EL PAíS › BURZACO FUE A RESPONDER POR LA METROPOLITANA A LA LEGISLATURA

Una purga y pocas explicaciones

El jefe de la policía porteña no dio detalles de las causas judiciales de los diez altos oficiales que separó de esa fuerza. Esquivó las preguntas sobre el espionaje ilegal y no defendió al ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro.

 Por Werner Pertot

El jefe de la Policía Metropolitana, Eugenio Burzaco, afirmó en su visita a la Legislatura que tuvo que pedir la baja de diez altos oficiales de la Policía Metropolitana, procesados en diversas causas judiciales. Todos provenían de la época de Jorge “El Fino” Palacios. “Si yo hubiera tenido que tomarlos, no lo habría hecho”, dijo el funcionario PRO, que hizo un voto de confianza por la “honestidad de la mayoría del personal”. Burzaco se permitió sugerirles a los opositores que aprueben las reformas del macrismo para prohibir a los trapitos y para que la policía porteña pueda utilizar las pistolas Taser. Esquivó como pudo las preguntas sobre el espionaje ilegal: dijo que conocía a Palacios, aunque no tenía una relación personal y no se ocupó de defender al ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro.

El jefe policial había evitado asistir a la Legislatura cuando tuvo que separar a Fausto Colombo, un alto oficial de la Metropolitana que estaba procesado en una causa por protección de prostíbulos. Cuando se supo que había otros catorce oficiales con causas pendientes, Montenegro prometió una revisión legajo por legajo. Burzaco demoró su visita a la Legislatura hasta que tuvo en su manga la carta de la purga. Es la primera de una fuerza que está hace menos de dos meses en la calle.

Burzaco admitió ante las preguntas de los legisladores que pidió la baja de diez altos oficiales de la Metropolitana. Además de Colombo, la lista incluye a cuatro comisionados mayores, un oficial mayor, un inspector, dos subinspectores y un oficial. El funcionario no quiso dar detalles de qué causas judiciales tenían y se negó a dar sus nombres, aunque trascendieron dos: Jorge Silveira y Sergio Lozano.

Con el salón vallado, la visita de Burzaco comenzó al mejor estilo PRO: con un Power Point de fondo, el funcionario monologó durante más de una hora sobre las virtudes de la nueva fuerza. Hizo un relato aséptico que excluyó cualquier alusión al espionaje y al jefe anterior. Cuando iba por los cuarenta minutos, el jefe del bloque ibarrista Eduardo Epszteyn lo interrumpió: “A todos nos gustaría escuchar sobre los temas por los que lo citamos”. Burzaco empezó a responder las preguntas que los legisladores habían formulado por escrito con una larga exposición, que incluyó la lectura completa de algunos artículos de la ley de seguridad.

–Cuando termine la conferencia de prensa, ¿podemos intervenir los diputados? –se quejó la legisladora Gabriela Cerruti. Martín Hourest pidió que apagaran la pantalla que, de fondo para las cámaras de televisión, mostraba el logo de la Metropolitana.

Burzaco advirtió que “no se ha adquirido ninguna Taser. El proceso se detuvo por un fallo judicial. No contamos con ninguna a menos que se levante el fallo o ustedes voten una ley”, sugirió. Se explayó en una larga exposición de las virtudes de la pistola eléctrica, con ejemplos de casos truculentos en los que podrían haber salvado vidas. “¡Que siga solo!”, se cansó Cerruti y se marchó.

Tras una hora y quince minutos de monólogo, los legisladores pudieron hacer preguntas. El kirchnerista Francisco “Tito” Nenna le preguntó por las llamadas que intercambió con Palacios. “Yo lo conocía a Palacios como responsable del área de seguridad de PRO. No tuve una relación íntima o cercana”, respondió Burzaco. “¿Qué medidas adoptó para desarticular la estructura residual de Palacios?”, quiso saber el lilito Fernando Sánchez. “Cambié a la mitad de la conducción de la fuerza: dos superintendentes y seis directores generales”, aseguró Burzaco.

“Usted es el liquid paper de Macri: le puso una pátina blanca a un error que no borró”, sostuvo Hourest. El jefe del bloque del PJ, Diego Kravetz, le presentó una lista de otros seis oficiales que tendrían causas: en ella figuran Eduardo Jorge Martino, que sería superintendente de Comunicaciones; al superintendente de Investigaciones Arturo Kervokian, que tiene un sumario por un operativo en el que murió un joven; y Carlos Misurelli, exonerado en una purga de la Federal en 2004. Burzaco se limitó a contestar que los otros tres no trabajan en la Metropolitana. También respondió que las veinte personas que provienen de inteligencia de la Federal “están cumpliendo funciones en la calle, patrullando”. “Se pueden haber cometido errores en el pasado, el propio jefe de Gobierno lo ha admitido”, dijo.

“Yo no le escuché admitir nada”, le respondió Aníbal Ibarra. “Macri dice que se equivocó en designar a un jefe que tenía mucha conflictividad. No dice que fue un error porque está procesado y preso”, aclaró, entre los gritos de los macristas. “Está bien que separen a un policía que protegía prostíbulos, pero sigue un ministro que defendió a Palacios por la causa AMIA, que dijo que era el mejor policía para conducir la fuerza y que nos mintió cuando dijo que Ciro James era un simple aspirante. Ahora un fiscal reconoció que James iba con el tercero de la fuerza a hablar en nombre de la Metropolitana. ¿No le parece contradictorio?”, inquirió. “Eso lo tiene que contestar el ministro”, se excusó Burzaco, que al comienzo de la gestión se veía en el sillón que hoy ocupa Montenegro. Con la noche avanzada, a la kirchnerista Gabriela Alegre se le ocurrió azuzar la interna: “Ahora que el ministro Montenegro puede quedar procesado, ¿usted estaría dispuesto a ocupar su lugar?”. Buena parte del bloque PRO festejó la pregunta con risas y aplausos.

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Las explicaciones de Eugenio Burzaco no conformaron a los legisladores de la oposición.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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