EL PAíS › GUSTAVO OLIVA, EDUCADOR

El alumno en el centro

El ex secretario de Educación bonaerense propone una “tercera vía” para que los alumnos jujeños tengan las mismas posibilidades que los porteños y las asignaciones presupuestarias partan de las necesidades de cada chico y compensen las falencias. Un nuevo modelo de gestión que incluye los niveles medios y universitarios.

 Por Nora Veiras

“En la Argentina tendría que abrirse una tercera vía pedagógica. Hay que poner al pibe en el centro del proceso. Tenemos que redefinir la forma de asignar los recursos de forma tal que un chico de Jujuy tenga las mismas posibilidades que uno de la Ciudad de Buenos Aires.” El profesor Gustavo Oliva acaba de presentar el libro La centralidad del alumno en el sistema educativo. Su gobierno, su estructura y su financiamiento, en el que desarrolla la necesidad de que el progresismo se atreva a romper cierta lógica sectorial y aprenda a gestionar distinto. Desde su experiencia como ex secretario de Educación bonaerense y como investigador de las formas de mejorar la educación, Oliva considera que hay que promover un debate federal que sincere qué y cómo aportar a un cambio real de la escuela. Su propuesta se extiende a la siempre conflictiva, y en muchos casos olvidada, articulación entre el nivel medio y la universidad.
–Usted plantea que la educación no debe ser contemplada como beneficio individual sino como bien social que el Estado resguarde y tutele. ¿Cómo puede el Estado cumplir esa función en este contexto de ajuste permanente?
–Hoy en día el Estado es un Estado semiausente. En la Argentina tendría que abrirse una tercera vía pedagógica que debe terminar con la discusión del ALCA y con el neoliberalismo que aquí está encarnado en el menemismo. En esa tercera vía, tenemos que hablar de un modelo de sustitución, que debería reconvertirse en un nuevo sistema integral educativo: el Estado presente, pero no como convencionalmente lo conocemos. ¿Por qué? Por ejemplo, el presupuesto no se define de la necesidad concreta que tiene el alumno para financiarse sino de criterios que vienen de años. Hace falta un Estado que repiense la educación desde otro lugar, una de las cosas que debe hacer, a mi juicio, es definir claramente cuánto debe asignar por alumno, cuánto necesita un chico argentino para estudiar, según el nivel en el que esté.
–Esa asignación por alumno supone modificar absolutamente los criterios de financiamiento actual y una nueva relación entre Nación y provincias.
–Totalmente, por eso lo que propongo es un nuevo nomenclador nacional acordado en el Consejo Federal donde deberían discutirse también los criterios de asignación y distribución de las universidades. Si no, somos segregacionistas y el argentino que va a la escuela primaria es distinto del que va a la universidad. Del paquete total de dinero que pone la Nación tendríamos que pensar cuánto se destina a cada nivel, qué es lo mejor, y después ver dónde lo pongo. Es decir, hay que poner al sujeto educativo, al pibe, por delante de los intereses políticos, económicos, y hasta culturales que traemos en la Argentina de hoy. Si digo que deberíamos ser capaces de armar un modelo de sustitución –por eso hablo de la tercera vía pedagógica–, no puedo anteponer la mezquindad y los discursos obsoletos que se vienen planteando en el marco del Consejo Federal.
–Lo que propone va a contramano del proceso de descentralización, donde cada jurisdicción es responsable de su sistema e invierte como quiere.
–Exactamente, y mucho más con el criterio de municipalización.
–Que sería la descentralización absoluta.
–Puede haber una ejecución descentralizada pero en lo que tiene que haber un enfoque centralizado es cuando decidimos cuánto es la inversión que queremos. Cuánto necesita un alumno para educarse.
–Es decir, un chico de La Quiaca, uno de Buenos Aires, uno de Santa Cruz tienen que tener la misma disponibilidad de recursos.
–Exactamente, tenemos que determinar cuál es el mínimo, y sobre ese mínimo, por condiciones climáticas, geográficas, socioeconómicas, agregarle un plus. De lo contrario el Estado nunca llega a igualar a un pibe de Jujuy con uno de San Isidro. Tenemos que sincerar cuánto necesita un pibe como mínimo y cuánto es el volumen total-país que se le acredita a la educación. Yo no digo tener un sistema híper centralizado, como el francés, en cuanto a disponibilidad de dinero. Pero sí tener un sistemaque sincere estas desigualdades, sobre todo si la mayor parte de los recursos viene de los sistemas coparticipables. O sea, no los recursos genuinos que genera cada jurisdicción.
–¿Y cuánto se necesita para que un chico pueda estudiar en la primaria, en la secundaria y en la universidad?
–Esto es lo que debemos estudiar. Los presupuestos educativos deben ser participativos, interactivos, de gestión social, flexibles y fiscalizados por las autoridades del Estado. Porque al presupuesto lo tiene que trabajar la comunidad educativa, para que rinda mucho más. No hablo del sueldo, esto está lejos de ser una propuesta de voucher –de darles un cheque a los padres para que elijan la escuela–, lejos de las escuelas-charter. Por eso hablo de un modelo de sustitución en el que el centro sea el pibe. ¿Cuánto necesita? Y me voy a encontrar con muchas sorpresas. En algunos lugares seguramente hay que invertir mucho más, pero en algunos otros hay bolsones de corrupción estructurales, generados por la misma burocracia que nos pueden llegar a sorprender.
