EL PAIS › REVELACIONES SOBRE LA APROPIACION DEL NIETO DE SONIA TORRES, EN EL JUICIO POR LA MEGACAUSA LA PERLA

Las piezas de un atroz rompecabezas

Una testigo aportó nuevos datos sobre el cautiverio de Silvina Mónica Parodi, la hija desaparecida de la titular de Abuelas en Córdoba, y apuntó a la complicidad de las monjas de la cárcel de El Buen Pastor y de una ex jueza federal.

 Por Marta Platía

Desde Córdoba

Una vez más, el megajuicio por los crímenes cometidos en La Perla y Campo de la Ribera dio un fruto tan conmocionante como inesperado: la testigo Laura Marrone, una docente de 62 años, reveló nuevos detalles sobre el cautiverio de Silvina Mónica Parodi, la hija desaparecida de Sonia Torres, titular de Abuelas de Plaza de Mayo-Córdoba. Contó que Silvina tuvo un bebé y que lo llamó “Daniel Efraín o Efraín Daniel” Orozco-Parodi; también dejó al descubierto la supuesta complicidad de las monjas de la cárcel del Buen Pastor y hasta de una ex jueza federal. Además, confirmó que Silvina fue confinada en un calabozo clandestino dentro de esa cárcel, un modus operandi que, por otros testimonios en este juicio, se supo que se repitió con ella en la penitenciaría UP1. La llamaban “la hija del aviador”, ya que su padre, Enrique Parodi, había pertenecido a la Aeronáutica.

Este juicio, que será el más largo en la historia judicial cordobesa (comenzó el 4 de diciembre de 2012 y se espera que la sentencia llegue a inicios de 2016), cerró la semana pasada, con la declaración del testigo 581º, la etapa de testimonios de sobrevivientes y familiares de víctimas. En las próximas jornadas seguirán ampliando sus declaraciones los imputados y la etapa de los alegatos, que se extenderá hasta fin de año, comenzará el 9 de septiembre.

En el último tramo, gracias a los testigos que fueron apareciendo ante el estrado, la historia de Silvina Parodi, de 20 años, y de su esposo Daniel Francisco Orozco, de 22, se fue rearmando como las piezas de un atroz rompecabezas. Silvina y Daniel fueron secuestrados el 26 de marzo de 1976 por la patota de Luciano Benjamín Menéndez. Silvina tenía seis meses y medio de embarazo. Desde ese día, nunca dejaron de buscarla.

Hace pocos meses y también en este juicio, se supo que la joven dio a luz a un bebé varón “en perfecto estado de salud”, según declaró el pediatra Fernando Agrelo; en tanto que otra testigo, Silvia Acosta, afirmó que la vio en la Maternidad Provincial y hasta la escuchó parir “el 14 de junio de 1976”. Acosta describió que la joven “estaba muy torturada. Hasta en la pancita tenía marcas de picana, quemaduras de cigarrillos”; que Silvina “no quería que el bebé naciera, se negaba a parir para que no se lo robaran”.

Esta vez ante el Tribunal Oral Federal N 1, cuyos jueces por momentos no pudieron evitar el estupor en sus expresiones, Laura Marrone contó que ella misma fue detenida el 27 de marzo de 1976 y que permaneció hasta el 23 de septiembre en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, en pleno centro cordobés. “Yo nunca vi a Silvina –arrancó–. No estaba entre las 26 que estábamos detenidas como presas ‘especiales’, como nos llamaban. Estuve incomunicada hasta el 15 de julio, día en que me pusieron a disposición del PEN. El 23 de septiembre me llevaron a la UP1 (la cárcel del barrio San Martín) y después a Devoto”, contó la mujer con seguridad. “En ese tiempo mis padres me buscaron por todos lados. Fueron a ver a (el sacerdote Francisco) Primatesta (al Arzobispado, casi enfrente de la prisión) pero él, que iba a El Buen Pastor siempre, nunca les dijo que ahí había detenidas políticas... Fueron las monjas del lugar quienes ante la insistencia de mis padres que golpeaban la puerta todos los días, les dijeron que sí, que yo estaba viva y que estaba ahí. Eso se los voy a agradecer siempre.”

