EL MUNDO › CUAL SERA LA BATALLA ELECTORAL DESPUES DEL CATACLISMO EN FRANCIA

Súper Facho contra Súper Mentiroso

Socialistas, comunistas y parte de los otros candidatos de izquierda franceses llamaron a votar por Chirac o, más bien, contra Le Pen en la segunda vuelta presidencial. El mismo presidente francés dijo que “no se harán concesiones” al discurso de Le Pen.

 Por Eduardo Febbro

Francia se despertó ayer con una dolorosa resaca electoral. “El sismo”, “No”, “La catástrofe”, “La herida”, “El choc”, “El cataclismo”,”La bomba”; los titulares de la prensa francesa abarcaron todos los registros del abanico de calificativos para sintetizar la victoria de la ultraderecha francesa que pasó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 5 de mayo, tras haber aplastado al socialismo democrático del primer ministro socialista Lionel Jospin. Lágrimas negras, lamentos, manifestaciones espontáneas, análisis y condenas de toda índole se sucedieron en las últimas 24 horas en un intento de oponerse o entender lo inevitable. Francia tendrá que elegir el 5 de mayo entre dos candidatos que están lejos de representar el curso de la sociedad: el presidente saliente Jacques Chirac, apodado “El Supermentiroso”, y el líder de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen, alias “El Superfacho”.
“La Francia espantosa ha triunfado”, escribió en su editorial el director del matutino Libération. La herida está a la altura de las circunstancias: por primera vez en la historia de la Quinta República francesa un candidato de la extrema derecha participa en una segunda vuelta. La izquierda, que llevaba una ininterrumpida carrera por la presidencia desde 1969, ha perdido por un escaso margen su derecho a estar en la consulta final, menos de un uno por ciento. A la hora de los cálculos, la sanción contra Lionel Jospin es tan inexplicable como gigantesca: entre las elecciones precedentes y la del domingo, el jefe de gobierno dejó por el camino más de dos millones de votos mientras Le Pen recuperó poco más de 300 mil. Ambas cifras no alcanzan a explicar la debacle. El 10 por ciento del electorado que se inclinó por listas de extrema izquierda inútiles en el marco de una elección presidencial, principalmente los electores de “izquierda” cultos y adinerados, la alta tasa de abstención, más del 24 por ciento, y el rechazo masivo de los votantes a participar en una pieza de teatro escrita, es decir, el duelo anunciado Chirac-Jospin, constituían ayer las líneas de análisis más verosímiles. No menos acertada es también la opinión según la cual los socialistas y su modelo “realista” se cortaron de las bases populares, del electorado joven y del mundo rural.
No obstante, aunque aunadas unas con otras estas explicaciones forman un esquema coherente, nada explica aún que un país como Francia haya puesto en la carrera presidencial a la menos presentable de las ideologías políticas. El sentimiento de incomprensión, de derrota democrática y de desastre era perceptible ayer en todas las esferas políticas del país. La sede del PS francés y el edificio de la campaña de Lionel Jospin eran un valle desolado, apenas visitado por sombras derrotadas. En la mayoría de las ciudades del país los estudiantes salieron a las calles en signo de protesta ante el resultado de Jean–Marie Le Pen: París, Marsella, Toulouse, Estrasburgo o localidades pequeñas como Amiens o Caen vieron desfilar espontáneamente una juventud tan incrédula como dolorida y asustada. “Mussolini 1922, Hitler 1933, Le Pen...NUNCA”, decía una pancarta en Mulhouse.
La derrota de Lionel Jospin movilizó a la, hasta el domingo, dividida derecha. La certeza de que el duelo Chirac-Le Pen está ganado de antemano ubicó las negociaciones en el marco de las próximas elecciones legislativas. De su resultado depende que la “victoria asegurada” de Jacques Chirac no se vea empañada por una nueva cohabitación. Los ecologistas, el PS, una de las dos ramas del trotskismo y el PartidoComunista llamaron a votar por Chirac en la segunda vuelta a fin de impedir que un “peligro para la República” acceda al poder. Le Pen no tardó en sacar sus armas preferidas y al día siguiente de su “hazaña” convocó a “los patriotas” de Francia a “oponerse a la Europa tecnocrática”. Según propuso anoche, si fuera electo presidente haría que Francia “saliera” de Europa. Matón, petulante, henchido de orgullo, el fundador del Frente Nacional declaró “las urnas han hablado”.
“Asistimos al fin de un ciclo que ve caer un sistema político decadente y corrupto. Francia conoce una fractura nacional entre el país legal, representado por una pseudo elite desacreditada que encarna Chirac, y el país real.” Para el presidente francés, “Francia está herida”. Lejos del clima de victoria que renovó las alas de la derecha, los socialistas se reunieron ayer por última vez en el comité de apoyo a Lionel Jospin. El clima fue por demás crítico y reivindicativo y, en su mayoría, quienes participaron en el comité criticaron con rudeza la estrategia y el programa político de Jospin. Uno de los miembros de este comité puso en tela de juicio el hecho de que, apenas comenzar la campaña, el candidato socialista haya dicho que su programa “no es socialista”. Otro impugnó el estilo de la campaña, basado más en “la comunicación” que en la transmisión de un “contenido político”. Poco a poco, muchas de las razones que sustentan la derrota fueron apareciendo en la reunión.
Como lo demostraron las distintas intervenciones de unos y otros, el PS perdió una buena parte del electorado de izquierda porque marginalizó las propuestas que ocupan el centro de las preocupaciones de ese sector. Todos esos votos cayeron en las urnas de los únicos sectores políticos que todavía hoy reclaman por los derechos de lo que alguna vez se llamó “los desposeídos”. La izquierda “caviar” y “burguesa” habló de seguridad, de policía, de “apertura del capital” en vez de exclusión y solidaridad. La cuenta es tanto más enorme cuanto que, en las últimas dos semanas de campana, los socialistas se dejaron arrastrar a las arenas de la derecha: los problemas ligados a la seguridad, temas característicos de la derecha y la extrema derecha, ocultaron las otras dimensiones de la consulta y, sobre todo, la innegable integridad y eficacia de Lionel Jospin. Francia cambió un personaje austero pero honesto contra dos pilares del conservadurismo.
Pero ni siquiera el presidente saliente puede cantar victoria. Si bien la derecha es mayoritaria en el país, Chirac obtuvo el voto más bajo de toda la historia de una primera vuelta. Más aún, si se suman los votos de Le Pen a los de la otra lista de extrema derecha, Jacques Chirac los supera por menos del uno por ciento.

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“Soy David contra Goliat. Yo represento al pueblo sencillo, que rechaza el establishment.”
 
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