EL PAIS › EL AUTOR DE LA MASACRE DE FLORESTA FUE CONDENADO A PRISION PERPETUA

El día menos imaginado para un policía

Velaztiqui fue condenado por “triple homicidio calificado por alevosía”. La familia festejó en la sala y el tribunal suspendió la lectura del fallo. La alegría siguió afuera. Antes, el policía había pedido perdón.

 Por Carlos Rodríguez

La condena fue por aclamación. Cuando los jueces dijeron “perpetua”, la palabra sonó reparadora para las familias de los tres chicos asesinados el 29 de diciembre de 2001 en Floresta y se produjo el estallido. Algunos lloraron abrazados, otros convirtieron la bronca en insulto, un puñado optó por vivas y aplausos. Todos recorrieron todas las variantes del festejo, que adquirió tal dimensión que el presidente del Tribunal Oral 13, Oscar Rawson Paz, apenas pudo exponer la decisión de “condenar a prisión perpetua por homicidio calificado por alevosía al suboficial Juan de Dios Velaztiqui”. Dejó para otro día la lectura de los otros siete puntos del veredicto. En lugar de hacer desalojar la sala, medida usual cuando el público desborda, Rawson Paz fue inteligente: cerró la audiencia, hizo salir al imputado, y la celebración siguió varios minutos en el recinto y una hora en la calle. Antes del cierre, Velaztiqui le había pedido perdón “a Dios Todopoderoso”, a su familia, a la Policía Federal y recién después a los padres de los tres chicos asesinados aquel oscuro fin de año (ver aparte). A pesar de la dura condena, el policía podría lograr en siete años –cuando cumpla los 70– el beneficio de la prisión domiciliaria.
“Que se pudra en la cárcel. A mis amigos no me los devuelve nadie, pero este fallo nos hace creer en la Justicia”, dijo un joven en medio de la euforia general. Angélica Van Eek, la mamá de Adrián Matassa, uno de los jóvenes asesinados, tiene una apariencia monolítica, pero ayer se quebró: lloró abrazada con Vilma Ripoll, legisladora porteña por Izquierda Unida, asidua asistente a las audiencias. Omar Tasca y Silvia Yrigaray, los papás de Maximiliano Tasca, se pusieron de pie y gritaron como si fuera el gol que trae algo de justicia en el marcador. Elvira Torres y Juan Ramón, los padres de Cristian Gómez, se felicitaron con Enrique Matassa, el papá de Adrián. Todos estaban desencajados por el llanto. “Recién mañana vamos a empezar el duelo, hasta hoy sólo vivíamos para escuchar esto”, dijo Elvira Torres a Página/12, aludiendo a la soñada “prisión perpetua”.
La contracara era el rincón donde estaba el condenado Velaztiqui, cuya reacción ante el fallo pasó desapercibida para la mayoría, porque estaba cercado por cuatro policías y dos miembros del Servicio Penitenciario Federal. Un intento de fuga no era el motivo de tanta prevención: querían evitar una posible agresión en un recinto donde las pasiones estaban desatadas. El más corpulento de los custodios era el sargento Miguel Angel Magallanes, uno de los responsables del operativo de seguridad. Cuando era llevado a la sala, minutos antes de la lectura de la condena, una mano había cruzado el rostro de Velaztiqui. El certero bofetón lo tiró una chica, hermana de uno de los jóvenes asesinados.
Desde la apertura del último día de sesión, a las 9.30, la tensión se instaló en la sala de audiencias del noveno piso de Lavalle 1171. Se escucharon insultos dirigidos a Velaztiqui o a la Policía Federal. La coincidencia general era que, si la condena que parecía inevitable era menor a la perpetua, las cosas “se podían poner feas” por la reacción popular. Eran las expresiones públicas del personal de seguridad. Tal fue la crisis que provocó el fallo que tanto los familiares como sus abogados se confundían y hablaban a veces de “prisión” y otras de “reclusión”. Sólo recordaban que Rawson Paz dijo la palabra “perpetua”, pero todos saben bien las diferencias que hay entre una calificación y la otra (ver aparte). Los jueces recién hoy entregarán a las partes la notificación formal del veredicto y en unos días darán a conocer los fundamentos.
