EL MUNDO › OPINION

¿Qué hace el mundo?

Por Eduardo Pavlovsky

Ha vencido el tiempo para que el gobierno norteamericano se sincere con el pueblo norteamericano y es tiempo de que el presidente demande una rendición de cuentas a su propia administración sobre la forma en que nuestra nación fue llevada hacia la guerra a través de un camino tan sinuoso. Las armas de destrucción masiva de Irak –dijo el legislador Robert Byrd, del partido demócrata– siguen siendo un misterio y un enigma. ¿Cuáles son?, ¿dónde están?, ¿cuán peligrosas son?. O fueron una excusa fabricada por un gobierno deseoso de ocupar un país”.
“La guerra en Irak es un ejemplo de frivolidad de quienes toman decisiones en Washington. Si bien no hay que olvidar su riqueza petrolífera, el objetivo fundamental de la operación fue realizar una demostración de fuerza a nivel internacional”. (Eric Hobsbawn, junio 2003). Pero esta mentira impiadosa –donde se inventa una guerra y se bombardea un país para explotar sus riquezas–, incluye también a otros criminales de guerra ¿o no lo son? Bush, Blair y Aznar son criminales de guerra y responsables de miles de vidas inocentes. El fracaso del hallazgo de las armas de destrucción masiva en Irak coloca a los países cómplices en la misma responsabilidad que la de Bush. O peor, porque la actitud de Aznar es la más miserable de las tres. Es de complicidad pasiva. Acompañante del Torturador. Pero la complicidad civil de un sector del pueblo español hay que observarla en la última elección reciente donde ganó el partido de su gobierno. No hay terrorismo de Estado ni invasión de países indefensos, sin complicidad civil. Quiero decir que la mayoría del pueblo español legalizó con su voto la criminal invasión. Todavía la sangre franquista le corre por las venas.
Frente a este escándalo internacional que coloca al mundo en una gran situación de indefensión a merced de la voluntad del presidente norteamericano, la Unión Europea (con sus criminales de guerra Bush y Aznar) se horrorizan y limitan con el gobierno cubano sus relaciones en varias áreas. Los europeos parecen preocupados de la violación de los derechos humanos en Cuba y hasta sugieren invitar a los disidentes cubanos a sus celebraciones nacionales. Después de haber destruido un país –sin pruebas para atacarlo– los europeos se horrorizan de los derechos humanos en Cuba. ¡Qué farsa ignominiosa y qué complicidad vergonzosa!
O tampoco saben que “ciudadanos despojados de todo derecho se pudren en las prisiones militares improvisadas por el Pentágono en Guantánamo. La norma militar de Estados Unidos es la única posibilidad de justicia para los 650 prisioneros de 40 países detenidos en Guantánamo desde 2001”. (Página/12 8/6). Están hacinados, malnutridos y sin posibilidad de defensa. Recién ahora la justicia francesa ante la ONU abre una brecha frente a esta agonía impuesta por las leyes del imperialismo.
¿Qué hace el mundo? Qué medidas puede tomar el mundo contra uno de los crímenes de guerra más atroces de los últimos años. Cómo podemos juzgar a los responsables si la única ley que impera hoy en el mundo es la ley del más fuerte, que seguirá inventando guerras en muchos otros países a quienes pretenderá “liberar”. Claro que estos países que “necesitan ser liberados” siempre tendrán “mares de petróleo en su interior”. ¿Hasta cuándo Fidel seguirá jugando el rol de chivo emisario?

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