Casi treinta años después y luego de las cárceles de la dictadura, el exilio y el regreso, Laura fue citada a declarar en la llamada causa Díaz, en 2008. “Me citaron en Comodoro Py, en Buenos Aires. Ahí me preguntaron por El Buen Pastor y me mostraron fotos de Silvina Parodi. Yo dije que no la conocía. Que no la había visto. Fue la jueza Cristina Garzón (de Lascano, ex titular del Juzgado Federal N 3). Pero ella me mostró el plano de la Penitenciaría (la UP1), no el del Buen Pastor. Quería saber sobre Silvina Parodi, la hija de Sonia Torres. Cuando volví a casa comencé a pensar por qué los planos de la UP1 y no los del Buen Pastor... Entonces moralmente pensé que debía investigar esa situación. Porque yo me había enterado de la denuncia de Sonia (Torres), y había testimoniado que no la vi... Sentí mucha necesidad de ir a ver a las monjas. Una, porque ellas habían sido generosas con mis padres al decirles que yo estaba ahí. Me habían tratado bien. Otra, para preguntarles por Silvina.”

Monjas con memoria

Marrone indagó sobre el paradero de las monjas que en 1976 estaban a cargo en la prisión y viajó desde Buenos Aires a Molinari, una localidad cercana a Cosquín, donde está el Convento San Camilo. “Fue en 2008. Entré y me encontré con la madre Angélica Olmos Garzón. Ella se acordaba de mí, de mi papá... Se acordaba de las 26 (prisioneras especiales). Tenía una memoria más prodigiosa que la mía. En un momento le dije: ‘Madre, ¿sabe que yo estoy buscando a Silvina Parodi?’. Su tono cambió. Toda la dulzura cambió. Ella dijo: ‘¡De esas subversivas no quiero saber nada!’ Y le dije que tal vez la conocía como Silvina de Oroz. Y ella me corrigió: ‘Orozco’. Sí que se acordaba...”

–¿Y qué pasó entonces? –preguntó la querellante Marité Sánchez.

–Había varias monjas ahí. También una sobrina de ella. Le pidió que me entregara una carta que nosotros (las ex presas) le habíamos enviado a ella agradeciéndole de su buen trato. Y me dijo: “Denle esta carta a Cristina”. Y yo, ¿a quién, a su sobrina Cristina Garzón de Lascano, la jueza? “Sí”, dijo ella.

“Antes de irme, me dijo que (a Silvina) la tenían en una piecita contra la calle Buenos Aires (a la que sólo ingresaban militares) y que los médicos deberían saber. Como me quedé con dudas, volví el 25 de mayo de ese mismo año. Recuerdo que las monjas estaban en una ronda esperando para almorzar y festejaban el cumpleaños de una que cumplía cien... Y de nuevo, en un tono fraternal, la madre Angélica (Olmos Garzón) que usaba celular, me dio su número, y charlamos. Estaba perfectamente lúcida. Le dije: ‘Madre, tengo una noticia. Apareció una chica, una novicia, y dijo que estuvo con Silvina en el calabozo en El Buen Pastor. Que al bebé le puso Daniel Efraín o Efraín Daniel’. Ahí aparece una monja y dice: ‘¡Ah sí, yo les llevaba la comida a esas chicas, a la Silvina, la hija del aviador, y a la novicia!’ Sí, les dije. La chica desapareció y estamos buscando al hijo. Esa monja se llamaba Nilda Herrera, era la vicedirectora. Entonces la miré a la madre Angélica y le dije: ‘¡Madre!’; y ella: ‘Perdoname, perdoname, perdoname... vení otro día’. Cuando me estaba yendo, la madre Nilda (Herrera) me dijo: ‘Hay un chico en Río Cuarto que estudia medicina...’. Y yo: ‘¿Qué me quiere decir, que es el hijo de Silvina?’ Y ella: ‘No te puedo decir... no te puedo decir...’.”

Muro de silencio

Angustiada por las revelaciones de las monjas, Marrone pidió ampliar su declaración en los tribunales federales de Córdoba. “Yo le pedí a la jueza Cristina Garzón que me recibiera. Fue en 2009. Cuando empecé a declarar lo que me dijo la madre Nilda Herrera, la secretaria se quedó dura y me dijo ‘¿usted sabe lo que está diciendo?’. Y yo, sí, lo que no entiendo es por qué no interrogaron a las madres (monjas). ‘Porque la jueza nos dijo que tenían Alzheimer...’ Y les dije ¡pero si leen el diario, usan Internet y están muy lúcidas! Llamaron a la jueza. Ella estaba muy incómoda. Recuerdo que me dijo: ‘¿Su mamá está muy viejita, no?’ Yo le contesté que mi madre estaba ahí, conmigo. Lo sentí como una intimidación.”

