EL MUNDO › ACTO CON CARAPINTADAS Y CAMISAS NEGRAS

“Seineldín es paladín”

 Por Luis Bruschtein

“En la Casa Rosada no nos quisieron recibir”, sintetizó Martha Labeau de Seineldín, frente a los simpatizantes del coronel carapintada preso desde hace doce años en Campo de Mayo. La frase de la mujer despertó la rabia de los manifestantes que habían aguardado en la Plaza de Mayo. “¡Vamos a Campo de Mayo a liberar al coronel!”, gritaron algunos, pero la esposa de Seineldín pidió mantener la calma y anunció que la próxima movilización por la libertad de su marido sería mucho más fuerte que la de ayer.
La concentración había comenzado desde las 15 alrededor del Obelisco. Dos horas después, cuando eran más de tres mil personas, con carteles que identificaban al Partido Popular de la Reconquista, que dirige el ex capitán carapintada Gustavo Breide Obeid; de Acción Ciudadana, una agrupación vecinal capitalina; algunos del partido del locutor radial y ex candidato presidencial Miguel de Renzis; de la Agrupación Cóndor y del Movimiento por la Dignidad y la Independencia, comenzaron a marchar por Diagonal Norte hacia la Plaza. Entre los marchantes se encolumnaban Alberto Samid y el hijo de Edmundo Rivero.
Había carteles de la Boca, Barracas, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Morón, Merlo, Hurlingham y de varias localidades de Santa Fe, Entre Ríos y un grupo de La Pampa con atuendos gauchescos. La mayoría de ellos se referenciaban con el partido de Breide Obeid y todos coincidían en las consignas por la libertad de Seineldín.
Una camioneta emitía la marcha de San Lorenzo, la de Malvinas y otra sobre el ex coronel, que por su música y letra hacía recordar a la del Caballero Rojo, de Karadagián, el paladín de la Justicia: “Seineldín es paladín de seguridad, justicia y libertad”, dice con música repiqueteada.
Por los altoparlantes se destacaba la figura del ex militar y se subrayaba que “fue el militar que se opuso al golpe del terrorismo de Estado de 1976, por lo que fue apresado por la Junta Militar y hay que recordar que no tuvo, ni tiene acusaciones por los derechos humanos”, aunque en la época del golpe, Seineldín estaba en el Ministerio del Interior con el general Albano Harguindeguy. Además, la reivindicación central de los levantamientos carapintada fue la defensa corporativa de secuestradores y torturadores.
Ese tema ya no figura en el discurso seineldinista y, en cambio, los carteles que convocaron a la marcha decían: “Libertad a Seineldín, a Emilio Alí, Raúl Castells, Quintero, Bertola y demás presos del modelo liberal”. Al promediar la marcha, se incorporó un grupo de jóvenes con camisas negras y banderas argentinas que después en la Plaza cantaron el himno con el brazo en alto al estilo fascista.
Durante la caminata por Diagonal, con la gente más distanciada, la columna parecía más numerosa, pero al entrar a la Plaza sólo ocupó una franja que iba desde el vallado hasta la pirámide. La mayoría de los manifestantes eran hombres mayores, con cierto aire marcial y rosario al cuello que sugerían su paso, anterior y bastante lejano, por las fuerzas armadas, aunque también había mujeres y algunos jóvenes. Mientras aguardaban que la esposa de Seineldín tratara de ser recibida por el presidente Eduardo Duhalde, el ex militar saludó por vía telefónica desde la prisión. De Renzis capturó el micrófono para denunciar con cierta reminiscencia procesista, al ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, que había negado la posibilidad de indultar a Seineldín, “por integrar en su juventud un grupo marxista”.
Finalmente, llegó la esposa de Seineldín y entre apretujones alcanzó el micrófono para saludar a los manifestantes. “Lo de aquí fue una vergüenza –expresó con serenidad–, nos atendió una empleada de mesa de entradas, no nos quisieron recibir.”

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Martha Labeau de Seineldín, con su hija y Gustavo Breide Obeid.
 
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