EL PAíS › ESCRACHE AL GENERAL BRINZONI EN SANTA ROSA, LA PAMPA

Las huellas del caso Cazanave

“Ya sabemos la verdad, ahora, reclamamos justicia”, decía el cartel que encabezaba el escrache al jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, que amigos y allegados a la familia de Segundo Cazanave realizaron ayer en La Pampa. La protesta, organizada por la familia del cadete de la Escuela Lemos que murió el 23 de mayo último presuntamente a causa de maltratos recibidos, se llevó a cabo frente a la guarnición militar Toay, al sudoeste de Santa Rosa, donde se encontraba Brinzoni en visita de rutina.
“El Ejército no tiene nada que ver con la muerte de Cazanave, no tuvo ninguna injerencia”, fue la respuesta del jefe del Ejército al escrache. Ayer declararon en la causa por la muerte de Cazanave Luis Elías Coronado y Oscar Jonatan Barreto, dos aspirantes de primer año de la escuela General Lemos. Estos testimonios se sumaron al del principal testigo, Joaquín “Trapito” Cortez, quien se presentó ante el juez Hugo Gurruchaga el viernes. “Después de horas de mentir, finalmente dijo la verdad y reconoció el manuscrito en el que contaba lo que le había pasado a Segundo”, dijo a Página/12 Mirtha Mántaras, la abogada que presentó la querella contra el Ejército junto a Eduardo Barcesat.
Cortez, que había sido dado de baja pero ahora será reincorporado al Ejército, fue a declarar vestido de uniforme y acompañado por un mayor. Coronado y Barreto también acudieron a los tribunales de San Martín escoltados por un oficial del Ejército. Durante su testimonio, Cortez intentó contradecir el manuscrito en el que se basó la querella para iniciar el juicio, pero finalmente reconoció que era de su autoría y que nadie se lo había dictado. “Le preguntaron si ésa era la verdad y dijo que sí”, afirmó Mántaras.
En el escrito, Cortez describe los maltratos que él y sus compañeros, incluyendo a Cazanave, recibían por parte de los aspirantes de tercer año. “Una de las cosas que nos hacían era el ‘autito de marquitos’, que era por un rato largo flexiones de piernas (...) Le dolía tanto el cuerpo y las piernas que me decía que le ayudara a estirar las piernas porque se le acalambraban”, escribió Cortez. “Sé que nadie, nadie me va a devolver a mi amigo, pero los que tienen que pagar por haberlo presionado y ejecutarlo hasta dejarlo enfermo como él salió del Colegio están en estas hojas”, terminó.
Brinzoni aseguró que “no hay malos tratos” y sostuvo que “lo que sí hay es un entrenamiento duro, como lo ha habido siempre”. El jefe del Ejército hizo estas declaraciones en una conferencia de prensa que se desarrolló en la zona de prácticas militares que posee la guarnición militar Toay entre unidades de combate y carpas de campaña.

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