–¿Y qué pasó después? –quiso saber el juez.

–Fui de nuevo a ver a la madre Angélica al geriátrico. Le dije que no podía llevarse a la tumba el secreto de Silvina Parodi. Que Sonia Torres tenía el derecho de saber qué había pasado y que tenía que recuperar a su nieto. Ahí empezó a simular que no podía hablar... Antes de salir, vi a una monja llamada Asunción. Le pregunté si se acordaba de mí. Me dijo que sí. Le conté que estaba buscando a Silvina Parodi, que estaba con una novicia... Y me dijo: ‘¡Esa no tenía vocación!’ Pero y la otra prisionera, Silvina, ¿qué pasó con su bebé? ‘Y, al bebé se lo deben haber dado en la Casa Cuna’”, contestó.

En la sala, las cámaras enfocaron a Sonia Torres que, como siempre, intentó no perderse ni una palabra. A sus 87 años, la mirada atenta, los labios apretados y “ni una lágrima porque ya hemos llorado suficiente y no sirve para nada. Vamos sin odios ni lágrimas para poder seguir buscando. No tenemos mucho tiempo”, dijo y repitió para este diario a la salida, pero también como para sí misma.

Clandestina

Para el fiscal Facundo Trotta, ha quedado acreditado por “varios de los testimonios que Silvina Parodi habría estado secuestrada y confinada en calabozos clandestinos que existían en las prisiones. Tanto en la UP1, donde se hizo un reconocimiento de calabozos subterráneos que no se conocían; y en El Buen Pastor, según ésta y otras declaraciones”. Trotta recordó que “Silvina fue vista por el pediatra Fernando Agrelo ahí con su bebé, y luego el bebé solo en la Casa Cuna, con lo que también sabemos que efectivamente la criatura nació y que habría sido apropiada”. En cuanto al testimonio de Laura Marrone, el fiscal dijo: “Lo importante es que en esa oportunidad las monjas que estaban en El Buen Pastor le reconocen no solamente la presencia de Silvina en ese lugar; sino el nacimiento del hijito”.

Desde que comenzó este juicio, que es el primero por robo de bebés en Córdoba, ha llamado la atención que Silvina Parodi fuese vista por muy pocos sobrevivientes y siempre de modo fugaz. A lo largo de las ya 254 audiencias, lo que se ha podido reconstruir del destino de la joven, su marido Daniel Francisco Orozco y del bebé de ambos –que ahora se sabe fue llamado Daniel Efraín–; es que luego de secuestrados en la tarde del 26 de marzo de 1976 fueron llevados a La Perla. Allí fue vista por una sobreviviente, Graciela Olivella, quien atestiguó haberse duchado con ella mientras un gendarme las vigilaba. Que el propio gendarme le advirtió a Silvina “el agua está muy fría, se te va a salir una patita (por el bebé en su panza)”. Y que en ese breve encuentro Silvina le dijo “esperanzada” que la llevarían a El Buen Pastor para tener a la criatura.

Daniel Orozco no habría sobrevivido mucho tiempo en La Perla. Se supo también por testigos que Silvina contó, durante su cautiverio, que lo habían torturado delante de ella y que eso “la había deprimido y angustiaba mucho”.

Tanto en El Buen Pastor como en la UP1 mantuvieron a “la hija del aviador”, como la nombraron las monjas, en la clandestinidad. Apartada de las demás presas políticas. Varias detenidas en el Pabellón 14 de la UP1, contaron cómo un día las cancerberas gritaron el apellido de Silvina para entregarle ropa para ella y de bebé que Sonia Torres había llevado a la prisión con la esperanza de que su hija estuviese allí. “Si te recibían las cosas era que estaba”, contó Sonia. Pero si eso fue así, no estuvo nunca con las demás.

