EL PAíS › OPINION

El conductor y los hijos pródigos

 Por Mario Wainfeld

El cartero de la historia lo llamó dos veces, pero el senador Carlos Reutemann estaba detenido en boxes. No se animó a ser candidato a presidente en 2003, se le chispoteó el liderazgo del Peronismo Federal en 2009. Ahora recobró vigencia con una renuncia parcial a un espacio virtual: abandona la mesa de conducción de los federales, aunque no a su bloque. Jamás es fácil descifrar a las esfinges, sobre todo si son lacónicas. Pero es evidente que el principal efecto de su movida es destartalar aún más al PJ antikirchnerista. La fuga es contagiosa entre compañeros, cuando el fueguito calienta en otro lado.

Aliados de Reutemann e integrantes del Frente para la Victoria (FpV) que dialogaron con él aseguran que su mira es recuperar Santa Fe, sin exponerse personalmente a una campaña ni a gobernar. Tiene mandato como senador hasta 2015, diz que permanecerá en su curul. Su afán es construir una coalición con el FpV llevando como candidato a Jorge Obeid. El gobernador socialista Hermes Binner no puede reelegir; los comicios santafesinos suelen ser reñidos; el espacio panjusticialista puede volver a ganar. La compulsa está separada de la nacional, Lole exige conducir la entente y no ir con la bandera del FpV. En la Casa Rosada ven con buenos ojos la jugada porque levantaría mucho el bajo piso logrado en 2009.

Un acuerdo similar podría plasmarse en La Pampa, con el senador Carlos Verna como postulante. “Verna jugó bien”, comentan sus pares en el Senado aludiendo a su astuto manejo de dos bancas, que deslizó entre el oficialismo y el Grupo A, obteniendo un peso importante y beneficios para su provincia. Verna también se arrima al oficialismo nacional, quizá con menos recelos y exigencias que Lole.

En Santa Fe y La Pampa se reconstruyen alianzas para ganar. En Córdoba, el objetivo es superar el patético desempeño del año pasado. Confluir con Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota puede dar para un tercer puesto digno, mientras Luis Juez y los radicales dirimirán la gobernación. Pero se podrían doblar los votos de 2009, en una provincia poblada. No es poco.

Con un rostro muy pejotista, el FpV se esmera en sumar. Hay tranqueras abiertas para compañeros pródigos. La propia Presidenta avala, explican a metros de su despacho.

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Cristina Fernández de Kirchner no se olvidó de la política doméstica en Seúl. Fatigó su celular, dando directivas a los presidentes de los dos bloques del Congreso, designando a los dos nuevos integrantes del Consejo de la Magistratura. También, cuentan en torno de Daniel Scioli, llamó al gobernador bonaerense. La consigna principal, chimentan, fue armar un acto masivo de fin de año, el 20 de diciembre quizá en el ahora techado estadio único de La Plata.

Scioli dio muestras de aceptar su próximo destino bonaerense y dejar de lado fantasías presidencialistas. Sería consistente con su trayectoria previa: se alejó del menemismo y del duhaldismo sin pelearse con nadie, a la hora de la decadencia. Con el mismo patrón de conducta, no topar de frente ni buscar aventuras, es clavado que permanezca en La Plata. Las encuestas le dan bien, aseguran sus fieles y los lectores de sondeos cercanos a la Presidenta.

El miércoles a la noche, comentan dirigentes empinados que lo quieren bien, pero que no comen vidrio, hizo otro test de popularidad. Fue a River, a ver el recital del enorme Paul McCartney. Refieren que sólo recibió gestos de respeto y de afecto. Iba a los palcos VIP, que costaban 1600 dólares, pero transitó antes por la calle. “Es de amianto”, comentan. Francamente.

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El oficialismo, en 2009, tuvo magro favor de las clases medias y de una amplia extensión territorial de provincias bien pobladas: Capital, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza. Su cosecha fue muy floja, repetirla el año próximo sería letal. Los realineamientos que se vienen comentando buscan corregir el relativo fracaso previo.

En Entre Ríos la hipótesis de trabajo es reunificar al gobernador Sergio Urribarri y a Jorge Busti, quien fuera mandatario en tres ocasiones no sucesivas. Astilla del mismo palo, se detestan. En el gobierno nacional valoran mejor a Urribarri. Pero las encuestas dan, en el mejor de los casos, paridad y, en otros, ventajas para el Chino Busti. Cultor del peronismo itinerante, Busti abandonó al FpV en el conflicto con “el campo”. Ahora, dicen baqueanos entrerrianos, el compañero amaga volver. Anda un poco perdido, Alfredo De Angeli contó que le había ofertado ser compañero de fórmula o colocarlo en las listas con el cargo que quisiera. Pero el crecimiento de la imagen y la intención de voto de la Presidenta lo han vuelto querendón.

