EL PAíS › REPORTAJE A LA MINISTRA DE TRABAJO, GRACIELA CAMAÑO, QUE CARGA CONTRA LAS AFJP

“Hay que redefinir el sistema previsional”

La flamante ministra quiere un sistema mixto y optativo y piensa en rediscutir los aportes patronales. Sus definiciones sobre el Gobierno, Lavagna, la desocupación, los planes sociales, Daer, Moyano, el paro y su marido, el senador y sindicalista Luis Barrionuevo.

 Por Sergio Moreno

Graciela Camaño tiene el rostro aindiado de las criollas argentinas. Es tranquila, habla pausado y no se enoja cuando el reportero le expone las sospechas que hay sobre el manejo de los fondos sociales, y sobre el management que hará de ellos, ella, que es la esposa de Luis Barrionuevo, célebre por haber confesado que no hizo su dinero trabajando. La flamante ministra de Trabajo responde serenamente y hasta sonríe, sin cinismo. Y dice que comprende los resquemores sociales. Es aceptablemente sincera: reconoce, por ejemplo, que no, aún no conoce al ministro más importante del Gabinete, el de Economía, Roberto Lavagna, y que habría que preguntarle al Presidente si su designación es el golem de un acuerdo con el senador catamarqueño. Curiosamente, llama Hugo a Moyano, Rodolfo a Daer, Víctor De Gennaro, pero a su esposo lo nombra como “Barrionuevo”. Una vez en su materia, la ministra expone un par de ideas claras que presagian una dura pelea: quiere redefinir el sistema previsional argentino, apuntando a las AFJP, y propone un sistema mixto y optativo, “mixto de verdad”, aclara, para despejar dudas, si es que las hay.
–¿Usted es ministra de Trabajo porque es la mujer de Luis Barrionuevo?
–Habría que preguntárselo al Presidente.
–¿Y qué cree que respondería el Presidente?
–El Presidente puede llegar a rescatar algunos valores míos que durante todo este tiempo no estuvieron muy a la vista del público pero sí de la gente que participó conmigo. Creo que mi designación responde a la crisis que tuvimos hace diez días y a las definiciones que surgieron de los gobernadores y el Parlamento. Me siento como “puesta” por la Cámara de Diputados, concretamente por el presidente de mi bloque (Humberto Roggero) y el de la Cámara (Eduardo Camaño). Todas las otras especulaciones son absolutamente legítimas y deberé revertirlas con mi actitud y mi acción.
–¿Luis Barrionuevo no tuvo nada que ver en su designación?
–Creo que no. Esa es una evaluación que queda para la lucubración y sobre la cual habría que pedirle alguna respuesta al Presidente. No es un dato menor mi procedencia gremial, más allá de mi matrimonio.
–Su designación, la de Jorge Matzkin y la de Alfredo Atanasof, ¿le dan al Gobierno el aire que necesita?
–Somos personas muy trabajadoras y laboriosas. Y con un criterio de Nación muy amplio. Sé que no debo estar sentada acá, debo estar en los sindicatos, en las fábricas, en las provincias. Y debemos ver los temas que hagan no sólo a mejorar la calidad del empleo, sino también a contener a las empresas para que no produzcan despidos. En esta crisis, hay megacausas que hay que resolver, por ejemplo tener un sistema financiero posible; hoy está totalmente quebrado, con lo cual no tenemos crédito, y esto para un país es la muerte. Mientras tanto hay que buscar respuestas ingeniosas para que más argentinos no se sigan quedando sin trabajo.
–¿En cuánto depende de usted bajar o tan siquiera mantener el actual índice de desocupación?
–Puedo hacer mucho. Integrar a los programas que tenemos otro tipo de planes que mantengan a la gente en el trabajo. Mis herramientas son fundamentalmente los programas sociales. El ministro puede articular acciones entre los empresarios y los demás ministerios y los sectores financieros cuando estén recompuestos. Yo no tengo que estar acá sólo atendiendo la protesta: tengo que servir como instrumento para hacer que las políticas tiendan a favorecer al trabajador. A crear trabajo en lo posible, lo cual es bastante utópico en este momento. Pero no es imposible proveer una red para que los trabajadores no sigan siendo despedidos.
