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A diez años del asalto en Perú a la sede japonesa, no hay culpables

El ejército peruano construyó una réplica de la embajada japonesa en una base militar para entrenar comandos antiterroristas. Fujimori y Montesinos afrontan cargos por ordenar tres ejecuciones extrajudiciales, pero los procesos judiciales están casi paralizados.

 Por Adriana Meyer

Además de pasar por Nasca y Machu Picchu, las delegaciones extranjeras que visitan Perú pueden presenciar un simulacro del asalto a la residencia de la embajada de Japón en Lima, que culminó con la toma del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). A diez años de la última acción de ese grupo guerrillero, el ejército peruano construyó una réplica de aquel edificio en una de sus escuelas militares y hoy en las calles sólo el fujimorismo reivindicará el operativo. El ex presidente Alberto Fujimori, con libertad condicional en Chile, y su monje negro Vladimiro Montesinos, paradójicamente preso junto a senderistas y emerretistas, aún afrontan los cargos por esa matanza, que incluyó la ejecución de tres asaltantes que habían sido capturados con vida, entre las cuentas pendientes que tienen con la Justicia de su país. En diálogo con Página/12, Carlos Tapia, analista de movimientos insurgentes y miembro del Centro de Promoción y Desarrollo, comentó que al gobierno de Alan García le importa poco y nada activar esos procesos.

–¿En qué estado está el juicio por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el operativo de la residencia?

–Está en curso. La denuncia no es contra los militares que ingresaron a la residencia sino contra un grupo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) que liquidó a los emerretistas rendidos. Son las ejecuciones extrajudiciales con tiro en la nuca, a tres de ellos. El juicio se inicia porque el secretario político de la embajada denunció que vio al emerretista Tito vivo y rendido, cuando lo estaban sacando, y al día siguiente se enteró que estaba muerto, que no había sobrevivientes. La Cancillería japonesa le impidió que haga declaraciones públicas. Y cuando cesó en sus funciones lo denunció en Japón. Vladimiro Montesinos, Alberto Fujimori y cinco miembros del equipo de aniquilamiento que entró en la residencia son los imputados. El ex presidente está acusado porque el SIN dependía de él. Es lo mismo que pasó en 1992, y que está descripto en el expediente de extradición de Fujimori de Chile, cuando en un motín carcelario siete senderistas fueron fusilados luego de rendidos.

–¿Está estancado este juicio?

–Avanza, pero lentamente.

–La posición de Alan García, de acercamiento al fujimorismo y de enfrentamiento con los organismos de derechos humanos, no ayuda mucho.

–Lamentablemente es así. Desde el momento en que García incorporó como candidato a la vicepresidencia a un almirante en retiro ya las cosas se veían feas. ¿Qué sentido tenía que una candidatura tan poderosa, con el apoyo de la internacional socialista, que podía convocar a muchos intelectuales independientes peruanos, justamente pusiera a un almirante en retiro, acusado en los mismos casos en que estaba acusado García, la masacre de El Frontón donde murieron 120 senderistas?

–¿Es Luis Giampietri el mismo que fue rehén e informó con un micrófono los movimientos desde la residencia?

–Sí, es el mismo. Era de Infantería de Marina y fue el fundador de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina. No es Caperucita Roja. Por lo tanto, es claro que no habrá mucho énfasis en que los juicios avancen.

–¿Cómo se viven en Perú los diez años de la retoma de la residencia?

–Solamente va a ser conmemorada acá por los fujimoristas, como una victoria, con una manifestación por los 10 años del operativo Chavín de Huantar. Al resto del arco político le es indiferente. Esa acción fue un manotazo de ahogado del MRTA, que ya casi no existía. Ahora que ya no existe, nadie se preocupa de estas cosas. Fue su última oportunidad de incorporarse a la vida política y la desperdiciaron por su actitud suicida. Los sectores reaccionarios y conservadores que quieren asustar al pueblo peruano dicen “ya viene de nuevo Sendero Luminoso con el narcotráfico, hay que poner medidas duras”... pero nadie les cree.

–¿Los presos del MRTA están en la misma cárcel que Montesinos y los miembros del SIN?

–Así es. Están en la base naval de El Callao. Los del MRTA son unos 70, entre ellos los líderes Víctor Polay Campos, Peter Cárdenas Schultz y Miguel Rincón, que tienen cadena perpetua. Ahí también está en una prisión especial Abimael Guzmán. Pero los del MRTA y Sendero exigieron que Montesinos tuviera una celda aparte, entonces han construido un muro para no verlo. Es para una película.

–Se decía que Bernardo Bertolucci iba a filmar la historia de la retoma...

–No lo sé. Pero tenemos un souvenir. Cuando vienen delegaciones extranjeras las llevan al campus de la escuela militar de Chorrillos. Allí se construyó un símil de la casa del embajador de Japón para entrenar a los comandos. Y ante los extranjeros se les hace realizar un simulacro del operativo. Es parte de nuestras atracciones turísticas, en vivo y en directo.

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Tras el asalto, Fujimori se paseó por los jardines de la embajada con chaleco antibalas.
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