EL PAíS › DANIEL SCIOLI HABLA DE UN CONGRESO SIN SOBORNOS

“El Senado no tiene retorno”

Con un juego de palabras, el vicepresidente promete transparentar la cámara. Asegura que la pelea con Kirchner está superada y defiende su acercamiento al establishment. Toma distancia de Fidel, reivindica a Ocaña y a Argibay, se opone al aborto.

 Por Diego Schurman

Una bandera argentina. Un cuadro de Bernardo Quiroz. Y una copita de Coca-Cola bien helada sobre la mesa. Pero lo que más llama la atención en el Salón Gris del Senado es un antiguo reloj de pie, detenido hace quién sabe cuánto en las 11.38.
–Buenaaaaaaaaaaaaaas ¿cómo va? –entra Daniel Scioli como una tromba, pasando delante del carillón del Burden Bros Salisbury.
En verdad son, y se saca la duda pispiando su reloj de mano, las 19.45. Hace mucho calor. Y el vicepresidente pide encender el aire acondicionado. Se muestra hiperkinético. Gesticula. Se sienta, se levanta. Habla, habla y habla. No lo detiene ni el sopor de la tarde, ni el dolor de boca que le acaba de provocar un tratamiento odontológico.
–Parece que revivió, que recuperó la voz.
–Como secretario de Turismo y Deporte yo tenía que tener protagonismo en los medios. Ahora hablo sólo cuando tengo que hablar.
–Usted se había rendido al silencio, y no por propia voluntad.
–Bueno, no era momento de hablar.
–¿Después de la pelea, Kir-
chner le pidió menor exposición?
–No, para nada. Es un mito. Los ministros no tienen que consultar a Kirchner antes de hablar. A mí siempre me dejó libertad de acción.
–Pero en su momento, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, admitió que con usted estaba “todo mal”.
–Habrá sido puntualmente sobre la interpretación por el tema tarifas.
–Usted decía que iban a aumentar, y Kirchner decía que no.
–Al día de hoy los integrantes del coloquio de Idea le pueden decir que yo nunca dije que debían aumentar. Eso se desvirtuó.
–También dijo que en un “país serio” no debían derogarse las leyes de impunidad.
–Eso era lo que se estaba diciendo en el Senado. Había una polémica y yo planteé que existía esa polémica, nada más.
–En aquel momento, mientras Kirchner le pegaba al establishment, usted viajaba a Wall Street y a Miami, se abrazaba con Rockefeller...
–...bbbbueno, la realidad es que hoy se logran inversiones.
–¿Me dice que hoy se reúne con empresarios sin la venia de Kir-
chner?
–Yo, como presidente del Senado, atiendo a senadores norteamericanos, a sectores productivos, a organizaciones empresarias, a todos.
–No se va a limitar a “tocar la campanita” en el Senado.
–No, yo no me conformo con tocar la campanita. Cuando el Presidente me elige a mí de compañero, me elige porque soy una persona de acción, activa, que tengo relaciones internacionales, que hablo cuatro idiomas...
–Y, sobre todo, que daba bien en las encuestas.
–Sí, es verdad. Cuando me medían daba bien.
Giro a la izquierda
Una pausa. Scioli recién da su primer sorbo. Pide permiso para incorporarse. Se acerca a la ventana que da a la Plaza del Congreso. Mira el cuadro de Quiroz, e inmediatamente vuelve a la cabecera de la mesa. Vuelve a gesticular, vuelve a hablar, y a hablar.
–¿Además de hablar con la prensa, volvió a hablar con Kir-
chner?
–Sí. Pero ojo que no tuve una discusión, como se quiso instalar...
–... fue peor que eso...
–... hubo gestos y poses, pero yo, interpretándolos, y con mucho respeto, entendí la situación. Tenemos una responsabilidad institucional.
–¿Han vuelto a tener reuniones de tipo familiar, como en la campaña?
–Sí, sí. Yo admiro a Kirchner. No es un tipo que esté en la rosca política, en esos debates interminables, de grandes tertulias. El es un tipo de decisión, de acción. Y eso es lo que a mí me gusta.
–Usted es un pragmático.
–... no me gusta esa palabra, soy de acción.
–Cuando desde Estados Unidos se dijo que la Argentina estaba dando un “giro a la izquierda” por su política hacia Cuba, usted respondió que el país “no se va ni a la izquierda ni a la derecha sino hacia adelante” ¿no?
–Sí.
–¿No es un intento de desideologizar un debate claramente ideológico? Hasta donde sé, Kir-
chner no cree en la muerte de las ideologías.
–No. Se puede tener un preconcepto sobre eso. Pero acá hay que ver qué decisiones hay contra el capital. Kirchner tiene una concepción moderna del Estado, no obsoleta. Con un Estado que contenga e intervenga.
–Cuando hablo de su pragmatismo o su desideologización, me refiero a su tránsito desde el menemismo al kirchnerismo sin escala.
–Yo empecé en el ‘98 mi carrera política. Y yo estuve al servicio del peronismo, porque también trabajé con Rodríguez Saá y con Duhalde.
