EL PAíS › TESTIMONIO DE HORACIO PIETRAGALLA CORTI EN EL JUICIO POR LOS CRíMENES EN LA PERLA

“El demonio estuvo donde se torturó”

El diputado, nieto recuperado, describió ante el tribunal la militancia de sus padres y relató cómo fueron secuestrados y asesinados. “Para ellos sólo hubo tortura y desaparición”, dijo. También habló del sufrimiento de sus abuelos.

 Por Marta Platía

Desde Córdoba

“Yo no vengo aquí a decir si la lucha armada estuvo bien o mal sino que había fuerzas militares que tenían todas las facultades para detener, para juzgar y dar todas las garantías –que, paradójicamente, los acusados acá sí tienen–, y no lo hicieron. El derecho que tenían nuestros padres a un juicio justo no lo tuvieron. Para ellos sólo hubo tortura y desaparición”, le dijo al tribunal Horacio Pietragalla Corti, el diputado del FpV que dio testimonio por el secuestro, tortura, asesinato y desaparición de su padre, el militante Horacio “Chacho” Pietragalla, acribillado en Córdoba en noviembre de 1975 por el llamado Comando Libertadores de América (CLA), la banda paramilitar que asoló esta provincia y el Norte argentino antes del golpe de marzo del ’76.

En el juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de La Perla, los represores Luciano Benjamín Menéndez y Héctor Pedro Vergez, alias Vargas, sindicados como los principales responsables del crimen, no se perdieron palabra de lo dicho por este hombre que, en sus casi dos metros de altura, parece encerrar gran parte de la historia más dolorosa del país. Pietragalla Corti es hijo de una pareja de militantes asesinados y desaparecidos por el terrorismo de Estado, y fue uno de los tantos bebés robados por los militares poco después de que mataran a su madre; recién en 2003 pudo recuperar su identidad.

El nieto número 75 –de los 110 que hasta ahora recuperaron las Abuelas de Plaza de Mayo– recalcó que “no hay dudas de que hubo un plan sistemático de robo de bebés. Hubo maternidades clandestinas con embarazadas que luego de parir eran ejecutadas y sus hijos entregados a los familiares y amigos de las fuerzas”. Elegido diputado nacional por el Frente para la Victoria en 2011, este hombre joven, dueño de un tono sobrio y tierno, es integrantes de H.I.J.O.S. y reivindica a la generación diezmada por la dictadura: “Nosotros hacemos de puente entre lo que nuestros padres soñaron para el país y lo que ahora se está construyendo”.

En su declaración, el jueves pasado, Pietragalla Corti comenzó contando el origen de su papá: “El nació en un barrio de la Capital Federal el 3 de agosto de 1948, hijo de Amelia Ventura y de Horacio Pietragalla. A partir de los 13, 14 años, comenzó a tener una vinculación con la militancia política”. Más adelante, militó en la JUP. “Allí conoció a Liliana Corti, mi mamá, y al poco tiempo se casan. Tienen un hijo, Pablito, que poco después muere por una enfermedad. Y luego a Evita... Ella estuvo en incubadora y fallece. Esto lo digo porque la necesidad para ellos era la de parar esa historia que la vida les iba quitando... Muchos creen que la militancia los fue matando; pero yo creo que los mataron los militares, no la militancia. ¡Eso les daba vida! Mi papá, cuando viene el cuestionamiento de que la JUP integrara Montoneros, fue uno de los fieles defensores de pasar a esas filas. Tanto que al poco tiempo lo mandaron a la zona norte de Buenos Aires como responsable político –siguió–. El fue uno de los elegidos para viajar junto al general (Juan Domingo) Perón en la vuelta al país en 1972. Hay una anécdota. La cuento porque creo que tiene que ver con algo más allá de lo personal. Mi papá estaba arriba del avión y lo va a buscar (a su asiento José) López Rega. Lo lleva al VIP donde estaba Perón con su esposa, y el general le dice que iban a llegar a Ezeiza y que la gran concentración de gente iba a ser muy importante para la democracia, pero que podía haber problemas. Le dijo que ‘la consigna era que si (José Ignacio) Rucci tenía el paraguas abierto, estaba todo bien’. Tan es así que el general saca un maletín y le da un arma, y le dice: ‘Yo voy a salir primero por si hay algún conflicto, pero vos tenés que defender a los compañeros’. Por suerte, ese día no pasó nada y todos terminaron en la casa de Gaspar Campos. Pero allí él pudo ver cómo López Rega era el que mandaba todo (...). Mi papá después le contó a la familia que ‘el gran enemigo’ que iban a tener iba a ser López Rega”.

Secuestro y desaparición

Según Horacio Pietragalla Corti, “mi abuelo tenía la ilusión de que mis padres dejaran la militancia y les abrió un negocio. Pero ellos no abandonaron. Mi papá participó en el llamado copamiento de Formosa. Hoy, justo que yo declaro aquí, y claro que no es casual, salió una nota en La Nación escrita por Ceferino Reato, quien también declaró aquí, y que en su libro da una teoría nefasta, la de los dos demonios, que hizo mucho daño al país (...). Yo a eso le respondo que en el único lugar donde pudo estar el demonio es donde se torturó, se secuestró, se violó y se tiraron cuerpos al río”.