–¿Conoce al ministro de Economía, Roberto Lavagna?
–No lo conozco. Probablemente me reúna con él en la semana. No dudo de que quiere resolver los problemas de la Argentina. Seguramente tendrá una visión más macro. Pero yo necesito que el ministro resuelva los problemas que tiene el sector financiero para que la producción tenga crédito. Es un trabajo de conjunto.
–Usted tendrá en sus manos la implementación del subsidios para los desocupados. No debe escaparle la desconfianza y las sospechas, muchas veces lícitas, que despiertan este tipo de repartos. Siendo usted la ministra y, a la vez, la mujer del senador Barrionuevo, ¿no cree que estos resquemores aumentarán?
–La aplicación del programa está descentralizada en las provincias... Nosotros lo que hacemos es tomar las solicitudes, que se gestionan concretamente en las municipalidades, proveer el financiamiento, establecer el mecanismo de control a los efectos de que los beneficiarios no tengan otros planes y girar el dinero. No hay posibilidades de manipular el programa, está planteado de manera muy cristalina. Hay controles con auditorías externas, sindicaturas, que me parecen sumamente importantes. A mí me interesa más que a nadie que este programa sea transparente. Por otro lado, el programa está monitoreado, coordinado por la señora del Presidente.
–¿Cómo se lleva con Hilda “Chiche” Duhalde?
–Me puedo llevar excelentemente bien en el trabajo porque es una persona que tiene mucha fuerza y yo también la tengo. Me parece que podemos hacer un buen tándem de trabajo. Yo no pertenezco al círculo íntimo de los Duhalde. Hemos tenido una relación muy cordial durante su paso por la Cámara de Diputados. No dudo que podremos trabajar muy bien.
–¿Cómo será su relación con la CGT de Hugo Moyano?
–Nunca confronté con ningún dirigente sindical, de ningún sector. Entiendo que los dirigentes sindicales puedan protestar, expresarse a través de las medidas que la Constitución les otorga. El paro de Hugo fue para mí una gran sorpresa. Me parece que no son momentos para parar, son momentos para construir. Habría que preguntarle a él por qué para. Aduce esta supuesta adscripción de Duhalde al FMI, cuando le consta, porque estuvo muy cerca de Duhalde, que el Presidente tiene un proyecto nacional. Ahora es legítimo que los trabajadores se expresen. Tengo diálogo permanente con Hugo, no lo voy a cortar. Esta es una situación que debemos intentar resolver. Mi objetivo no es confrontar con el sindicalismo, porque no tengo un proyecto personal. Si lo tuviese, tomaría un enemigo y haría prensa todo el día diciendo que estoy en contra de ellos...
–Me suena que está hablando de Patricia Bullrich...
–Le suena (sonríe)... Como el mío no es un proyecto personal, y como la gravedad de la hora amerita despojo, no voy a confrontar.
–¿Cuál será su relación con la CTA?
–Si Víctor (De Gennaro) quiere, va a ser muy buena. Estoy predispuesta.
–¿Va a llamar a paritarias?
–Los trabajadores, después de los desocupados, son hoy el sector más vulnerable. En este marco, hablar de convenciones colectivas, meter al trabajador en el conflicto para reclamar el salario, me parece medio duro. Reivindico la necesidad de acomodar los salarios a nueva realidad económica, pero no desconozco que hay que resolver primero algunas variables en el corto tiempo: tarifas y precios. No podemos someter al trabajador a una negociación permanente porque no está en condiciones. Hay que ver dónde se estabilizan los precios para después evaluar qué hacer con los salarios. Esta discusión hay que hacerla en el gabinete. Yo afinaré los lápices para demostrar la necesidad de reconstruir el salario.
–¿Impulsará la derogación de la Ley de Reforma laboral?
