ESPECTáCULOS

“Ahora hay un grupo tradicional en cada esquina”

Rubén Matamoros, del Septeto Matamoros, que el domingo actúa en Buenos Aires, define así el “efecto Buena Vista” en La Habana.

 Por Karina Micheletto

Rubén Matamoros es de Santiago de Cuba, pero su acento es mucho menos cerrado que el del cubano oriental medio. Por eso un oído de esta parte del mundo puede captar casi todo lo que dice. Es que Matamoros fue puliendo su pronunciación de tanto dar entrevistas en diferentes lugares y, además, hace unos años se mudó a La Habana, donde, explica, “se habla en habanero, que es un idioma aparte”. Portadores de un apellido ilustre de la música tradicional cubana, Rubén y su hermano Emilio decidieron continuar la obra de su bisabuelo Miguel, con el Septeto Matamoros, un grupo que completan sus sobrinos Raúl Pérez Lago y Damián Romero Lago, más Alexander Cosme, Yoedis O’Connor, Luis Danger Savigne y Genaro Camacho Rodríguez. En su segunda visita a la Argentina, el Septeto volverá a hacer sonar sus sones, boleros, rumbas y guajiras, y presentará su disco Nuestra herencia, este domingo a las 21 en Niceto (Niceto Vega 5510). Después, seguirán presentándose por diferentes ciudades argentinas y uruguayas.
Miguel Matamoros fue, junto a gente como Compay Segundo e Ibrahím Ferrer, uno de los impulsores del son cubano tradicional, como compositor e intérprete. Contrariamente a lo que podría suponerse, el Septeto que lleva su apellido no surgió de una herencia familiar transmitida por generaciones. “Ni los hijos ni los nietos habían hecho nada con su música, y nos picó la curiosidad”, explica Rubén. Fueron los bisnietos los que, hace siete años, decidieron reavivar el espíritu de Miguel en la familia, en una fiesta de cumpleaños, “entre chancho y ron”, cuenta Rubén. Tenían un pequeño obstáculo por resolver: ninguno era músico profesional por ese entonces. “Mi hermano Emilio fue el que salió con que había que hacer un grupo. Todos se rieron al principio, porque habíamos estudiado algo de música en la escuela, pero nada más. Enseguida apareció una guitarra, y después una maraca, una clave y un bongó. Salió algo que nos gustó. Empezamos a buscar datos, a estudiar la vida de Matamoros, a consultar a viejos músicos santiagueños. A los seis meses dio resultado, ya estábamos dando una audición”, recuerda el percusionista.
Al principio, muchos no apostaron demasiado al proyecto. “No puedes dejar un camino por vereda”, cuenta Rubén que le decía su esposa. Es que él tenía un sueldo como ingeniero mecánico, su hermano otro como licenciado en historia, había también un técnico electrónico, un peluquero y un guajiro (campesino). Todos pasaron a ser músicos, con una sola consejera: la viuda de Miguel Matamoros, que tiene 103 años. Si bien es cierto que en la buena recepción internacional del Septeto tuvo mucho que ver el fenómeno de Buena Vista Social Club, ellos aclaran que surgieron antes, aunque forman parte de la misma “herencia de sangre”. De hecho, fue Matamoros el que apodó artísticamente “Compay” a Segundo, en los tiempos en que era su ladero y amigo en el Trío Oriental.
–¿Cómo influyó el “redescubrimiento” de Buena Vista Social Club en Cuba?
–Fue un fenómeno. Antes no se escuchaba mucha música tradicional. De 2001 para acá, Cuba se llenó de son. Ahora, en cada esquina de La Habana hay una agrupación tradicional. No tengo la cifra, pero hay más de mil de este tipo. Y cada vez más, porque a medida que se desarman, cada integrante forma un nuevo grupo. Eso está causando un problema.
–¿Por qué?
–Muchos no tienen idea de música, van al negocio y hacen cualquier cosa menos son. O insertan mezclas incorrectas, ponen un saxo, un bajo eléctrico, una batería. No está bien.
–¿Cómo repercutieron las recientes ejecuciones en la opinión pública cubana?
–Creo que la gente lo tomó como un acto ejemplificador, y estuvo de acuerdo. Pero yo prefiero hablar por mí. Si se hizo, para mí está bien hecho. En Cuba todos los días pasaba algo, hay una campaña muy fuerte de gente que quiere ver caer a Fidel. Y esta gente había puesto en peligro la vida de muchas personas. Lo que se hizo fue cumplir las leyes aprobadas por el pueblo y el Parlamento. Y yo estoy de acuerdo con que se cumplan las leyes. Pero para hablar de política, yo prefiero hacer escuchar mi música. Porque mi política es mi música, ahí está todo lo que pienso.

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Los Matamoros tienen claro el efecto benéfico del Buena Vista.
 
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