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Alfonsín fustigó a Kirchner y al peronismo en una cena a su medida

Era una cena radical, por la concurrencia, por el homenajeado y hasta por el menú. Su figura central, Alfonsín, reivindicó el Juicio a las Juntas y le pegó duro a Luder, el PJ y hasta a Kirchner.

 Por José Natanson

“¿Qué juicio hizo el justicialismo con los asesinatos de Trelew? ¿Qué juicio se hizo luego de la matanza de Ezeiza, con José López Rega y la Triple A? Nosotros, con el Juicio a las Juntas, hicimos lo que no se hizo en ningún lugar del mundo.” Indignado, elevando al máximo una voz que ya no es lo que era, Raúl Alfonsín respondió así a Néstor Kirchner, que había perdido perdón en nombre del Estado argentino por los veinte años de silencio. Fue el martes por la noche, en una cena nostálgica en la que los radicales buscaron levantarse la autoestima recordando los años de oro.
Aunque había sido convocada antes del discurso de Kirchner en la ESMA, la reunión se terminó convirtiendo en un acto de desagravio al ex presidente.
Alfonsín comenzó su discurso recordando los meses previos a las elecciones del ‘83. “Había tres formas de considerar el tema de los derechos humanos: juzgar a todos los que han delinquido, cosa que no se podía hacer; no juzgar a nadie; o establecer niveles de responsabilidad, que es lo que hicimos. Así pudimos discernir entre los que dieron las órdenes, los que se excedieron en su cumplimiento y los que actuaron como si esas órdenes fueran legítimas, a quienes pensábamos no castigar.”
“Así llegamos al juicio”, continuó Alfonsín. “Fue un hecho histórico. Repasemos lo que se hizo en España con los crímenes del franquismo, en Italia, en Latinoamérica: nosotros fuimos el único país que no hizo un pacto de impunidad”, agregó. En realidad, lo que se le cuestiona no es el Juicio a las Juntas sino las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que el ex presidente justificó por las presiones militares.
Lo escuchaban 200 militantes enfervorizados, cada uno de los cuales pagó 25 pesos para participar de la cena, realizada en un lugar típicamente radical (el restaurante Lalín) con un menú típicamente radical (jamón con ensalada rusa y pollo con papas). El encuentro fue organizado por la línea interna que orientan el veterano Victorio Bisciotti y el hijo del ex presidente, Ricardo Alfonsín, y que lleva el curioso nombre de RATACA (Radicales para el Cambio).
Además de nostalgia, se respiraba un clima de enojo con Kirchner. No era un reflejo gorila, sino una crítica puntual al discurso de la semana pasada. “¿Quién, en la historia argentina, hizo lo que hizo la UCR, con la CONADEP y el Nunca más? Nosotros quisimos que el justicialismo pusiera una representante, pero no quiso estar. Luder había dicho que había que respetar la ley de autoamnistía. Y después, los que tanto critican las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, ¿dónde estaban cuando Menem firmó los indultos?”, se preguntó Alfonsín.
En el fondo del salón, un grupo de jóvenes de la Juventud Radical agitaba banderas y arremetía con un cantito tras otro. “Sigue, sigue, sigue el baile/al compás del tamboril/los milicos fueron presos/en los años de Alfonsín”, gritaban.
Alfonsín repasó algunos de sus fantasmas favoritos: las asambleas (“¿adónde iríamos a parar si nos gobernaran las asambleas?”), los partidos políticos (“el Presidente no los tiene en cuenta”) y el juez Baltasar Garzón (“Se lanza con fuerza contra nosotros pero no lo hace contra ningún otro país, y menos contra Estados Unidos”). Finalmente, envalentonado por los cantitos, encorvado pero con los gestos de siempre, cuestionó al Presidente. “Esta política de confrontación impide que el Gobierno dialogue con los políticos”, se quejó Alfonsín, y se retiró contento luego de unas tres horas de puro apoyo radical.

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Raúl Alfonsín habló ante 200 invitados que pagaron un cubierto de veinticinco pesos, en Lalín.
 
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