EL MUNDO › LA INSOLITA ESTRATEGIA ELECTORAL DEL CANDIDATO DE LA DERECHA BRASILEñA

Serra, un opositor que no se opone

La opción de proponer su nombre como el más indicado para continuar los logros de los ocho años de gobierno de Lula y, a la vez, impulsar nuevos avances, no funcionó. Serra cae en picada en las encuestas electorales.

 Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

Queda cada vez más claro que el candidato de oposición a la sucesión de Lula, José Serra, que cuenta con el respaldo de la alianza entre el PSDB y el DEM (las siglas, en Brasil no corresponden a la realidad: el Partido de la Social Democracia Brasileña no es ni una cosa ni otra, es neoliberal por excelencia, y los demócratas son la derecha más recalcitrante), se encamina a una impiadosa derrota. Franco favorito hasta fines del año pasado, llegará al domingo 3 de octubre enfrentándose a la cruel perspectiva de ver enterrada una carrera política que se inició en 1963.

En la actual etapa de la campaña, ya nadie sabe fehacientemente cuál es la estrategia de Serra. Lo que se sabe, y así lo demuestran los sondeos, es que difícilmente podría ser más errática y desastrosa. Empezó tratando de presentarse como no-oposición, sea eso lo que fuere. La opción de proponer su nombre como el más indicado para continuar los logros de los ocho años de gobierno de Lula y, a la vez, impulsar nuevos avances, no funcionó. Después, llegó a la insólita decisión de aparecer, en su propaganda, al lado del actual presidente –el mismo Lula que en los programas de Dilma Rousseff, ungida para sucederlo, ocupaba un espacio de natural destaque–. Si a su electorado esa decisión le sonó a oportunismo, al electorado de su adversaria le sonó a clara muestra de la más profunda desesperación. Y así, de desastre en desastre, Serra adopta ahora un discurso rabiosamente agresivo, dejando claro que, más que sin norte, se trata del discurso de quien se sabe derrotado. Su último intento para revertir el panorama es el de acusar a su adversaria de violar el secreto fiscal de su hija, Verónica. Hay pruebas de que esa violación efectivamente ocurrió, pero no hay ningún indicio que vincule ese hecho con Dilma Rousseff, y Serra lo sabe. Sin embargo, acusar es el último recurso que le queda, dentro de su discurso esencialmente moralista.

La súbita y rara derechización de Serra, un político cuya trayectoria siempre se desarrolló en la trinchera opuesta, confundió a todos y le restó apoyo en una franja consistente del electorado, que no parecía tan proclive a apoyar a la candidata de Lula y podría eventualmente optar por un relevo.

De todas formas, de lo que se trata ahora es de prever cómo será la oposición a un eventual nuevo gobierno del PT, que con Dilma Rousseff estaría cumpliendo doce años seguidos en el poder. Por eso, los focos de atención se concentran en dos provincias clave de Brasil, San Pablo y Minas Gerais. En San Pablo, el candidato del PSDB, el mismo Geraldo Alckmin que fue aplastado por Lula en 2006, surge como favorito absoluto. Adversario de Serra dentro del partido –Alckmin es vinculado con el Opus Dei y con el sector más derechista del PSDB, que se dice socialdemócrata–, será el gobernador de la más importante provincia brasileña y aspira a asumir el rol de principal líder de la oposición. No tiene, sin embargo, proyección política más allá de los límites de San Pablo, y está lejos de representar una renovación en su partido.

En Minas Gerais, segundo colegio electoral y tercera economía de Brasil, hay una durísima disputa entre el candidato del gobernador Aécio Neves a sucederlo, Antonio Anastasía, y el ex ministro de Comunicaciones de Lula, senador Helio Costa, aliado a Dilma. Respaldado por dos períodos como gobernador de alta popularidad, Aécio Neves se propuso, el año pasado, como postulante a la sucesión de Lula. Los analistas decían que sería un candidato más viable. Fue brutalmente arrollado por Serra en las internas del partido y acabó lanzándose al Senado. Tiene su elección asegurada. Sin embargo, si no logra elegir al sucesor, su influencia dentro del PSDB estará limitada. Sin un nombre fuerte capaz de encabezarla, la oposición corre el riesgo de repetir lo que hizo a lo largo del segundo gobierno de Lula (2006-2010): ser casi inexistente. De ahí los esfuerzos de Neves para elegir al sucesor. Es muy probable que alcance su objetivo.

A estas alturas, queda claro que la derrota que parece inevitable se debió, por encima de todo, a un grave error de análisis del PSDB. Serra no era el mejor nombre para derrotar a Dilma. Es muy probable que también Aécio Neves fuese derrotado, pero seguramente tendría mejores condiciones para aglutinar a su alrededor a una oposición real y efectiva frente al nuevo gobierno.

Ahora, ni una cosa ni otra: Serra corre el riesgo real y concreto de hundirse en las tinieblas, Dilma se ve con la posibilidad de contar con mayoría en el Congreso, y hasta que PSDB y DEM logren rejuntar las astillas de su desastre el país se seguirá preguntando cómo pudieron ser tan torpes e inhábiles, esos bichos raros de una oposición que no supo ser.

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El candidato de la derecha brasileña era amplio favorito hasta fines del año pasado.
Imagen: AFP
 
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