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Faluja, una ruina con cientos de cadáveres

Los combates casi terminaron en la ciudad asaltada por los aliados, pero todavía no se permite volver a los refugiados. Nadie sabe cuántos murieron.

Según informó el diario británico The Independent, ayer fue el primer día en que la prensa pudo entrar en la ciudad de Faluja, después de los durísimos combates de noviembre. La ciudad fue tomada por asalto por 10.000 tropas norteamericanas y un contingente menor inglés el 8 de noviembre, seis días después de las elecciones en EE.UU., y se combatió duramente por casi dos semanas. Desde entonces, los americanos mantuvieron un nivel de dureza en el control de la población y en los constantes allanamientos nunca vistos desde la ocupación de Irak, evidencia de una nueva táctica en acción.
La batalla costó la vida de por lo menos 1600 insurgentes de 55 tropas norteamericanas y 5 británicas, pero nadie puede ni siquiera comenzar a calcular las bajas en una población civil que antes de la batalla llegaba a las 300.000 personas. En rigor, nadie sabe siquiera cuánta gente está en la ciudad, cuánta logró huir antes de que comenzara el asalto o dónde están.
Ahmed Rawi, vocero local de la Cruz Roja, dijo ayer que “nadie sabe con exactitud cuántas familias quedan en la ciudad”. El equipo de la Cruz Roja, que entró a Faluja sin escolta militar y dejó la ciudad antes del toque de queda, no pudo encontrar a residentes civiles, sólo ingenieros y tropas aliadas.
Lo que los médicos y asistentes sí encontraron fueron cientos de cuerpos apilados dentro de un depósito de papas fritas en los suburbios de Faluja. Algunos de los cuerpos ya están tan descompuestos que son imposibles de identificar. La Cruz Roja informó además que la ciudad está tan destruida que las aguas servidas corren por la calle, no hay servicios y no hay ninguna ayuda humanitaria dentro de Faluja.
Todavía no hay fecha para que se permita el retorno de los refugiados a sus casas, pero ya se anunció que no será antes de la Navidad y que los que quieran entrar tendrán que pasar por cinco puntos de control. Cada persona deberá dejar sus huellas digitales, un escaneo de su retina y una muestra de ADN para entrar a la ciudad. La información será archivada en una base de datos del Ejército norteamericano. Los refugiados que pasen el control de seguridad recibirán una credencial con su dirección impresa y será un delito no usarla a la vista en todo momento.
En la nueva Faluja no habrá tránsito porque estará prohibido usar vehículos civiles, para impedir los bombardeos suicidas. Los militares proveerán transporte público. Las autoridades de ocupación están considerando obligar a todos los hombres que entren a la ciudad a formar parte de batallones de trabajo para despejar escombros y reconstruir edificios, con salarios.
Funcionarios y oficiales norteamericanos dijeron que estas durísimas medidas son legales bajo la ley marcial establecida el mes pasado por el gobierno provisional de Iyad Allawi. Pero era evidente el fastidio por el estilo totalitario del sistema. “Algunos dicen que esto es instalar un sistema de ‘El Hermano Mayor te vigila’”, admitió el mayor Francis Piccoli, vocero de la Primera Fuerza Expedicionaria de Marines. Piccoli, sin embargo, dijo que él lo veía como “una simple medida de seguridad para evitar que los insurgentes vuelvan”.
Antes de la batalla por Faluja, EE.UU. dijo repetidamente que combatientes extranjeros y fanáticos islámicos usaban la ciudad como base para ataques guerrilleros contra soldados norteamericanos. Pero las medidas de seguridad presuponen que toda la población local es potencialmente un insurgente o un simpatizante. Faluja, así, será la primera ciudad iraquí en ser sometida a semejantes medidas de seguridad, que sólo fueron usadas con los 2000 detenidos todavía en prisión por sospechas de ser parte de la insurgencia.
El encargado de reconstruir Faluja, el contraalmirante Raymond Alexander, de la Primera División Naval de Construcciones, explicó que los primeros residentes a los que se les permitirá volver será un pequeño grupo de hombres. Las mujeres y los chicos sólo serán permitidos cuando el lugar sea “completamente seguro”.
Una curiosidad es que los residentes civiles que hayan tenido pérdidas materiales en la batalla podrán pedir compensaciones monetarias por los daños sufridos. En las tres semanas desde que terminó la batalla en sí, pelotones de marines y del regimiento real de la Black Watch se dedicaron a recorrer casa por casa buscando combatientes. Generalmente abrían la puerta o una ventana y arrojaban una granada, con los consiguientes destrozos.

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Un Abrams abre fuego contra una casa donde hay insurgentes. Sigue la “limpieza” casa por casa en la ciudad demolida.
 
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