EL MUNDO › CUATRO BONZOS POR LOS ARRESTOS DE LOS MUJAIDINES EN FRANCIA

Enojo en llamas en París y Londres

En una manifestación de repudio por la detención anteayer de casi 170 Mujaidines del Pueblo en Francia, tres personas buscaron inmolarse prendiéndose fuego en una secuencia impactante. Una mujer repitió la acción frente a la embajada francesa en Londres.

 Por Eduardo Febbro

El operativo Theo lanzado la víspera por las autoridades francesas en contra del principal grupo opositor al poder iraní instalado en Francia desde hace 20 años, los Mujaidines del Pueblo, tuvo ayer un desenlace dramático. A las nueve y media de la mañana, en el distrito 15 de París, frente a la sede central de uno de los servicios de inteligencia franceses, la DST, Marzieh Babakhani, una mujer de 40 años que participaba junto a otras 50 personas en una manifestación de protesta, roció su cuerpo con nafta y se prendió fuego con un encendedor en signo de repudio. Gravemente quemada en el torso y en el cuerpo, la mujer casi muere –en primer momento la versión fue que había muerto–. Dos personas más, una mujer y luego un hombre, emularon la acción. Como en una secuencia, otra mujer intentó inmolarse con fuego ante la embajada de Francia en Londres.
La escena, de un dramatismo intolerable para quienes asistieron al acontecimiento, se repitió a lo largo del día. La policía francesa se mezcló con los manifestantes para evitar que éstos imitaran el gesto desesperado de la mujer. Poco después de mediodía, Sedighieh Mohageri, otra mujer que se encontraba fuera del perímetro de los manifestantes controlados por la policía, se inmoló en medio de una confusión indescriptible y la desesperación de los testigos. La mujer ingresó al hospital en un estado considerado como “desesperado” por los médicos. Al final de la tarde, siempre en torno del edificio del contraespionaje francés, una tercera persona, esta vez un hombre de 46 años, Mohamad Vakili-Fard, apodado “Sani”, intentó sin éxito cometer un acto similar. Los policías franceses presentes en el lugar parecían lobos perdidos rodeando a los opositores iraníes que, con lágrimas en los ojos, golpes en la cara, gritaban su ira en un remolino de gente, de humo y de olor a carne humana quemada. En el barrio londinense de Knightsbridge un centenar de manifestantes se reunió frente a las oficinas de la sede diplomática francesa. Allí una iraní de 25 años que estaba de turista prendió fuego a su ropa. La policía intervino para apagar las llamas. La mujer fue hospitalizada pero se desconocía en qué estado se encontraba.
En su mayoría refugiados políticos y simpatizantes de los Mujaidines del Pueblo, nadie entendía por qué Francia había actuado así. “Condenamos los vergonzosos acuerdos con los molás” (el poder religioso iraní), gritaban los manifestantes pidiendo al mismo tiempo la liberación de Maryam Radjavi, esposa del principal dirigente de los Mujaidines del Pueblo detenida en el operativo del martes. Según la DST, Radjavi pidió a sus simpatizantes que no se inmolaran en repudio a las acciones contra su movimiento.
El director del contraespionaje francés, Pierre Bousquet de Florian, justificó la ola de arrestos en la galaxia opositora iraní asegurando que los Mujaidines del Pueblo representaban “un peligro para nuestro país y nuestros ciudadanos. Había llegado el momento de intervenir”. Según el responsable de la DST, desde principios del año 2003 se constató el arribo a Francia de una “sensible cantidad de verdaderos militares, que eran combatientes armados en Irán”. Fuentes de los servicios secretos revelaron que París tenía la convicción de que la organización preparaba atentados contra los intereses iraníes. El presidente iraní, Mohamed Jatami, pidió a Francia la extradición de los mujaidines arrestados y afirmó que esperaba que Estados Unidos siguiese el ejemplo de Francia.
Paralelamente, las organizaciones de defensa de los derechos humanos pusieron en tela de juicio el operativo policial. En un comunicado conjunto, la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH), la Liga de los Derechos Humanos (LDH) y la asociación France Libertés, presidida por la esposa del difunto presidente socialista François Mitterrand, Daniele Mitterrand, se declararon “asombradas por las condiciones en que más de 150 personas fueron arrestadas debido a su pertenencia a los Mujaidines del Pueblo. (...) Conviene constatar que la organización está establecida en Francia y en Europa desde hace varios años sin que las autoridades públicas hayan encontrado nada qué decir”. Las tres asociaciones consideran que el Estado francés violó el “estatuto de los refugiados”. Desde ya, el portavoz del Comité Internacional de Defensa de los Refugiados Iraníes advirtió ayer que “las protestas van a radicalizarse”. Resulta por demás curioso que París “descubra” recién ahora la existencia de fondos importantes en la sede de los Mujaidines del Pueblo situada en la localidad de Val d’Oise.
Los Mujaidines y otros miembros de la oposición, especialmente el CNRI, Consejo Nacional de la Resistencia Iraní, residen en Francia desde hace dos décadas y era obviamente en el territorio francés desde donde se preparaban muchas de las acciones perpetradas luego en Irán. Por haberlos entrevistado en repetidas ocasiones debido a diferentes razones, en especial las investigaciones sobre el atentado contra la AMIA, Página/12 constató en el pasado que los Mujaidines “trabajaban” con toda tranquilidad y que se sabían “protegidos” por las autoridades locales.

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El hombre que se prendió fuego ayer frente a la sede de los servicios de inteligencia de Francia.
 
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