Por lo que pudo saberse ayer, los jueces Rawson Paz, Pedro Aquino y Rodolfo Urtubey desecharon el pedido del fiscal Julio César Castro para que sean investigados los policías que tuvieron participación directa en la investigación del caso, a los que la parte acusadora señaló como presuntos partícipes de delitos que podrían ir desde incumplimiento de los deberes de funcionario público hasta encubrimiento, pasando por falso testimonio. En ninguno de los ocho puntos se pide la investigación de loscuatro policías que concurrieron a la audiencia, Miguel Angel García, Diego Almada, Leonardo Lallana y Carlos Sixto. Al menos los dos primeros parecían haber incurrido en reticencias y en alguna mentira flagrante.
Tampoco se habría tenido en cuenta la solicitud de que se investigue y se le impute a Velaztiqui el intento de homicidio de Enrique Díaz, el joven que acompañaba a los tres chicos asesinados. Díaz fue el único sobreviviente de la masacre. Pudo escapar sano y salvo del maxikiosco de Gaona y Bahía Blanca, donde compartía la misma mesa donde quedaron apilados los cuerpos de sus amigos. Y todo porque Maxi Tasca, el primero en caer, se había burlado dos veces de un policía golpeado por la multitud enardecida tras la caída del fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá. Esa fue la supuesta afrenta que Velaztiqui no pudo tolerar.
“Hijo de puta”, fue el saludo de bienvenida que recibió el acusado cuando ocupó su lugar en la sala, al lado del defensor oficial Mariano Maciel. Esta vez, al imputado lo hicieron ingresar por una puerta interna, para evitar que cruzara por el lugar asignado al público, colmado por familiares y amigos de los tres chicos. Igual, a la salida del ascensor, cuando lo traían a la tarde para que escuchara el fallo, un cachetazo le sacudió los anteojos oscuros. Otro incidente similar se produjo en la calle, donde la barra de Floresta, que siempre acompaña a los padres en su demanda de justicia, hizo la vigilia habitual. Un hombre joven se acercó a los manifestantes y les gritó “zurdos”. El insensato provocador fue silenciado a golpes y la policía tuvo que darle amparo.
En la calle también festejaba Sandra Bravo, la encargada del maxikiosco y principal testigo de cargo. “Esto es espectacular, es lo que estábamos esperando todos, que finalmente se hiciera justicia”. Además de participar de la celebración, Sandra era felicitada por todos. Ella fue la que frustró, con su testimonio inicial, a horas del hecho, toda posibilidad de que el triple crimen fuera presentado por Velaztiqui como un supuesto enfrentamiento. Elvira Torres, la mamá de Gómez, lloraba y reía. “Yo le deseo a Velaztiqui que viva muchos, muchísimos años, pero que se pudra en la cárcel”. Angélica Van Eek hablaba por un megáfono para “felicitar a los jueces del Tribunal Oral 13, al fiscal y también al defensor Maciel porque estuvo horas hablando al pedo y no le sirvió de nada”.
Omar Tasca convocó a una nueva marcha que se realizará el sábado 29 de marzo, cuando se cumplan los primeros 15 meses de la muerte de los tres pibes. “Queremos agradecer a los vecinos de Floresta, a los amigos, a los periodistas y a todos los que nos ayudaron a conseguir justicia”, dijo Tasca, alma mater de las movilizaciones. “Nuestros hijos no descansaban en paz, esperaban justicia. Ahora vamos a empezar a elaborar el duelo”, repitió Elvira. “Lo que viene ahora es duro. A ellos los sostenía la sed de justicia y ahora tienen que volver a mirarse por dentro. Va a ser duro”, sentenció un allegado a las tres familias.

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El ex suboficial Juan de Dios Velaztiqui pidió perdón a Dios, a su familia y a la Policía Federal.
 
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