Busti formó un partido propio y sólo conserva como aliado de fuste al intendente de Paraná, José Carlos Halle. Tras la muerte de Néstor Kirchner declaró al diario digital Junio, que dirige el periodista Claudio Gastaldi, que “si hubiera a nivel nacional una convocatoria amplia (del FpV) no tendría problema en sentarme a la mesa”. Urribarri replicó que todos pueden regresar, si piden disculpas. Operadores de la Rosada piensan en reconciliarlos o algo así, la historia continuará.

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Tucumán, San Juan y Chaco tienen gobernadores con enormes chances de ganar que querrán “armar” en la provincia y acompañar a la Presidenta, calculan los operadores VIP de Olivos.

Hay provincias que, todo indica, se perderán; la más ostensible es Mendoza. Celso Jaque tiene paupérrima intención de voto, aunque seguramente es más de lo que merece. Es el distrito de mayor alternancia entre peronistas y radicales que se relevan casi siempre; da la impresión de que será el turno de los boinas blancas.

Rejuntar, dejar espacio a los “gobernas” para que amurallen y organicen la tropa provincial, la lapicera (agregados o tachaduras finales) a Cristina, su ruta. Tal el itinerario más lógico para mantener alianzas y “sumar”. La consigna “que florezcan cien flores” será, cuanto menos, frizada durante meses. Habrá desobediencias, dirigentes que traten de interferir en el juego. Nada es lineal ni sosegado en las internas, pero la perspectiva de éxito sofrena y modera.

“Casi todos vendrán para acá”, dicen líderes parlamentarios y operadores territoriales kirchneristas. “Acá” es el FpV. “Casi todos” son los compañeros federales, desde gobernadores patagónicos hasta diputados de gran autoestima, hasta dirigentes y cuadros técnicos duhaldistas. Hay contados vetos presidenciales, muy contados.

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El senador Adolfo Rodríguez Saá seguramente no uncirá su figura detrás de Eduardo Duhalde, a quien aborrece, entre otras razones menos precisas, por un estratégico corte de luz en Chapadmalal. El sanluiseño posiblemente reincida en su candidatura propia, que ya es costumbre. La provincia, cuyos indicadores sociales son muy estimables, la tiene asegurada.

El Peronismo Federal, desvencijado, ve alejarse a Lole y sólo le queda esperar que otra esperanza blanca le trasfunda energía. Podría ser, claro, el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Vendría en yunta Francisco de Narváez en Buenos Aires, aunque el Colorado está bajando a buena velocidad en las encuestas. Para los pejotistas sería una tabla de salvación; para Macri, una apuesta enorme. Los riesgos son proporcionales. Gabriela Michetti se ha desdibujado notablemente como prospecto electoral; su desempeño como diputada bascula entre el gris y lo inexistente. Macri podría ganar todo o quedarse en un opaco tercer puesto, rodeado de un tren fantasma peronista y ser abandonado por el casquivano electorado porteño. Su consultor fetiche, Jaime Durán Barba, le aconsejó no cambiar de querencia, ir a por la reelección como gobernador.

Rara la situación de la Capital con dos presidenciables, Macri y el diputado Fernando Solanas, que cavilan entre disputar el gobierno local o lanzarse a lo nacional, donde sus perspectivas son más escasas.

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“¿Qué le pasa al Peronismo Federal, profesor?: Mándeme un paper, ya”, intima el decano de Sociales de Estocolmo a su ex protegido, el politólogo sueco que hace su tesis de posgrado sobre la Argentina. Nuestro cientista social es muy vagoneta, pero sabe que debe cumplir para mantener activa la caja de la universidad. Así que consulta a su terapeuta, el psicólogo setentista de Villa Freud. El sueco se analiza por directiva de la pelirroja progre, quien exige que ponga en orden su cabeza y elabore por qué no quiere casarse con ella.

El terapeuta le explica el síndrome pejotista. “La historia, a veces, tiene parentesco con la psicología individual. En la historia se ha observado, por ejemplo, que un enemigo externo o interno puede unir a toda una sociedad en su contra y relegar sus conflictos. En el orden subjetivo, el caos interno se puede organizar a partir de un otro que dé sentido a todo, planteando salidas más sanas o más patológicas.”

“Kirchner –añade el politólogo– fue tan gravitante que ordenaba a sus adversarios, quienes (en su paranoia) lo explicaban como la cifra de todos los males o dificultades de la sociedad.” Y, conocedor de la Doctrina, añade: “Además, profesor, está la mística peronista. Esa que exige siempre correr presuroso en ayuda del vencedor. O de quien, coyunturalmente, parece serlo”.

Pulsa enter y reserva mesa en un buen restaurante, para una cena memorable con la pelirroja. No piensa platicar sobre Reutemann, precisamente.

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