Años después un sobreviviente, Luis “Vittín” Baronetto, aportó pruebas de los calabozos subterráneos de esa prisión durante la dictadura. Constatada la existencia de esas mazmorras bajo el nivel del suelo, se concluyó que por eso fue que en la UP1 se recibió la ropa destinada a Silvina: porque estaba allí. A ella y a otros cautivos los mantuvieron clandestinos.

La hermana menor de Silvina, Giselle Parodi, que por aquellos años era voluntaria en La Casa Cuna, quiso llevar a un pequeño para cuidar un fin de semana. Pero una de las monjas de allí, Asunción Medrano, le dijo: “¿Para qué si con el bebé de Silvina vos y tu mamá deben tener un montón de trabajo?”. Fue entonces que la familia supo que ya había nacido. Giselle logró que Medrano la acompañara “un domingo a El Buen Pastor para preguntar dónde estaban su hermana y el bebé”. Allí las recibió una religiosa a cargo que “se fijó en un cuadernito de tapas negras y le dijo a la hermana Asunción: ‘Estuvieron acá ella y su bebé, pero ya se los llevaron’, atestiguó Giselle. Cuando le preguntaron quién era la monja a cargo en la Casa Cuna, Parodi respondió que se llamaba Monserrat Tribo. Que ella, “el doctor Funes Camping y la asistente Laura Caligaris de Agüero estaban a cargo de todo”. El fiscal pidió que se los cite a declarar.

Sonia Torres fue a ver al director de la Casa Cuna. “El doctor Funes me dijo que volviera en una hora y media. Que me entregaría al bebé atestiguó ante el tribunal. Llegamos (ella y Giselle) con el moisés listo, y este hombre, el doctor, nos dijo que ya se lo habían llevado”.

Las aseveraciones de la testigo Marrone reavivaron aún más la búsqueda que sostiene desde hace más de 39 años la Abuela de Plaza de Mayo Sonia Torres. En las redes sociales se reprodujeron las fotos de Silvina y Daniel, todo lo cual días atrás recrudeció cuando declaró en el juicio la presidente de Abuelas a nivel nacional, Estela de Carlotto: “Está claro que aquí hubo un plan sistemático de robo de bebés. Esto fue un plan perfecto. No fue casualidad –afirmó ante el juez Jaime Díaz Gavier–. Entregaban a los chicos como el botín de una guerra que no existió”.

A la salida de su testimonio, ya en rueda de prensa junto a las Abuelas Sonia Torres y Emi Villares de D’Ambra, Carlotto sostuvo: “Sonia va encontrar a su nieto porque no está sola. Los que saben, que hablen” dijo y pidió: “Cuídenla. Es una luchadora, estamos juntas desde que comenzó todo esto”.

Familia poderosa

“No tengo dudas de que la jueza Cristina Garzón de Lazcano no tuvo voluntad de investigar lo sucedido con el nieto de Sonia Torres. Por investigaciones y por declaraciones de testigos, ese bebé fue entregado en adopción a una familia del poder, y en esto estuvieron implicados la Iglesia, la Justicia y los militares”, le dijo Laura Marrone a Radio Universidad apenas salió de dar testimonio ante el tribunal oral.

Puestos a hilar lo que se ha escuchado durante estos casi tres años de juicio, hay preguntas que resuenan aún más que las revelaciones: ¿Por qué tanto secreto con Silvina Parodi durante su cautiverio? ¿Por qué no la pusieron junto a las demás presas que estaban embarazadas y hasta tuvieron a sus bebés algunos días junto a ellas?

En el caso de Silvina, los represores tal vez tuvieron en cuenta que la joven era hija de un ex militar de la aviación, y que ella misma había sido campeona argentina de natación en 1972. Que si bien era “rebelde” y su nombre había sido entregado a Menéndez en una lista que incluía a 19 alumnos de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano por el interventor Tránsito Rigatuso, también había logrado brillantes notas en sus estudios. De hecho, estaba cursando Economía cuando la secuestraron. Su hijo era un bebé “nieto” de militar y salido del vientre de una mamá de intelecto sobresaliente y con un cuerpo de atleta. Nada menos que el botín perfecto de una guerra que –tal como subrayó Estela de Carlotto ante un Menéndez que pretendió intimidarla sentándose en primera fila– no existió.

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La titular de Abuelas, Estela de Carlotto, y Sonia Torres, con Emi Villares de D’Ambra.
Imagen: Mechi Ferreyra
 
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