–¿Pero reconoce que no es lo mismo Menem que Kirchner?
–Sí, por supuesto.
–¿Hace mucho que no habla con Menem?
–Desde octubre del 2002.
–Duhalde lo quiere como sucesor de Ibarra en la Capital.
–Sí. Toda mi carrera política la hice en Capital.
–¿Es una asignatura pendiente ser jefe de Gobierno porteño?
–Sí. Yo estaba encabezando una lista y tenía una buena intención de voto. Y por eso mismo tuve que dejar esa candidatura para pasar a otra, la de vicepresidente. Pero también es una asignatura pendiente reorganizar al peronismo de la Ciudad de Buenos Aires.
–Por ahí, si Kirchner tiene chances de ser reelecto usted lo acompañe.
–(Se ríe.)... Falta mucho. La gente quiere que le resolvamos los problemas, no que hablemos de esto. Por favor.
Sin retorno
Pide apagar el ruidoso aire acondicionado. Quiere que lo escuchen bien. Scioli será presidente del “nuevo Senado”, del que le tocará presidir. Tiene a su favor el pasado reciente de ese cuerpo, harto sospechado de corrupción. Y aunque los nuevos apellidos no lo son tanto –Ruckauf, Saadi, etc.–, el vice está convencido de que habrá un cambio de etapa.
–¿No habrá sobornos en el nuevo Senado?
–(Piensa largamente, y arranca con un juego de palabras.) El cambio en el Senado no tiene “retorno”. Con Kirchner hay un punto de inflexión. Lo que nosotros queremos es hacer de esta institución una institución transparente, donde no haya ninguna posibilidad para ese tipo de manejos.
–¿Tuvo sospechas de la existencia de sobornos en el Senado?
–Desde el 25 de mayo no.
–¿Antes del 25 de mayo?
–Yo no estaba en el Senado.
–Pero tiene oídos.
–Se dice de todo. Cuando me mudé al Abasto me decían: “¿Te vas a vivir al Abasto? Uhhhhh”. Yo lo que tengo que hacer es cambiar la percepción que la sociedad tiene del Senado. Y eso se hace con trabajo.
–¿Le cree a Pontaquarto?
–No. No me puede sorprender que se hable de estas cosas. Y hay que aclararlo porque es de una gravedad institucional terrible. Y la Justicia está trabajando con rapidez para deslindar responsabilidades. Vamos a ver qué pasa. Yo, como presidente del Senado, no puedo prejuzgar.
–¿Se conformaría con ser el presidente de un Senado donde no pesen sospechas de sobornos?
–No. Quiero hacer más. El Senado tiene que ser noticia por las leyes que aprueba, por el debate que da. No sólo porque no haya sobornos.
Fidel, Bush, y los ‘70
–¿Cómo evalúa la relación con Estados Unidos?
–Creo que ganamos... ganamos... –...¿ganamos por nocaut?
–(Se ríe.) No, no. Creo que ganamos respeto. Se vio que no hay que decir sí a todo. Y esto lo empecé a notar en los últimos viajes que hice. En México, Panamá y Alemania. Y es un reconocimiento al liderazgo de Kirchner. A él se lo conoce por lo que dice y por lo que hace. Sobre todo por cómo maneja el tema de la deuda. Así, contra todo lo que se dice, el tema no es hacerse el guapo ni arrodillarse. Hay que defender con dignidad a la Argentina. Kirchner cumple lo que firma.
–¿Le gusta más este tipo de relaciones que las “carnales”?
–Sí, por supuesto. Y nos van a traer muchos más beneficios.
–¿Qué opina de Fidel Castro?
–(Silencio.) Yo quiero mucho al pueblo cubano. El cubano tiene una simpatía muy particular...
–Le pregunté de Fidel no del pueblo cubano.
–(Otro silencio, largo)... evidentemente cuando se llega al tema de los derechos humanos es un tema delicado. Yo me reservo la opinión.
–Usted es un hombre con buenos vínculos en la Florida...
–Yo viajé por muchos lugares de Estados Unidos, no sólo a Miami.
–Hebe de Bonafini lo calificó alguna vez de “gusano”.
–No. Nunca escuché eso. Yo soy respetuoso de Hebe de Bonafini.
–Hay gente que ve que usted se acomoda al momento. Que en el menemismo era un ultraliberal y que ahora se amolda a Kirchner...
–Son otros tiempos. La Argentina cambió, yo cambié. Quiero recordar que yo enfrenté en una fórmula a Menem. Como secretario de Turismo recorrí el país, y pude interpretar lo que estaba buscando la gente, un cambio.
–En los ‘70 Kirchner militaba en la JP, usted estaba lejos de eso.
–Sí. Yo iba al colegio Carlos Pellegrini. Era una época difícil ya que dependía de la Universidad y estaba sumamente politizado el ambiente. Pero yo estaba afuera de ese mundo. Yo me dedicaba al estudio y, desde los 15 años a trabajar.
–¿Su primer voto a quién fue?
–En el ‘83 voté a Alfonsín. Mi viejo trabajó en su campaña. Mi familia era independiente, pero mi viejo había hecho una buena relación con Alfonsín.
–¿En qué piensa distinto a Kirchner?
–Con Kirchner seguro pensamos distinto en muchos temas. Pero nos complementamos. Y sumamos, no restamos.

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