EL PAíS

Desgaste y agua para los piqueteros, pero no balas

El Gobierno sostiene que ahora la Policía Federal responde a los mandos políticos y eso le permite más firmeza, pero no usará balas de goma ni agentes de civil. Combinará saturación con desgaste.

 Por Sergio Moreno

El asunto preocupa al Gobierno por su difícil resolución, por el impacto que tiene sobre la sociedad porteña y porque, junto con la inseguridad, es la herramienta con que la derecha intelectual ha vuelto a renacer. Resolver el conflicto con los piqueteros, saben en la Casa Rosada, no es fácil. Hay quien asegura cerca de Néstor Kirchner que “sólo se solucionará cuando este sea un país más justo, con más trabajo y mejor repartición del ingreso”.
Amén de estos pareceres, en el aerópago oficial coinciden con que la faena desarrollada ante las últimas marchas está dando los resultados que ellos esperan. Y se empecinan en afirmar que no ha habido cambio de política al respecto. “Lo que se ve como un cambio tiene que ver con la evolución natural de las cosas. Pasaron un límite, por una parte, y por la otra, ya estamos manejando a la policía. Lo que sigue es muy parecido a lo que se vio”, aseguran.
El episodio vivido hace diez díaz en Plaza de Mayo, cuando un grupo de militantes de Quebracho tumbó las vallas de seguridad, marcó una bisagra en el tratamiento oficial para con los grupos de piqueteros más intransigentes con el Gobierno. En los despachos centrales de la Casa Rosada niegan que haya habido tal cambio. Lanzados al eufemismo, sostienen que las acciones adoptadas “tienen que ver con la evolución natural que estaban sufriendo las cosas. Esa evolución ocurre tal como lo estábamos pensando. Coincidió un punto límite: lo de (Raúl) Castells en Chaco, tomando un Casino, o los del MIJD y Quebracho la semana pasada en la Plaza. Llegaron al límite”, dice un cercano colaborador presidencial, ducho en negociaciones con estos grupos.
El hombre recuerda que además de Quebracho, los militantes del MIJD, de Castells, “fueron funcionales a los problemas en la Plaza, porque cuando Quebracho saltó sobre las vallas, ellos los siguieron. Así se los hicimos saber”.
El confidente de este diario sostiene que el Gobierno demostró largamente que no era violento, que la represión que suelen pedir desde varios medios de comunicación no será tal como esos grupos anhelan, y que la presencia policial ante la protesta es de prevención. “Saturamos los lugares con policías, eso da resultado. Pasó esta semana en las boleterías de Constitución: saturamos con policías y los grupos piqueteros que venían a bloquear las boleterías no lo pudieron hacer. No pasó nada, todo funcionó como corresponde y no hubo incidentes”, se congratula el funcionario. Para el hombre, esta actitud oficial fue posible por el cambio de circunstancias y de clima alrededor del fenómeno piquetero. “Si sacábamos a la policía a la calle hace un año atrás, nos colgaban, hubiese sido una provocación. El escenario se modificó y fue necesario un cambio de modalidad para enfrentar el fenómeno”, abunda.
El equipo de Kirchner atribuye, además, la posibilidad de que la Federal tenga una actitud más activa ante la protesta habida cuenta de que han conseguido que la fuerza de seguridad actúe según los deseos de las autoridades. Un secretario de Estado de confianza de Kirchner lo explica de esta manera: “Podemos actuar con un poco más de firmeza porque poco a poco vamos manejando a la policía, tal como queremos. (Los uniformados) van sin armas. El otro día (en los incidentes de la Plaza de Mayo) hubo un par de tiros de balas de goma. No habrá más. El Presidente quiere que haya agua, camiones hidrantes, no balas de goma. También actuaron policías de civil. Tampoco habrá más. Kirchner los quiere identificados. Aníbal (Fernández, ministro del Interior a cargo ahora de las fuerzas de seguridad) va generando las condiciones para que la policía esté más a tono con lo que queremos”. El asunto no es menor, si se recuerda que el Gobierno ha expresado muchas dudas en el pasado acerca de la eficiencia policial en caso que deba reprimir sin producir víctimas. “Acuérdese de que (el ex jefe de la Policía Federal Héctor) Prados y después (el ex ministro de Justicia y Seguridad Gustavo) Beliz se fueron porque la policía quería llevar armas de fuego a las marchas. Armas no van a llevar nunca más”, categoriza la fuente oficial.
Masividad
Otro asunto que el Gobierno sigue atentamente es la masividad de las movilizaciones y concluye que las fuerzas movilizadas van menguando marcha a marcha. Sobre el asunto afirman que “los piqueteros (el Bloque Piquetero, que es quien más marchas hace) cada vez mueven menos gente. Una cosa hubiese sido actuar como lo hicimos en la Plaza de Mayo ante cinco mil personas y otra como fue, ante 500, de los cuáles sólo 100 hicieron quilombo. Ellos ven que su gente ya no le responde como antes”.
Para los estrategas oficiales la presencia cada vez menor de piqueteros en las movilizaciones responde, en primer lugar a la intensidad y ritmo con las que se hacen (a veces dos por semana por grupo), en segundo término con que mediante las protestas no consiguen las reivindicaciones que persiguen (“no habrá más planes sociales”, afirman los funcionarios), y finalmente que la política oficial de ofrecer microemprendimientos y cooperativas de trabajo está dando resultado. “¿Y cómo no va a menguar la cantidad de gente que va a las marchas?”, se pregunta un alto funcionario ante Página/12. Y él mismo se responde: “La gente que cobra planes y que además ha formado su cooperativa, está sacando, junto con el dinero de los planes, entre 400 y 500 pesos mensuales extra. Incluso, en una cooperativa de La Matanza –donde están haciendo un tendido de red de agua– llegaron a cobrar el mes pasado unos 1000 pesos por sobre el plan. ¿Cómo van a hacer entonces los dirigentes para arrastrar a esa gente a la Plaza? Porque ellos, los que siguen manifestando, no quieren todo lo que les ofrecemos, que son cooperativas, microemprendimientos, etcétera. La gente se les está yendo por eso”.
Si bien en Balcarce 50 reconocen la complejidad del caso, estiman que en este momento los grupos piqueteros enfrentan una época bisagra, aunque también huelen en el aire un aroma a vísperas. Y sentencian: “Ven cómo se les cansa la gente, ven que su método es repudiado socialmente, ven que no consiguen lo que quieren. Pero van a seguir, básicamente los dirigentes que han hecho del piqueterismo su razón política, los que armaron la pata piquetera de tal o cual partido. Finalmente, se van a quedar sólo con sus militantes partidarios. Sólo hay que esperar”.

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No habrá armas en las marchas. Ni siquiera balas de goma.
 
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