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Cuando las frases de Duhalde son mucho más que un estilo

El Presidente dijo que si no se vota pronto el Plan Remex, reabrirá los bancos y se someterá a la decisión divina. Su supuesta despreocupación, un argumento que ya usó varias veces, encubre un apriete al Congreso, en línea con los bancos.

 Por Diego Schurman

Eduardo Duhalde desvinculó ayer la apertura de los bancos a la votación del nuevo Plan Bonex. Y pretendió mostrar distancia sobre la suerte de las entidades, que siguen en queja por la pérdida de liquidez a raíz de los amparos judiciales contra el corralito. “Tendrán que abrir sus puertas y que sea lo que Dios quiera”, llegó a decir. Sin embargo, el Presidente poco y nada se recostó en el azar: habló después de asegurarse el guiño de los legisladores para una nueva ley y tras haber consensuado con los banqueros el plazo del feriado que se inició ayer y se prolongaría hasta el jueves inclusive.
Duhalde no apeló en su discurso ni al tono pendenciero ni al de resignación. Más bien habló como aquel que razona en voz alta sobre un tema que le es ajeno, que lo resuelve el “mercado”.
“Si el Parlamento no sanciona esta u otra ley, evidentemente habrá que abrir los bancos de todas maneras. Yo no imagino un país con los bancos cerrados en forma permanente”, evaluó como si el Banco Central no hubiese tenido injerencia.
No es la primera que el Presidente minimiza en sus discursos un tema que lo desvela y que, aun anoche, seguía siendo el eje de análisis y discusiones en la Casa Rosada y el Ministerio de Economía.
A mediados de enero, cuando Página/12 le preguntó si el sistema soportaba la caída de un par de bancos dijo: “Sí, por qué no. Yo no creo que sea el drama de nadie. En otras crisis se perdieron varios bancos”.
Por su puesto, entonces el Gobierno movió cielo y tierra para que ninguna entidad cayese.
Lo que Duhalde dijo ayer buscó modificar el mal clima que generó el cierre de las entidades, que ni siquiera repusieron dinero en sus cajeros automáticos. Pero ese discurso fue posible luego del sondeo que los ministros Rodolfo Gabrielli y Jorge Capitanich realizaron entre los legisladores.
Los funcionarios evaluaron que, más allá de los corcoveos iniciales, tanto radicales como peronistas allanarían el camino para la aprobación del nuevo Plan Bonex. Hubo, eso sí, que ceder a un pedido del Presidente del bloque de diputados de la UCR, Horacio Pernasetti, para transformar el proyecto ómnibus original –que incluía el régimen del CER y la creación de un Banco Federal– en otro acotado al sistema de canje de depósitos por bonos.
En el trazo grueso no hubo diferencias. Y la letra fina del proyecto la terminaron de escribir junto al equipo económico de Jorge Remes Lenicov y el diputado Manuel Baladrón y el senador José Alperovich, dos de los que pudieron escapar del “corralito” que los ahorristas en protesta levantaron alrededor del Congreso.
El “que sea lo que Dios quiera” de Duhalde poco tuvo que ver con la importancia que en la Casa Rosada le dieron al destino de los bancos. Si bien el Plan Bonex producirá de hecho cambios en el funcionamiento del sistema, se registraron numerosos llamados telefónicos para evitar que los amparos sigan afectando la liquidez de las entidades.
Es más, preocupado por asegurar el dinero para las jubilaciones –y que este no fluctuara hacia otro destino a raíz de los amparos–, Duhalde imaginaba anoche un sistema alternativo de pago “por fuera de los bancos”, quizás a través de los municipios o las sedes del correo. En el tema estaban abocados funcionarios del Banco Central y la ANSES y era monitoreado de cerca por el vocero presidencial, Eduardo Amadeo.

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El Presidente, como de costumbre, inició la semana hablando de todo.
 
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