EL MUNDO › EL SENADOR JOHN KERRY, DEL ALA
IZQUIERDA, GANO LA PRIMARIA DE NEW HAMPSHIRE

Un nuevo JFK lucha contra George W.

John Forbes Kerry, senador demócrata de Massachusetts en la escuela de Edward Kennedy, se alzó cómodamente con la victoria en la primera primaria presidencial de EE.UU., seguido a más de 10 puntos por el antiguo favorito, Howard Dean. Ahora la interna se desplaza al sur y al oeste.

 Por Claudio Uriarte

Dos exponentes distintos del ala izquierda del Partido Demócrata, el senador John Kerry de Massachusetts y el ex gobernador de Vermont Howard Dean, obtuvieron el primero y segundo puesto en la primera primaria presidencial en New Hampshire, con un 39 y un 25 por ciento de los votos, respectivamente. Esto marca una redundancia, por más que Kerry sea un hombre del establishment y gente fina de Nueva Inglaterra y que Dean haya resaltado su condición de outsider siempre que pudo, y que el primero haya votado la autorización a Bush para ir a la guerra mientras el segundo fue su crítico más temprano. Por lo tanto, aunque Dean tenga un sonido y un color más izquierdista que Kerry, los dos candidatos aparecen compitiendo básicamente por la misma franja del electorado, una situación que va a alterarse de cara al próximo martes 3, cuando las primarias empiecen a moverse hacia el sur y hacia el oeste, más conservadores. Entonces puede ser el turno de que el general Wesley Clark, de Arkansas –cuyo poco espontáneo discurso final de ayer subrayó sus orígenes humildes, y apeló a la transversalidad–, o el senador de Carolina del Norte John Edwards -quien ayer sobreactuó su acento sureño lo más que pudo en una arenga optimista que sonó como si hubiera ganado la primaria– reboten en popularidad.
De todas maneras, el discurso de Kerry fue de lejos lo más inspirado de la noche. El veterano de Vietnam produjo una intervención llena de tonos kennedianos, pero no de John F. Kennedy sino de su hermano Edward, a quien su ahijado político hasta le copió el inicio –“I love New Hampshire”–, recordando el “I love New York” de Teddy cuando ganó la primaria de ese estado en la interna extraordinariamente dividida de 1980. Fue un discurso carismático, articulado y apasionado que se encontró años luz a la izquierda de todo cuanto se ha venido escuchando en Estados Unidos desde, precisamente, 1980. Advirtió a los lobbistas, al “gran petróleo” y a los grupos de intereses especiales que ellos eran los que estaban yéndose de Washington (un tiro por elevación contra el vicepresidente Dick Cheney, entre otros), y que era la gente común, la gente de Kerry, la que estaba llegando. Se comprometió a “abolir el corte de impuestos para los millonarios, y crear trabajos para millones”. Prometió “a los hombres y mujeres de uniforme que tendrán un amigo y un defensor en la Oficina Oval” (un ataque al secretario de Defensa Donald Rumsfeld). Se comprometió a “defender los derechos civiles, en un país donde el secretario de Justicia no sea John Ashcroft”. Y prometió terminar con “George W. Bush y la economía del privilegio”, donde “los norteamericanos trabajen para la economía, en lugar de que la economía trabaje para los norteamericanos”. Cosas muy fuertes, pero falta ver cómo estará la temperatura política en noviembre para que la mayoría de los norteamericanos se embarque en esta dirección.
Entran aquí el general Clark y el senador Edwards, quienes aparecieron prácticamente empatados ayer, y el segundo de los cuales ha sido mencionado como perfecto para el rol de vicepresidente. Eso compensaría la “nordestinidad” y aspecto patricio de Kerry con un poco de populismo sureño. Falta ver quién se desempeña mejor. En cuanto a Dean, quien dijo que se tomaría un día de conversaciones con sus asesores para determinar qué pudo haberse hecho mejor, no tiene mayores motivos para dejar la campaña ahora –sobre todo cuando todavía posee la caja de caudales y el equipo de voluntarios más nutridos de la carrera– pero tampoco parece que tenga demasiado que ganar: su histérico mensaje tras su derrota de la semana pasada en Iowa puede haber sido el tiro de remate a una imagen ya acusada de descontrol; si alguien se pone así por perder el primer caucus de la temporada preelectoral, mejor no imaginar qué puede hacer si le tiran las Torres Gemelas. Dean trató de sobrecompensar esta gaffe mostrándose exageradamente tranquilo en New Hampshire, pero resultó claro que su campaña ha perdido impulso: aún cuando salió segundo, la diferenciade 10 puntos o más marca un contraste abrupto con los días tempranos en que encabezaba todos los sondeos, y en todo caso queda claro que Kerry ha absorbido al menos parte de los votantes concentrados en la oposición a la guerra en Irak.

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John Kerry con su esposa Teresa Heinz recibe ayer el fervor y los vítores de sus partidarios.
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