EL PAíS › LA POSICION DE LA IGLESIA CATOLICA FRENTE A LA CONVOCATORIA AL DIALOGO

Una apuesta con ciertas prevenciones

Los obispos tienen expectativas, aunque dudan de las intenciones del oficialismo y la oposición. Consideran que es prioritario hablar de la pobreza, la educación y la institucionalidad. No pretenden ser llamados a dialogar.

 Por Washington Uranga

Los obispos católicos apuestan al diálogo iniciado por la presidenta Cristina Fernández. Lo hacen a pesar de las prevenciones que muchos de ellos tienen respecto de las reales intenciones tanto del oficialismo como de la oposición. Pero demandan también que la búsqueda colectiva de soluciones para la pobreza “sea tema prioritario en la agenda del diálogo”. En síntesis: los obispos están a favor del diálogo aunque ellos no participen de manera directa, insisten en que es una responsabilidad de todos los actores que ésta sea una instancia positiva para la sociedad y se interesan también por los temas de agenda. La pobreza, la educación y la institucionalidad democrática están en la primera línea de las preocupaciones.

El vocero fue Jorge Casaretto, obispo de San Isidro y presidente de Pastoral Social. Dijo estar “asombrado muy positivamente” por la convocatoria al diálogo a los diferentes sectores. Pero agregó que “debe implicar un cambio de actitud de todos los argentinos” porque “no somos fáciles para el diálogo, dejando de lado la confrontación”.

Casaretto es uno de los obispos con mayor prestigio en la sociedad, crédito ganado en particular por su preocupación por los temas sociales. Reconocido en el mundo político, de buen diálogo con personalidades influyentes del Gobierno y actores protagónicos de la oposición, es también uno de los jerarcas eclesiásticos con mayor ascendencia entre sus pares. Con un presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Jorge Bergoglio, que rehúye el trato con los medios y prefiere la política de los contactos y de las gestiones reservadas y secretas, el presidente de Pastoral Social y asesor de la Comisión de Justicia y Paz es, si no el que más, uno de los obispos que más condiciones tiene para expresar la posición de la jerarquía de la Iglesia en este tema. Por todo eso se puede afirmar, sin mayor riesgo de error, que lo dicho por Casaretto responde al sentir de gran parte de los obispos, o por lo menos del sector mayoritario de la conducción de la Conferencia Episcopal.

Por otra parte, la preocupación por “el diálogo” no es nueva en la Iglesia y, en particular, en Casaretto. Sin comparar la situación del 2001 con la presente, los obispos insistieron en el tema en sus últimas declaraciones colectivas. En las conversaciones privadas recuerdan, una y otra vez y con cierta nostalgia, aquella iniciativa de “diálogo argentino” que se inició en el tramo final de la presidencia de Fernando De la Rúa y que luego fue acogida por el gobierno de Eduardo Duhalde. En aquella ocasión, la instancia fue auspiciada por la oficina local de Naciones Unidas y junto a los obispos católicos estuvieron la mayoría de los dirigentes de las iglesias y los cultos radicados en el país. La evaluación eclesiástica de lo hecho entonces es altamente positiva y siempre se alimenta la idea de impulsar acciones semejantes para encontrar las respuestas a los problemas más difíciles en lo político y en lo social.

“La situación actual no puede compararse con aquella”, insisten, pero “el diálogo es necesario también ahora”. Por eso el decidido apoyo que Casaretto le dio a la convocatoria hecha por la Presidenta. La Comisión de Justicia y Paz, que preside el ingeniero Eduardo Serantes, y que asesora el propio Casaretto, ha sido el canal a través del cual la Iglesia Católica transmite sus preocupaciones a la dirigencia empresaria, sindical y política. A todos los interlocutores se les ha planteado la importancia de abandonar posiciones de confrontación, abrirse a las miradas de otros e intentar coincidencias en “políticas de Estado”, por encima de los acuerdos circunstanciales.

Los temas de agenda son los señalados más arriba. En declaraciones periodísticas y hablando sobre las posibles respuestas operativas a la pobreza Casaretto hizo mención expresa al ingreso básico para la niñez, como una alternativa que se debe analizar. Pero se sabe también que los responsables eclesiásticos tienen en sus manos estudios que ponen en evidencia las dificultades que atraviesa el sistema educativo en el país. Consideran que ésta debe ser una preocupación de todos los actores del diálogo. Estos temas y la necesidad actuar responsablemente y con respeto a la institucionalidad democrática ha sido el discurso constante de los obispos ante todos los interlocutores.

La jerarquía católica no ha sido convocada al diálogo. Los obispos no aspiran tampoco a ser llamados. Pero entienden que la iniciativa es positiva, animan a los diferentes actores a participar con responsabilidad y, mientras tanto, trabajan para incidir en la agenda de lo que se discuta en la mesa de negociaciones.

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El obispo Jorge Casaretto dijo estar “asombrado muy positivamente” por la convocatoria al diálogo.
Imagen: Télam
 
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