El testigo contó que su padre fue secuestrado el 15 de octubre de 1975 junto a Eduardo Jenssen en un bar de Alta Córdoba, La Mundial. Ambos fueron torturados en la D2, y luego los llevaron a una estancia cerca del Tercer Cuerpo de Ejército (La Ochoa, de uso particular de Luciano Benjamín Menéndez). Allí los habrían acribillado, pero los enterraron mal en la zona de Malagueño, cerca del que luego fue el campo de concentración de La Perla. Desde allí, cuando los cuerpos afloraron de la tierra y fueron descubiertos por lugareños, los trasladaron a la morgue del Hospital San Roque. Se sabe que el cadáver de Chacho Pietragalla estuvo en la morgue desde el 8 de noviembre de 1975 hasta abril de 1976, cuando lo arrojaron a la fosa común que los represores abrieron en el Cementerio de San Vicente. “Supimos por el testimonio de los morgueros –continuó el declarante– que era tal la acumulación de cadáveres que las heladeras no daban abasto, y que el hedor llegó a los pisos superiores del hospital, con riesgo (sanitario) para los pacientes y los médicos. Así que de noche y hasta la madrugada venían (los represores) y los sacaban en autos y camiones para tirarlos en la fosa.”

“¿En qué fecha fueron identificados los restos de su padre?”, quiso saber el juez Díaz Gavier. “En julio o agosto de 2003. Cuando encontraron en las fosas comunes del Cementerio de San Vicente un esqueleto de casi dos metros, me llamaron y, paradójicamente, una muestra de mi sangre le devolvió la identidad a mi padre... Hasta hoy me sigue impactando mucho llevar flores a los míos y no tener recuerdos de ellos por culpa de ese plan sistemático de desaparición”, respondió Pietragalla Corti, quien destacó el trabajo de “nuestras queridas viejas, las Abuelas de Plaza de Mayo”, del Equipo de Antropología Forense y el rol del ex presidente Néstor Kirchner, que elevó “los derechos humanos a política de Estado”.

“¿Y cuánto tiempo después del secuestro de su padre fue secuestrada su madre?”, le preguntaron. “A los dos días del secuestro de mi padre, cayó un comando a la casa de mis abuelos paternos. A mi tío Jorge, que tenía 22 años, lo separaron y le dieron una paliza... Ahí mis abuelos se enteran de que mi papá estaba desaparecido. Mi mamá se había mudado y allí fueron a buscarla. Al hermano de mi mamá lo llevaron a la terraza, lo amenazaron y le pegaron. ‘A tu hermana la vamos a hacer mierda, la vamos a disfrutar’, le dijeron. Mi mamá pasó a la clandestinidad. Se empezó a llamar Alicia. Me tuvo el 11 de marzo de 1976. Yo tenía cinco meses cuando pasó a la clandestinidad. Estuve cinco meses con mi mamá. El 5 de agosto de 1976 fue cuando entró el comando... Fue en una casa del partido de Villa Adelina. Hubo una resistencia de cuatro horas. Dicen los vecinos que cuando habían asesinado a todas las personas que estaban adentro, a mí me sacaron... Uno de ellos escuchó que me habían encontrado en la bañera. Que mi mamá me puso adentro de la bañera con almohadones para protegerme, y que me llevaron a la Clínica Mayo porque me sangraba un oído. Ese fue el dato que tuvo mi abuelo materno, que fue a buscarme. Los cuerpos (de su madre y sus compañeros) fueron llevados al Cementerio de Boulogne. Los enterraron como NN. Mi abuelo pudo averiguar eso y con esos datos pudo el EAAF, muchos años después, identificar los restos.”

El trajinar y el sufrimiento de los abuelos es un dolor que aún vibra en la voz de Pietragalla Corti: “Mi abuelo no dejó de buscar a mi papá en la morgue, en medio de ese hacinamiento de cuerpos... Mi papá desapareció en octubre de 1975 y todo esto hizo que mi abuelo, en 1978 y con sólo 53 años, falleciera. Porque si había algo que no les dieron tampoco (a los familiares) fue la posibilidad de sepultar a sus seres queridos. ¡De no torturarlos a ellos también! Las últimas palabras de mi abuelo a mi abuela fueron: ‘Estos hijos de puta me mataron a mis hijos y me están matando a mí’. En cuanto a mi mamá, pasó que el teniente coronel que me entregó a los apropiadores era vecino de mi abuela materna, los Corti. ¡Pensar que ellos se murieron sin poder conocerme, y yo sin poder conocerlos! Ese es el daño que hicieron con las apropiaciones. Ellos sabían dónde estaban nuestras familias, pero nos querían ‘enderezar’”.

El bebé Horacio fue entregado por un militar a su mucama, ya que la familia que lo había pedido primero no lo quiso.

“¿Te acordás el nombre de tu apropiador?”, le preguntó Marité Sánchez, querellante por Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba. “Sí, era el teniente coronel Germán Antonio Tetzlaff. El cuñado de él le había pedido un varón, pero cuando me encontraron a mí su mujer no quiso meterse en problemas, dijo que los iban a meter presos. La mucama de Tetzlaff escuchó todo y dijo que ella me criaría, así que me entregó a la mucama. Me tuvieron un año y medio sin anotarme. Me anotaron como hijo propio de un parto domiciliario. Tetzlaff es el que tenía a Victoria Montenegro, también apropiada. La estaba criando también la persona que me crió a mí... Con Victoria, que tenía el nombre falso de María Sol, nos criamos como primos (...). Ya adolescente yo no entendía por qué el patrón de mi mamá, que era un teniente coronel, era mi padrino... Después lo encontré en los libros que hablaban de él como un torturador del (centro clandestino) Vesubio como ‘el Gordo José’. Así que ahí supe que el teniente coronel Germán Tetzlaff era mi padrino, pero que también un hijo de puta torturador que vivía en mi mismo edificio... Luego fue juzgado en el juicio por el plan sistemático por robo de bebés, en el que también se juzgó a Videla.”

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Imagen: Télam
 
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