–¿Cuáles son esos bolsones de corrupción?
–Los sistemas informáticos. Los sistemas de contratación de la obra pública para construir escuelas. Los sistemas de distribución de dinero de las universidades. Los costos, entre comillas, universitarios.
–Todo eso se da en el marco del ajuste. En la provincia de Buenos Aires, el principal distrito del país, la reducción del presupuesto educativo de este año es de 500 millones.
–Pero el ajuste tiene que ser de 2 mil millones. A Buenos Aires le tocó la parte proporcional que le tocó por el ajuste. Ojo, le tocó a educación y a otros sectores también.
–Sí, pero Educación fue el que mayor recorte sufrió.
–Por eso digo: La educación todavía no está en la agenda política principal, salvo en la gente. La gente sí sabe, piensa y siente que la educación es un derecho humano, que es un bien social a resguardar. Es más, todavía se emociona en la escuela, escucha el Himno y dice “qué bárbaro”. Pero en la agenda de los políticos no figura el problema educativo como un problema principal, como fue por ejemplo en la Europa de los ’90, en la Comunidad Económica. España hace dos reformas educativas después del franquismo. Parte de las reformas que se hicieron en la Argentina fueron parte de esas reformas estructurales políticas y educativas del mundo. Nosotros también entramos en la vorágine de querer cambiar. El tema es cómo lo hicimos. Si uno tiene una estructura de acuerdo a los ciclos evolutivas del pibe, yo jamás hubiese hecho una estructura tan larga.
–¿Qué propone con respecto a la estructura del sistema. La Ley Federal plantea Educación General Básica de 9 años y Polimodal de 3.
–También en este caso es importante pensar qué es importante para el chico, no para el Banco Mundial. Acá quisieron transpolar una receta del Banco Mundial, que para otros países no estaba mal intencionada en términos de retención en un país donde no hay otros ciclos. Pero en Argentina no, porque tenía una educación diferenciada dentro de Sudamérica y gran parte de América latina. Acá tendríamos que haber tenido una profundización de los ciclos de enseñanza media sin haber tocado la primaria. ¿Por qué?, porque el corte estaba entre los 6 años y los 12 y no estaba tan mal. La propuesta mía es hacer un corte en sexto grado, de 6 a 11 años, un ciclo de 12 a 14 –con otro director, otro enfoque, con un currículum mucho más abierto, con orientación vocacional–. Esta sería la educación secundaria inferior, luego la superior y un año de preeducación superior que sustituiría a todo lo que es el CBC y que también debería enmarcarse dentro de los acuerdos generales. De forma tal que respetando los ciclos evolutivos, el chico no tenga que resolver a los 17 años el resto de su vida. Me parece que todo aquel que quiera estudiar cualquier ciclo de educación superior, magisterio inclusive, pueda hacer dos orientaciones, humanística o científico-tecnológica, un año presuperiorcon profundización de los conocimientos por ramas. No para excluir al futuro joven que quiere ingresar a la universidad sino para ir adaptándolo a los ritmos universitarios. Esto permite ahorrar tiempo en el joven, dinero y le da un año más para ver lo que realmente busca. Asimismo propongo crear en el primer año de la facultad una red troncal curricular. Por ejemplo, dentro de lo científico determinar si quiere química o biología o medicina.
–Eso supone redefenir todas las carreras universitarias e, inclusive, influir sobre la autonomía...
–Tanto no, creo que es un poco de sentido común. No creo que sea tan complejo que departamentos de, por ejemplo, Derecho y Económicas de alguna universidad se junten, porque muchas veces tienen los mismos profesores y los mismos contenidos. ¿Por qué no hacemos esto, para generarle al alumno un año más, cosa que llegue a los 20, después de haber recorrido esto? ¿Cuántos jóvenes hoy dicen “no, yo a los 18 años no podía definirme”? No es fácil definirlo a esa edad. Estas eligiendo algo más duradero que el matrimonio, porque es tu profesión. Esto es suficientemente contundente como para juntar los decanatos y ponerse de acuerdo, cosa que haya un primer año común. Todos los países del mundo lo tienen, ¿por qué no lo podemos tener nosotros?
–Ahí hay una lógica universitaria muy corporativa.
–Si no pongo al pibe en el centro van a aparecer los intereses sectoriales como siempre, y ahí va a aparecer el CBC porque tengo que acomodar a Franja Morada y a los profesores amigos. Hay cosas que hay que hacerlas como cuestiones transitorias, por ejemplo, ¿te parece que en 2002 puede seguir existiendo la figura del preceptor? Hoy tendrían que ser profesores-tutores, maestros-guías ¿Qué hacés con ellos? Hay que reconvertirlos en otra figura. El progresismo en la Argentina tiene que empezar a gestionar distinto y jugarse por cosas que tiene que hacer, porque si no le va a pasar lo de Francia con Le Pen. Acá viene la derecha, que nos va a sacar a todos por el tujes. Porque nosotros no nos animamos a hacer nada porque cuidamos intereses sectoriales. Asegurémonos de que el cambio lo vamos a hacer nosotros, los que somos democráticos, los que queremos trabajar teniendo en cuenta que el otro es igual.

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