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Pajarito Suárez Mason, esposado, paseó su desazón por Comodoro Py

Cabizbajo, arrastrando los pies el represor fue a declarar ante Urso. Bielsa también compareció. Urso y Torres se sumaron a Ballestero y revocaron la prisión domiciliaria del genocida.

 Por Irina Hauser

El represor Carlos Guillermo Suárez Mason caminó arrastrando los mocasines, con las manos esposadas, por el pasillo desierto del cuarto piso de los tribunales de Retiro. Fueron cerca de cien metros, con pasos ínfimos, en que lo escoltaron dos carceleros del Servicio Penitenciario Federal (SPF). Iba mirando al piso, con la espalda encorvada y la cara rígida. Había pasado la noche en el Complejo 2 de Marcos Paz, una prisión común y corriente. Fue a parar ahí el martes cuando el juez Jorge Ballestero revocó su arresto domiciliario por haber salido para festejar su cumpleaños ochenta, con ayuda del embajador de Ecuador, en el Club Argentinos Juniors. Ayer a la tarde el juez Jorge Urso tomó la misma decisión después de indagarlo. Pajarito le dijo que nunca abandonó su casa salvo para ir al médico, pero Su Señoría no le creyó nada. Un tercer juez, Sergio Torres, también le quitó el confort de la detención hogareña.
Horas antes de la llegada del ex jefe del Primer Cuerpo de Ejército al edificio de tribunales, aparecía primero, al mediodía, el canciller Rafael Bielsa. Urso lo citó como testigo por ser quien promovió la denuncia contra el ex militar por haber burlado las reglas de su detención. El Ministerio de Relaciones Exteriores había recibido un fax anónimo que describía la travesura del ex militar con bastantes datos.
El canciller recapituló ante el juez lo que ya conocía todo el país. El texto que llegó a sus oficinas diplomáticas –explicó– decía que un auto Audi, con patente diplomática CD0027, había parado en la puerta de la casa de Suárez Mason en Barrio Norte el viernes 23 por la noche, que él se subió y que el vehículo lo llevó de regreso a la 1.30 de la madrugada del 24. Resultó que el coche pertenece a la embajada ecuatoriana y, por ende, Bielsa se comunicó por teléfono con su titular, Germánico Molina, removido por orden de su país pocas horas después. El propio embajador había ido a visitar a Pajarito para homenajearlo por su cumpleaños, según le contó al canciller, que no salía del asombro al escucharlo. De ahí fueron, precisó el ecuatoriano, a una fiesta en un predio del Club Argentinos Juniors, del que el represor fue históricamente fanático. La celebración estaba organizada por el empresario Emilio Asad, otro histórico del club de La Paternal que alguna vez aspiró sin éxito a ser su presidente.
Suárez Mason, que entre 1976 y 1979 controló cuarenta y dos centros clandestinos de detención, gozaba igual que otros genocidas mayores de setenta años (como Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Reynaldo Benito Bignone) del beneficio de la detención domiciliaria. Ayer fue a darle explicaciones a Urso vestido con una camisa escocesa de fondo blanco y una campera de lona gris. Las esposas le tocaban los puños de la ropa. En el despacho ya lo estaba esperando su abogado, Adolfo Casabal Elías, un hombre al que le gusta repetir una y otra vez términos irritantes como, por ejemplo, “subversión” y justificar la represión durante la dictadura.
Una vez que abrió el pico, Pajarito le aseguró al juez que el 23 de enero no salió de su domicilio, pero reconoció que estuvo parado en la puerta con su amigo Asad y también con Molina. La fiesta, dijo, se hizo el 24 en su propio hogar. Su defensor pidió que lo trasladen a otra cárcel alegando que padece isquemia, una patología cardíaca, y que debe hacer una gimnasia especial. Para eso, de hecho, venía teniendo permiso para ir al Hospital Naval tres veces por semana. Después del interrogatorio le pidió a su letrado que llamara a su familia y que le leyera una carta donde les decía que estaba bien.
Urso resolvió lo que le habían pedido los fiscales Eduardo Freiler y Federico Delgado y lo que, en realidad, ya había dispuesto su par Ballestero el día anterior: que Suárez Mason fuera a una cárcel y que el SPF definiera a cuál. Ni siquiera le tocó una dependencia militar.
En el Complejo Penitenciario Federal 2 de Marcos Paz, donde fue trasladado, el genocida zafó de pasar su primera noche en una celda y estuvo en el sector hospitalario. Igual que a Ballestero, a Urso le alcanzaron las explicaciones de Bielsa y la decisión de Ecuador de retirara Molina de su cargo y mandarlo volando de vuelta a Quito, donde ya está desde el martes.
Suárez Mason cumple detención por varias causas. En la que instruye Urso fue arrestado en 1999 por la apropiación de menores hijos de desaparecidos durante la dictadura, como parte de un plan sistemático. Se le imputó una docena de casos. En la que comanda Ballestero, se investiga la desaparición de una veintena de militantes montoneros. En ese expediente, según funcionarios que lo conocen, hubo denuncias previas del Patronato de Liberados porque no habían encontrado al ex militar en su casa las veces que fueron a verificar si cumplía con las condiciones de encierro. En ese entonces el caso estaba a cargo de Claudio Bonadío, que no hizo nada. En tercer lugar, el juez Torres también le revocó arresto preventivo que tiene a raíz de los reiterados pedidos de extradición solicitados por Alemania, por la desaparición de dos ciudadanos de ese país durante la dictadura argentina.
En 1984 Suárez Mason huyó a Estados Unidos para evitar los juicios por violaciones a los derechos humanos. Lo extraditaron en 1988, pero luego Carlos Menem le concedió un alivio con el indulto, un beneficio que se encuentra cuestionado ante la Justicia en pedidos de extradición europeos. Hoy vuelve a estar cercado y también bajo la lupa en la causa del Primer Cuerpo reabierta después de la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Sólo le queda pichulear comodidades.

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Rafael Bielsa testimonió ante Urso y contó cómo conoció la salida de Suárez Mason.
 
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