EL MUNDO › MAURIZIO AMBROSINI, PROFESOR DE SOCIOLOGíA DE LAS MIGRACIONES

“La estrategia es no hacerse cargo”

Sin soluciones, Europa quiere sólo contener la ola migratoria. Los países de la península balcánica decidieron cerrar sus fronteras a los refugiados, pero no toda Europa está de acuerdo. Los inmigrantes usarán otras rutas.

 Por Elena Llorente

Página/12 En Italia

Desde Roma

Mientras en el mar Egeo siguen muriendo migrantes (455 en 2016), niños especialmente, Eslovenia, Croacia y Serbia además de la ex república yugoslava de Macedonia, todos países de la península balcánica, decidieron cerrar sus fronteras a los refugiados. No toda Europa está de acuerdo. Sin embargo, los países balcánicos no quieren recibir más sobrevivientes que escapan de la guerra en Siria e Irak y que, después de haber atravesado Turquía y el mar Egeo, caminan por Grecia hasta llegar a la frontera, esperando alcanzar el lugar de sus sueños, países como Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia. Desde principios de 2016 han llegado unos 150.000 inmigrantes a Europa a través de Turquía y miles de ellos están todavía acampados en carpas miserables pese al frío invernal, en las fronteras de Grecia con Macedonia o de Macedonia y Serbia. El cierre del llamado “camino de los Balcanes” ha provocado no poca incertidumbre y protestas de parte de los migrantes pero también en algunos países europeos, como Italia y Alemania, que dicen no querer levantar barreras porque saben que no es la solución. Porque el cierre de un camino significa simplemente un desvío de la ruta, no el final del problema. Maurizio Ambrosini es profesor de la cátedra de Sociología de las Migraciones de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Milán y autor, entre otros, del libro titulado Non passa lo straniero? (¿No pasa el extranjero?, ed. Citadella).

–Según Eurostat, el ente de las estadísticas europeas, en 2015 pidieron asilo en Europa un total de 1.255.000 personas. Los gobiernos europeos han dado algunos pequeños pasos para ayudar a esta gente pero muy lentamente. ¿Qué se podría hacer en su opinión para apurar esa decisiones?

–Yo diría más bien que la Unión Europea (UE) ha dado pasos hacia atrás no hacia adelante. En septiembre parecía que se había abierto una puerta para resolver algunos problemas, conmovidos los europeos por lo que estaba pasando en ese momento (en el mar Egeo, donde se ahogaron decenas de niños). Pero desde entonces la UE y los gobiernos de la UE han ido para atrás, han comenzado a construir muros, a no querer hacerse cargo de cuotas de refugiados como se debe, a tratar de descargarlos en los países vecinos, a dejarlos en Grecia. La última decisión ha sido la de financiar sin muchos escrúpulos a Turquía para que tenga en su casa a los refugiados o reciba aquellos que serán expulsados de Europa. La estrategia de la UE se está delineando claramente. Es una estrategia de contención, de no hacerse cargo.

–¿Y cuál es la solución según usted?

–La solución de este problema requiere intervenciones a distintos niveles. La primera es estabilizar Siria y permitir que los que han pedido asilo puedan retornar al propio país. El segundo grupo de medidas, en mi opinión, ya solicitado por numerosas organizaciones internacionales, es la creación de “corredores humanitarios”. Hay una pequeña experiencia en este sentido en Italia, organizada y financiada por la Confederación de Iglesias Evangélicas y la Comunidad de Sant’Egidio, que es católica, quienes de acuerdo con las autoridades italianas han creado dos puntos de reunión para los que piden asilo, uno en Marruecos y el otro en Líbano. A las personas que tiene una razonable posibilidad de ser acogidas como refugiados, se les proporcionan regulares documentos y se los envía de modo seguro a Italia donde son recibidos en estructuras preparadas para ello.

–Me pregunto si países no europeos, por ejemplo de América latina, podrían abrir sus puertas a estos refugiados...

–Al menos desde septiembre pasado, países como Estados Unidos, Canadá, Australia, se han ofrecido para recibir a un cierto números de prófugos sirios. Creo que si se trabajara correctamente sobre los corredores humanitarios se podría involucrar a países de todo el mundo que tengan la voluntad política de recibir a esos exiliados. Los países emergentes de América latina podrían ser seguramente incluidos en una política mundial de recepción de los que piden asilo.

–¿Quién debería organizar todo esto, la ONU?

–La ONU ha intentado hacerlo a través de Acnur que se ocupa de los refugiados. Entre sus tareas están los canales humanitarios. Los instrumentos existen. El problema es que los países de la ONU firman los acuerdos pero no siempre los ponen en práctica. La ONU no puede hacerlo por si sola sin el OK de los países donde esas personas podrían ser enviadas.

–Según usted el cierre de la ruta balcánica podría hacer que los inmigrantes llegaran a Italia a través del Adriático? ¿Cuáles son sus previsiones para el futuro próximo?

–En términos generales, si se cierra verdaderamente la ruta balcánica, los refugiados buscaran otra vía. No hay pruebas en este momento pero es una hipótesis plausible. Si no se ponen en marchas los corredores humanitarios, no descarto que se pueda reactivar la ruta líbica para la llegada de refugiados o que a través de Grecia y Albania puedan intentar llegar a Italia por el Adriático. Mis previsiones son que nosotros en Italia tendremos necesidad de los migrantes. Que si la economía repunta como parece, tendremos necesidad de nuevos trabajadores. La alternativa a la inmigración es el estancamiento del país, es la declinación económica y social. Yo espero que tengamos necesidad de los migrantes pero también espero que seamos más conscientes de esa necesidad, y que los hagamos entrar al mercado del trabajo en mejores condiciones que hasta ahora. También espero que se facilite la llegada de las familias porque las familias de los inmigrantes son más fáciles de integrar a la sociedad que los recibe. Creo, en definitiva, que deberíamos recibir a los que piden asilo por razones humanitarias, a los trabajadores por razones económicas y sociales y a las familias para una mejor estabilidad e integración.

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Niños refugiados juegan junto a las tiendas de campaña en el campamento de Idomeni, Grecia.
 
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