EL MUNDO

Una marcha multitudinaria y un cartelito en La Habana

Un millón y medio de cubanos marcharon en rechazo a la política de Washington y una eventual liberación de Posada Carriles. En la oficina de Intereses de EE.UU. colgaron frases provocadoras.

La Habana fue el teatro, una vez más, de la última guerra ideológica tradicional del hemisferio occidental y, quizá, del mundo. Ayer el enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos dejó de lado las indirectas y se mostró sin tapujos. Al mismo tiempo que más de un millón de cubanos –1.400.000 según cifras oficiales–, liderados por Fidel Castro, se manifestaban frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos (SINA), este organismo estadounidense respondía a través de un cartel luminoso colocado en su quinto piso, que transmitía frases del presidente norteamericano Abraham Lincoln y del líder indio Mahatma Gandhi, e incluso mensajes para los manifestantes: “Lea lo que quiera, diga lo que piensa, haga lo que le parezca correcto”.

Considerada por Washington como una “protesta contra la libertad”, la multitudinaria manifestación rechazaba una eventual liberación del terrorista anticastrista detenido en Miami hace varios meses, Luis Posada Carriles. El gobierno de la isla denuncia la complicidad de la Casa Blanca con el hombre que se reconoció responsable del atentado contra un avión comercial cubano que despegó de Caracas en 1976 y en el que murieron 73 personas. La oficina de Control de Inmigración y Aduanas estadounidense ya anunció que Posada Carriles podría ser extraditado, pero no a Venezuela. Por otro lado, Castro aprovechó para disparar a los mensajes que la SINA viene difundiendo a través de su cartel luminoso y que calificó de “provocaciones”. Desde el pasado 16 de enero transmite noticias, artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y pensamientos del líder de los derechos civiles Martin Luther King.

Con banderas cubanas y pancartas con consignas, los manifestantes colmaron la avenida costanera del Malecón –anfitrión histórico de las protestas contra Washington–. La mayoría de los cubanos tenían camisetas rojas y carteles con el rostro del anticastrista Luis Posada Carriles y las palabras “Peligro, asesino”. Cuando Castro comenzaba su discurso frente a la SINA, el cartel del edificio estadounidense se encendió y comenzó a transmitir. Fidel, con su clásica ironía, aprovechó para atacar a su eterno rival: “Ya encendieron el cartelito, qué valientes son las cucarachas, parece que bushecito les dio la orden”, y una eterna ovación explotó entre el mar rojo de manifestantes.

En una intervención inusitadamente corta –sólo habló unos 20 minutos–, Castro volvió a afirmar que Washington “ha fracasado totalmente en aislar a Cuba”, derrota que ha quedado plasmada con las victorias de la izquierda latinoamericana. Además, volvió a acusar a Estados Unidos de “violar abiertamente los Acuerdos Migratorios” que tiene con la isla y de “forzar una ruptura de los actuales vínculos mínimos con Cuba”. Para ello, ha intentado, según denunció el gobierno isleño, “cortar las importaciones cubanas en alimentos de Estados Unidos”, lo que deteriora aún más la difícil situación económica que viene sufriendo la isla y que es agravada por el histórico bloqueo estadounidense. Estados Unidos ha quedado “desenmascarado ante el mundo”, “desmoralizado”, “está de rodillas”, decía ayer Fidel Castro. Para el resto del mundo puede parecer sólo una ilusión, una expresión de deseo; sin embargo, en El Malecón ayer era casi creíble.

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La protesta fue encabezada por Fidel Castro.
 
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