EL MUNDO › LA PRENSA CRITICO AL PAPA POR BAUTIZAR PERSONALMENTE AL EX MUSULMAN

Reacción árabe al bautismo de Allam

Magdi Allam, periodista egipcio muy crítico del Islam, se convirtió al cristianismo. Fue en una ceremonia que realizó Ratzinger.

 Por Angeles Espinosa *

Desde Teherán

El bautismo de Magdi Allam el sábado no fue uno más de los bautismos de adultos que el Papa realiza cada año durante la vigilia pascual. La relevancia del protagonista, subdirector del diario italiano Il Corriere della Sera y ex musulmán muy crítico con el Islam, hace que el inusual gesto se lea como un mensaje, ya que las conversiones obstaculizan el diálogo interreligioso. Las iglesias cristianas se quejan de la falta de reciprocidad del Islam (que condena con la muerte a quienes reniegan de él), y ambos recelan ante el proselitismo del otro.

Magdi Allam, nacido en Egipto hace 55 años, tomó el nombre de Magdi Cristian Allam, tras ser bautizado en una ceremonia que fue emitida en todo el mundo. El bautismo del periodista fue mantenido en secreto hasta que el Vaticano lo diera a conocer en una declaración apenas media hora antes de que comenzara la ceremonia el sábado. La conversión de Allam encontró un amplio espacio crítico en los medios árabes. Los diarios son críticos hacia el Sumo Pontífice, por haber querido celebrar el bautismo de Allam personalmente, garantía de una cobertura mediática. El diario palestino Al Quds titula en la primera página: “El papa Benedicto XVI provoca la indignación de los musulmanes por haber bautizado a un ex musulmán que apoya a Israel y es notable por su aversión hacia el Islam”.

Como Allam, decenas –tal vez cientos– de ex musulmanes viven con el temor a que un fanático los mate en aplicación literal de la condena a muerte por apostasía que establece la sharía (ley islámica). Faltos de legitimidad democrática, la mayoría de los gobernantes de países islámicos no se atreve a oponerse a ese precepto religioso, incluso si sus leyes civiles, como en el caso de Egipto, recogen la libertad de religión. Para ellos, eso significa la libertad de otros para abrazar el Islam, no al contrario. Sin llegar a ese extremo, el desequilibrio resulta evidente.

La inauguración de la primera Iglesia católica en Qatar en vísperas de la Semana Santa ha puesto de relieve lo delicado del asunto. En el entusiasmo del momento, el arzobispo Mounged el Hachem, enviado papal para Kuwait, Qatar, Bahrein, Yemen y Emiratos Arabes Unidos, anunció que el Vaticano también ha iniciado conversaciones para levantar un templo similar en Arabia Saudí, el único país de la región –y tal vez del mundo– que prohíbe la construcción de iglesias. De inmediato, un portavoz saudí echó un jarro de agua fría sobre tal posibilidad.

Anwar Ashiqi, presidente del Centro Saudí de Estudios Estratégicos, afirma: “Las negociaciones oficiales para la construcción sólo podrán iniciarse cuando el Papa y todas las iglesias cristianas reconozcan al profeta Mahoma”. Mientras que el dinero saudí puede financiar la mayor mezquita de Europa a orillas del Tíber, justo enfrente del Vaticano, Arabia Saudí aduce su condición de cuna del Islam para no permitir en su suelo ninguna otra práctica religiosa, condenando a cientos de miles de inmigrantes cristianos al culto clandestino.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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El Papa bautizó a Magdi Allam durante la vigilia pascual, el sábado pasado.
Imagen: AFP
 
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