–Yo voté en contra esa ley, con discurso incluido. En el Senado, después, pasó lo que pasó. Me parece que el mejor camino sería que desde el Parlamento se diera una señal fuerte sobre qué se piensa hacer con esa ley. Creo que hay que reformular varias cosas en materia laboral...
–¿Por ejemplo?
–Tenemos que discutir fuertemente cómo nos organizamos en esta materia, hoy la desorganización es total. Y el otro tema que no es menor, y que yo quiero plantear con vehemencia, es el previsional. Necesitamos volver adefinir el sistema previsional. Tuvimos una experiencia tal que, al evaluarla, urge hacer un replanteo.
–¿Qué significa redefinir el sistema previsional? ¿Se refiera a la reforma que dio vida a las AFJP?
–Exactamente. Esto significa definir si vamos a ser el único país del mundo que capitalice la plata de los trabajadores y después, desde el Estado, se las exaccione, o si vamos a ser un país con un sistema creíble basado sobre los tres pilares que debe tener la previsión social: capitalización, en lo posible y optativa, la previsión a cargo del Estado y las posibilidades del ahorro. Yo me inclino por una opción mixta, pero mixta real: que el trabajador pueda tener los tres sistemas.
–Va a tener una pelea no menor con las AFJP.
–No tiene que ser pelea. Hay que plantearse la Argentina del futuro, no podemos ser tan cortoplacistas. Un sistema previsional, en un país serio, se planea para generaciones. Acá se planeó un sistema que fracasó al poco tiempo y que hoy deja a los jubilados desprotegidos por el desfinanciamiento del sistema, a los futuros jubilados descapitalizados y a un grupo creciente de gente sin cobertura alguna. El sistema previsional es una porción muy importante en el presupuesto nacional. Si no lo abordamos tendremos desequilibrio presupuestario para siempre. Yo quiero discutir seriamente este asunto.
–¿Piensa aumentar los aportes patronales?
–Voy a aceptar propuestas, voy a ser muy amplia de criterio. Creo que hay que ponerse a discutirlo.
–¿Qué política se va a dar con los piqueteros?
–No tengo mis puertas cerradas para nadie, estoy dispuesta a conversar y a explorar todas las propuestas. No veo por qué no hablar con Luis D’Elía o Juan Carlos Alderete.
–¿Qué habló con su marido al saber que sería ministra de Trabajo?
–El Presidente llegó al predio de los gastronómicos, el 1º de mayo, yo estaba atendiendo a algunos diputados nacionales, y Barrionuevo se acercó y me dijo: “El Presidente quiere hablar con vos”. Yo intuí que se trataba de ese tema. Una vez que hablé con el Presidente, me dijo (Barrionuevo) “¿Y?” (la ministra se ríe). Le dije que me parecía que había que ayudar y que había que hacerlo despojado de todo tipo de interés.
–¿Le hizo sugerencias? ¿Le dio consejos?
–No me dio consejos, no me sugirió ningún funcionario. No tuvimos todavía mucho tiempo para elaborarlo ni para conversar, estuve todos estos días con bastante trabajo. Hablé mucho más con Daer y Moyano por teléfono que con el propio Barrionuevo.
–¿Qué habló con Daer y Moyano?
–Se manifestaron contentos con mi designación.
–¿Cree, como su marido, que la gente tiene que ir a romper los bancos?
–No, porque de la misma manera en que justifico la bronca de la gente por el despojo que significa el corralito, digo que esa no es la solución.
–¿No le llama la atención que los jefes de la CGT oficial no estuvieran presentes en su jura?
–Palo porque bogas y palo porque no bogas (ríe)... O sea, para algunas cosas soy `los Gordos’ y para otras no... Yo no soy `los Gordos’.
–En estas liturgias hay símbolos que devienen hechos políticos...
–Es que el viernes la Casa de Gobierno estaba para valientes...
–¿Usted dice que los Gordos no fueron valientes?
–(Se ríe.) Eso corre por su cuenta..., no pudieron saltar el corralito.

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Graciela Camaño dice no saber si Luis Barrionuevo pactó con Duhalde para nombrarla en Trabajo.
La ministra quiere dialogar con todos. Dice que fue “puesta” en el cargo por el PJ del Congreso.
 
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