EL PAíS › EL LIDER DE LA CGT AZUL Y BLANCA ES EL DIPUTADO

Las andanzas de Luisito

Barrionuevo se reparte entre el gremio de los gastronómicos, la nueva central, el peronismo disidente y la Cámara de Diputados, aunque para esto último no le queda mucho tiempo. Sus planes con Duhalde. La situación en su gremio.

 Por Gustavo Veiga

Luis Barrionuevo, el diputado nacional que asiste con cuentagotas al Congreso, el gremialista que anda por ahí despotricando contra Hugo Moyano, el hombre al que sólo domina una mujer, su esposa Graciela Camaño, el que una vez dijo que “en la Argentina no se hace plata trabajando” y ahora trabaja para Eduardo Duhalde, el que nunca fue mozo ni en una fiesta de quince y amasó una fortuna desde el sindicato gastronómico, sigue haciendo de las suyas. Hoy reparte su tiempo entre la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (Uthgra), la CGT Azul y Blanca, la Cámara baja y la política del PJ. “En ese orden de importancia y no en otro”, agrega su colaborador de confianza.

Si pasa más tiempo en su despacho del gremio que en el anexo de la Cámara de Diputados es porque el dirigente nunca descuida su quinta y la labor parlamentaria le interesa menos que sus caballos de carrera. Con todo, su proyecto más osado lo apuró en estos días y no fue desde su banca: ya pidió la inscripción gremial de su central obrera, la CGT Azul y Blanca, ante el Ministerio de Trabajo.

Barrionuevo sabe que los tiempos un tanto morosos del Congreso no son para él. Por eso, en lo que va de 2008, de las dieciséis sesiones contabilizadas por las estadísticas parlamentarias entre el 1° de marzo y el 3 de septiembre, sólo estuvo presente en la mitad. Es el diputado con mayor cantidad de inasistencias injustificadas.

El colmo del catamarqueño se dio a principios de septiembre durante el tratamiento de la movilidad jubilatoria. Pese a ser secretario de la Comisión de Previsión y Seguridad Social, no participó de las reuniones plenarias donde se debatió la ley ni fue a la sesión cuando se votó el proyecto del Ejecutivo. Había viajado al Uruguay con su esposa. Sin embargo, calificó como “mentirosa” la norma impulsada por el Gobierno.

El período que cumplió como senador y el que terminará como diputado en diciembre de 2009 arrojan más curiosidades de su trayectoria legislativa. En 2006 propuso declarar de interés por la Cámara baja al primer concurso de restaurantes llamado Catamarca Gourmet, realizado en esa provincia. En 2003, presentó un proyecto de declaración para repudiar los hechos de violencia que se registraban en los estadios de fútbol. Justamente él, que había sido investigado por el ahora ex juez, Mariano Bergés, por “otorgar discrecionalmente a los llamados barrabravas (...) viajes, entradas para ingresar a los partidos de fútbol, pago de micros para traslados, entrega de dinero para otros fines, camisetas, pelotas, etc., en contraprestación de servicios delictivos que ellos cumplen...”. Todo eso sucedía cuando el entonces senador por Catamarca presidía el club Chacarita, donde hoy no puede ni asomar la nariz. El periodista Darío Villarroel, su actual vicepresidente 1, aporta un dato a tomar en cuenta sobre la menguada capacidad de Barrionuevo para recuperar poder en el fútbol. Dice que si quisiera utilizarlo de nuevo como base para acumular en política, “del padrón de socios que pueden votar en Chacarita en las elecciones de junio del 2009, apenas el 14 por ciento vive en San Martín, donde él era fuerte. El resto es de la Capital Federal y nunca lo apoyarían”.

De su esposa Graciela, en cambio, se comenta que irá por la presidencia del PJ en el partido de San Martín, donde tiene más predicamento que su marido. El pago chico nunca fue descuidado por el matrimonio. Se conocieron ahí, en la delegación del Ministerio de Trabajo donde ella se desempeñaba a comienzos de los ’70, y ahí siguen viviendo.

“Voy a trabajar para Duhalde”, repite Barrionuevo ahora que sus márgenes de maniobra se estrecharon. La definición no causa sorpresa. “Si Duhalde se decide a ser presidente del PJ nacional, lo acompaño a recorrer todo el país y a caminar con miles de peronistas”, anticipaba en enero de este año. Lo hizo con Carlos Menem en el ’88 y ’89, cuando le armó dos actos masivos: el primero previo a las elecciones internas que le ganó a Antonio Cafiero y el segundo cuatro días antes de que el riojano venciera a Eduardo Angeloz en las presidenciales. Aunque se trate de alardes sobre su capacidad de convocar multitudes, esas palabras suenan más creíbles que sus pretendidas defensas de la clase trabajadora. El día que lanzó su propia CGT tras separarse de la que conduce el camionero Moyano, vociferó: “A nosotros no nos cabe la billetera, nos caben los derechos de los trabajadores”.

Daniel Jorajuría, secretario general de la Nueva Organización Gastronómica, un sindicato que se separó de la Uthgra hace once años (era parte de la seccional Capital) y ahora está en la CTA, se ríe de aquella definición. “Todo el discurso de Barrionuevo es falso. El del 30 por ciento de aumento también. Porque él firma cualquier cosa y después no la cumple. Los trabajadores del sector están cada vez más precarizados, hoy una empresa gastronómica casi no tiene personal con estabilidad laboral y el sindicato se mantiene ausente. Desde la ruptura de la Convertibilidad, la gastronomía, el turismo y la hotelería son las actividades que más crecieron y los aumentos de sueldo no son muy diferentes a los conseguidos por otros gremios. Al contrario, se conserva la tendencia de negociar los convenios a la baja. Nos vemos gravemente afectados.” El dirigente sindical sostiene que cuenta con pruebas de lo que denuncia. “Hay establecimientos en Belgrano, Barrio Norte y Recoleta que les hacen firmar los recibos de sueldo a los trabajadores por una suma que supera el doble del salario de bolsillo. O sea, se llevan 800 pesos o algo más y los empleadores hacen figurar que perciben 2400.”

Si Barrionuevo se ocupa antes que nada del gremio, no se nota demasiado. Las perspectivas de obtener la personería gremial para la central de trabajadores que formó con plásticos, químicos y telefónicos, entre otros, son prácticamente nulas. En Chacarita, donde fue presidente pese a ser hincha de Independiente, tampoco le dan cabida. Por eso, en este momento, trabajar para Eduardo Duhalde puede que sea lo único capitalizable para un político en declive.

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