, ha estado sobreexigida permanentemente por los acontecimientos desde diciembre del año pasado y no corresponde seguir alimentando ese clima social.
–¿Dentro del FMI hay quienes pretenden una hiperinflación para que los activos argentinos se deprecien tanto que sea muy barato comprar las empresas?
–Escuché la hipótesis, pero no es muy creíble. La realidad no es tan lineal: hay hiperinflación, se abarata todo, voy y compro. La situación sociopolítica del país puede ser tal que...
–Tal vez el que evalúa los riesgos incluye la hipótesis del caos.
–Puede ser. En ese caso yo le sugeriría a quien haga ese tipo de análisis que evalúe toda la situación latinoamericana. Que evalúe sucesos recientes, sucesos futuros cercanos de procesos electorales en la región.Probablemente, si pone todo en la balanza, salvo que sea un mal analista, va a llegar a la conclusión de que hay que ser cuidadoso.
–¿Por qué?
–Ya hemos vivido sucesos muy evidentes. Una reacción popular terminó con un gobierno hace cinco meses, no hace diez años. No creo que a nadie se le ocurra desatar procesos sociales tan incontrolables, salvo a una mentalidad trotskista de cuanto peor mejor.
–No le diga trotskista a Anne Kruger, segunda del FMI, porque va a tener problemas.
–(ríe).

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