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Juicio popular en el puente por los asesinatos de Darío y Maxi

Una movilización en el Puente Pueyrredón fue el acto central por el aniversario de la masacre de Avellaneda. La mayoría de los asistentes fueron desocupados. Hubo corte y juicio popular a los responsables. La crónica. Los pedidos de verdad y justicia.

 Por Laura Vales

A un año de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, los piqueteros realizaron una jornada en el Puente Pueyrredón en reclamo de Justicia. La protesta tuvo como motivo central el pedido de investigación y castigo a los responsables políticos y materiales de la masacre de Avellaneda, ocurrida el 26 de junio del 2002, cuando la represión a una marcha de desocupados ocasionó dos muertos, 33 baleados con munición de plomo y más de un centenar de heridos con postas de goma.
Alberto Santillán, el padre de Darío, y Mabel Ruiz, la madre de Maximiliano, estuvieron en el puente.
Los manifestantes cortaron el tránsito desde la once de la mañana hasta las seis de la tarde. Al mediodía, hora en la que murieron los dos militantes, leyeron un documento consensuado entre las organizaciones. Fue el momento de mayor concurrencia, cuando la columna de gente se extendió sobre el acceso ocupando desde el Riachuelo hasta más allá del Bingo de Avellaneda.
La mayoría de quienes se movilizaron eran desocupados. Algunos habían comenzado el homenaje la tarde anterior, con una vigilia con la que esperaron la llegada del 26.
“A veces la gente piensa que yo también lo soy, pero en realidad trabajo como enfermero desde hace más de 20 años”, dijo a Página/12 Alberto, el papá de Santillán. “Si me pregunta qué me gustaría que supiera la sociedad, creo que es que se conozca el ejemplo de mi hijo, que dejó una casa con sus comodidades, con agua caliente, para ir a poner el hombro a un barrio pobre.”
Mabel Ruiz recordó “el gesto solidario de Darío, que se quedó a ayudar a mi hijo Maximiliano a pesar del peligro” y consideró que ese gesto “marcó un camino de unidad que nosotros no estamos facultados a desandar”.
El MTD Aníbal Verón realizó un juicio popular por la masacre, en el que reconstruyó lo sucedido desde que la primera persona cayó herida hasta el allanamiento ilegal al local de Izquierda Unida. Tuvo como acusados “a las fuerzas de seguridad, el gobierno de Eduardo Duhalde y el imperialismo liderado por Estados Unidos, que presionaba al Gobierno a través del FMI diciéndole que a cambio de su asistencia tenía que haber control social”, señaló sobre el palco Juan Cruz D’Affunccio.
Mario Pérez, a quien un perdigón le dio en la pierna y otro le atravesó un testículo mientras estaba en la base del puente, repasó los motivos de la marcha: “Fuimos a pedir comida y un aumento en los planes y mataron a dos muchachos que querían tener futuro”, consideró.
Sebastián Conti, a quien una bala le atravesó el pulmón, contó la persecución. “Cuando empezaron los disparos corrí, sentí un golpe en la espalda, al principio pensé que era el cartucho de un gas lacrimógeno. Me empecé a sentir muy cansado. Con otros compañeros tratamos de salir por las calles laterales, pero estaban cerradas por patrulleros. Desde atrás, venían las lanchas con un poli montado disparando.”
El fotógrafo Sergio Kowalewski habló de la escena que encontró en la estación de trenes de Avellaneda, “donde no había ninguna resistencia, ni siquiera con palos, los que habían entrado estaban auxiliando a los heridos. Le saqué una foto a Darío sosteniéndole la mano a su compañero (Kosteki), después se escuchó un itakazo y las 15 o 20 personas que había en el hall se fueron, pero él se quedó. Entonces ingresaron (el comisario Alfredo) Fanchiotti y (su chofer Alejandro) Acosta”. Kowalewski los vio en la línea de tiro de Santillán en el momento en que lo balearon.
Osvaldo Vaqueiro, de la Municipalidad de Avellaneda, discutió con los policías y llevó en una camioneta al herido hasta el hospital. “Lo tenían rodeado en la vereda como si lo fueran a reprimir.” Y la médica Isabel Maso habló de lo que mientras tanto ocurría en el Fiorito, sitio en el que “por orden de la dirección cerraron la puerta de acceso principal cuando empezaron a llegar los heridos”. Mariano Benítez (Correpi), el periodista Carlos Rodríguez, Pablo Solana, Mariano Pacheco y Hebe de Bonafini cerraron la lista de quienes hablaron sobre la represión.
Las Madres de Plaza de Mayo escucharon los testimonios sentadas frente a la tarima y permanecieron en la protesta hasta la hora en que hacen la ronda de los jueves.
Antes de retirarse, Bonafini pidió al presidente Néstor Kirchner que “entierre el cuchillo hasta donde sea necesario, caiga quien caiga, para encontrar a los culpables”. También consideró que “Kirchner no es igual que Menem ni que Duhalde. Pero lo que promete lo tendrá que cumplir.”
La investigación judicial tiene hasta ahora dos presos, el comisario Fanchiotti y el cabo Acosta, acusados de los homicidios de Santillán y Kosteki. La fiscalía los señaló además por otros ocho intentos de asesinato (como el de Aurora Cividino, quien ayer estaba todavía andando con muletas como secuela de la represión), mientras que hay un policía prófugo hace un año, Carlos Leiva, y cinco acusados de encubrimiento.
En el último mes, cuando Kirchner recibió a las distintas organizaciones piqueteras, les ofreció armar una comisión investigadora para ir a fondo en el tema.
Tras el juicio popular hubo dos actos, sobre dos escenarios distintos, ya que los convocantes sólo habían conseguido acordar como actividad en común la redacción del documento. El Polo Obrero, el Movimiento Territorial de Liberación, el Teresa Rodríguez, el movimiento de Raúl Castells, la CTD Aníbal Verón armaron así un escenario y el MTD Aníbal Verón el suyo. El resultado fue un poco desconcertante para el que no era militante y había ido sin previa información.
En las inmediaciones no hubo operativo policial, salvo algunos hombres que desviaron el tránsito.
Cuando ya atardecía, León Gieco y Víctor Heredia dieron un recital frente a la estación de Avellaneda. A varias cuadras una columna marchaba al local allanado del PC, mientras otro grupo hacía un escrache a la comisaría Primera del distrito.

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Mabel Ruiz, la madre de Maximiliano Kosteki, junto a León Gieco, en la tarde de ayer.
 
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