EL PAíS › OPINIóN

La historia del CELS, un relato fallido

 Por Isabel Mignone, Mercedes Mignone, Javier Mignone

Recientemente la Editorial Sudamericana publicó el libro Derechos Humanos. La historia del CELS, de Mignone a Verbitsky, de Videla a Cristina, escrito por Santiago O’Donnell y Mariano Melamed. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), como cualquier institución, debe ser estudiado críticamente. No obstante, uno esperaría que una tarea tan importante para nuestra sociedad estuviera a la altura de las circunstancias. Lamentablemente, el libro es de tan baja calidad periodística que desacredita su validez.

Los que escribimos esta nota hemos sido testigos de varios hechos centrales que narran los autores. En las secciones donde se cuentan hechos de los cuales fuimos testigos presenciales o de los que tenemos conocimiento directo, encontramos no menos de medio centenar de inexactitudes puntuales. Si esto fuera extrapolable al resto del libro, de lo que no tenemos certeza pero consideramos probable, la credibilidad de simples narraciones de sucesos es altamente dudosa.

Nos centramos en dos hechos que narran los autores que simplemente no sucedieron y que los autores indirectamente utilizan para una de las premisas del libro. Son hechos acontecidos la madrugada del 14 de mayo de 1976 en que nuestra hermana Mónica Mignone fue secuestrada por la Marina. Los autores primero afirman que durante el operativo Mónica “sugirió escapar por la puerta de servicio”. Después dicen que nuestro padre Emilio Mignone la atajó y le dijo “quedate tranquila y no te escapes, eso lo arreglo yo”. Dos de los que firmamos esta nota estábamos presentes durante el operativo y en ningún momento existió una sugerencia de fuga ni se expresaron los dichos que se relatan. Aún más, están las declaraciones que Mignone realizara bajo juramento durante el Juicio a las Juntas, donde relata con absoluto detalle el operativo y en ningún momento expresa algo parecido a lo que los autores relatan. No nos queda claro por qué se escribieron estas falsedades y es inútil imaginar intenciones. No obstante, sí corresponde opinar sobre el producto. El producto nos presenta algunas posibilidades, que los autores no son periodistas serios o que estas falsedades son parte de una narrativa que destila el libro de reflotar la teoría de los dos demonios, o ambas cosas.

Nos sorprende que se haya escrito este libro aparentemente tan a la ligera. Un texto que construye narraciones con transcripciones de entrevistas sin corroborar con otros testimonios o documentación. Por ejemplo, muchos de los capítulos parecen pastiches armados para sostener premisas previas de los autores, en lugar de usar la evidencia para confirmar o refutar esas premisas. Los autores ignoran uno de los criterios básicos del periodismo profesional, el de triangular con fuentes varias para corroborar lo mejor posible los hechos que se narran. Ni hablar de los pocos intentos de análisis, tan banales que dan pena.

Irónicamente, en nuestra opinión el libro en líneas generales deja bien parada la figura de nuestro padre. Pero eso no es lo que importa. Lo sustancial es que un libro que narre una historia del CELS tenga un mínimo de rigor. En particular hubiéramos deseado, como Mignone a días de su muerte sugirió a quien escribiría su biografía, que se haga con “independencia de criterio, integridad intelectual y amplitud”. Es lamentable que a este libro sobre el CELS le falten precisamente estos principios.

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