EL PAíS › LO QUE LE SUGIEREN A NESTOR KIRCHNER LOS DIRIGENTES QUE LO VISITAN

Provincializa y reinarás

La idea es concentrarse en lo provincial para evitar que la elección de 2009 sea un plebiscito a la gestión de CFK. Lo mismo opina Alberto Fernández, a quien el ex mandatario le pidió que lo acompañara en la construcción del armado K nacional.

 Por Fernando Cibeira

“Provincializar” es la palabra que se repite en las reuniones en Olivos a propósito de cuál sería la estrategia más adecuada para encarar las elecciones de 2009. Con un gobierno nacional aún lastimado por el extenso conflicto con las entidades agropecuarias y varios gobernadores del oficialismo que pueden mostrar altos índices de aprobación a su gestión, muchos contertulios de Néstor Kirchner le transmitieron esa idea y el presidente del PJ pareció aceptarla. También fue lo que dijo el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, a quien Kirchner pidió que lo acompañara en la construcción tanto del armado nacional como porteño del kirchnerismo.

Con la estrategia de provincializar el comicio se evitaría –en teoría– convertir la elección legislativa en un plebiscito de la gestión de Cristina Kirchner. Eso demandaría una menor exposición tanto de la Presidenta como de su marido durante la campaña y que los temas en debate se limiten en la medida de lo posible a las cuestiones de cada distrito. También que se permita a los gobernadores elegir a quienes ellos consideran que son los candidatos que mejor los representan y no prevalezcan las simpatías de la Casa Rosada.

Kirchner ya congregó en Olivos una amplia gama de dirigentes. Con el recuerdo de aquellos encendidos actos en defensa de la resolución 125, sus visitas coinciden en que se encuentran con un ex presidente distendido y muy dado a la charla. Por allí pasaron muchos intendentes del conurbano y dirigentes históricos del PJ que se habían alejado a propósito del conflicto, como el santafesino Carlos Reutemann o el pampeano Rubén Marín. También kirchneristas como el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, que discretamente habían optado por bajar drásticamente el perfil dadas sus diferencias con la estrategia oficial para enfrentar a las entidades agropecuarias.

El ex presidente los convocó con la intención de contenerlos dentro del redil oficial. Pero debió escuchar algunas quejas –entre los gobernadores hay fastidio por las demoras en las partidas prometidas para obra pública– y esta idea de evitar que en las urnas se plebiscite al Gobierno. Distrito por distrito, el oficialismo mantendría una cómoda mayoría. “En las provincias estamos bien”, le dicen. Kirchner se mantiene en silencio y vuelca las acostumbradas cifras, que mantiene la costumbre de tener a mano: el superávit, el nivel de reservas y hasta de la imagen de la Presidenta, según sus números en crecimiento constante desde el fin de la crisis con el campo.

Mano a mano

Kirchner y Alberto Fernández habían quedado distanciados pero no llegaban al extremo de no hablarse. Antes del reencuentro, el jueves de la semana pasada en la quinta presidencial, habían conversado dos veces por teléfono. Cuando volvieron a verse las caras, cuentan cerca de ambos, hubo un momento de reproches. Al mantener cada uno su posición, prefirieron diferir esa charla sobre lo que pasó para otro momento y enfocar la relación más de ahora hacia adelante. Allí fue que Kirchner le contó a Fernández que lo quiere a su lado cuando llegue el momento de armar al oficialismo no sólo en el distrito porteño –Fernández es el presidente del PJ Capital– sino también a nivel nacional.

El ex jefe de Gabinete no dijo que sí ni que no. Considera que aún se mantienen los motivos por los que se fue del Gobierno y que hasta tanto no cambien su vuelta no tiene sentido. Así, vio con buenos ojos la decisión de arreglar la deuda con el Club de París y la situación de los holdouts, pero sigue sin entender cómo la Presidenta continúa defendiendo las cifras del Indec.

Fernández les contó a sus amigos que la distancia que ahora le permite haberse alejado del Gobierno y las charlas que viene manteniendo con hombres de negocios, le hacen tomar otra noción respecto a la gravedad de algunos problemas. “A los empresarios les molesta el índice del Indec no tanto porque tienen intereses o especulan con los bonos, es que no pueden trazar un plan de trabajo”, ahora evalúa, según dicen.

Otra cosa que le asombró de volver al llano fue percibir en la calle el rechazo a algunos gestos de la Presidenta. Algo que por ahí no es tan sencillo de notar si uno se guía únicamente por las encuestas. “Cristina dice ‘hola’ y la gente ya dice ‘qué soberbia’. Ahí está fallando algo”, reflexiona.

“Hay un río subterráneo”, repite el ex jefe de Gabinete sobre el malestar que nunca llega a Olivos. “Los que se reúnen allá después me llaman para que le diga a Kirchner lo que ellos no se animaron”, aseguran que dice. Fernández se lo transmitió al ex presidente. “Soy el único que te dice las cosas que les parecen mal, los demás me las cuentan a mí”, le dijo.

Entre las cosas que le parecen mal, explicó, figura la permanencia en el gabinete de algunos funcionarios de imagen opaca. “No voy a dar nombres”, sostuvo en esa charla con K, pero no hace falta mucha imaginación para comprender que hacía referencia a “la línea De Vido”. Kirchner, como al pasar, le habría dicho que iba a haber novedades. Pero luego vino el viaje a Nueva York, donde el ministro de Planificación conservó protagonismo y la Presidenta realizó una encendida defensa de los números del Indec en los que influye Guillermo Moreno.

Problema capital

Entre Kirchner y Fernández hubo un aparte específico sobre la situación de la ciudad de Buenos Aires. “¿Vos hablaste con Telerman?”, le habría preguntado el ex jefe de Gabinete al ex presidente. “Nunca, soy un tipo digno”, le respondió, para luego seguir con alguna explicación sobre lo que es para él la lealtad, a propósito de la histórica muy mala relación entre Fernández y Jorge Telerman. Le adjudican a sectores cercanos al ministro De Vido la movida para colocar al ex jefe de Gobierno porteño como primer candidato a legislador en las listas del oficialismo el año que viene.

Alberto Fernández sabe que, a diferencia de las provincias, en la Capital Federal es inevitable la discusión nacional. Y que más allá de quiénes sean finalmente los candidatos, nada podrán hacer si el Gobierno antes no hace los cambios que se le reclaman. “En algunas cosas Kirchner sigue encaprichado. Tendría que demostrar que acepta las sugerencias, que no se volvió partidario del pensamiento único y que sólo sirve lo que piensa él”, dijo Fernández a sus amigos la semana que pasó.

Kirchner ya había analizado el escenario porteño –”capitalino”, como le gusta decir socarronamente– algunos días antes en Olivos con Daniel Filmus, Carlos Heller y Juan Cabandié. El ex presidente dio el visto bueno a un armado amplio y plural en la Capital, una estrategia aparentemente a contrapelo del fortalecimiento del PJ que puede percibirse a nivel nacional. Con todo, dicen los K porteños, “aunque pongamos de candidato a Maradona, en una campaña con Carrió hablando del Indec, de la inflación, de las valijas de Antonini, no va a poder hacer nada”. Volver a la línea del kirchnerismo “original”, sostienen, es una de las propuestas para revertirlo. “Qué duda cabe de que Kirchner es nuestro mejor comunicador, pero sereno y abierto a las sugerencias, no encaprichado”, marcan.

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Alberto Fernández no entiende cómo la Presidenta sigue defendiendo las cifras del Indec.
Imagen: DyN
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