EL PAíS › LOS PADRES QUE DECIDIERON DONAR LOS ORGANOS DE SU HIJA FALLECIDA

“El milagro fue para otras personas”

Agustina Ruzyckyj tenía 15 años. Sobrevivió a la tragedia pero el jueves a la noche falleció en el Hospital Ramos Mejía. Sus padres decidieron donar sus órganos, que ya fueron trasplantados a tres pacientes. Fue el primer caso tras el desastre.

“Estuvimos una semana rogando un milagro. El milagro no se hizo para mi hija pero sí para otras personas.” Así, con dolor y fortaleza, Marcelo Ruzyckyj resume la valiente actitud de su familia que convirtió a Agustina, su hija, en la primera víctima de la noche trágica de República Cromañón que donó sus órganos. Este gesto, según fuentes oficiales, ya salvó la vida de tres personas que estaban en lista de espera y viven en distintos puntos del país.
Agustina tenía 15 años. Por su apellido le decían “La Rusa”. Era una excelente alumna del tercer año del Colegio Lenguas Vivas. Su familia vive en el barrio de Almagro y está integrada por sus papás y los dos hermanitos, Nico de seis años y Flopi de nueve. En diálogo con Página/12, con tristeza en los ojos, pero con la firmeza que supo transmitir a su hija, su papá la describió: “Tenía una polenta bárbara, un tesón enorme. Era muy testaruda y siempre hacía lo que decía que iba a hacer, aunque tenía muchos ‘no’ de nuestra parte. Era una piba bárbara”.
El recital de Callejeros, en el boliche de Once, era el primero al que asistía. Había ido con una amiga, que se salvó. Cuando el fuego y el humo arrasaron, ambas habían sido ayudadas por los otros chicos que, en medio del desborde, volvían a entrar para salvar a otros. Estuvo varios días luchando en la sala de terapia intensiva del Hospital Ramos Mejía. A sus padres los reconocían como “la gente de la capilla”, contó María José, la mamá. Rezaron mucho. “Como era joven y fuerte pensábamos que iba a salir”, recordó. Su estado era crítico y los médicos siempre se lo dijeron, “pero igual, uno espera el milagro”.
“El tema del trasplante nunca se tocó en casa. Siempre creí que era una cuestión política, que uno donaba y los órganos no iban a la primera persona que necesitaba, sino a otras, por una cuestión de comercio o coimas”, confesó Marcelo.
Agustina murió el jueves a la noche. Triste pero con integridad, el matrimonio recordó el momento en que adoptó la decisión. La primera en decir que sí fue María José. “Me pareció bien que ella esté en la vida de otras personas”, pensó. Luego habló con su esposo, quien también fue espontáneo. “Me pareció egoísta decir que no, a veces veo a los padres que están solos pidiendo un órgano para sus hijos, y eso te llega.” Casi sin entender por qué conjugaba los verbos en pasado, el hombre trató de explicar que “lo que nos pasó, todavía pensamos que no pasó; mucho menos se nos ocurrió dar los órganos de nuestra hija”, contó. Pero lo hicieron.
Fuentes oficiales precisaron a este diario que Agustina ayudó a que tres personas pudieran recibir sus órganos para salir adelante: “Un nene de seis años de Córdoba, un joven de 22, de Mar del Plata y un hombre de 48, de Buenos Aires”. Eran pacientes “electivos”, que es la tercera categoría debajo de los que están en “emergencia” y “urgencia”, con los cuales los órganos no eran compatibles.
Adriana Fariña, subcoordinadora del programa porteño de procuración de órganos, Buenos Aires Trasplante, destacó: “Siempre la nota es el trasplante, como si fuera lo más importante. Pero también hay que pensar que detrás de eso hay alguien que falleció y una familia que sufre. Esta familia tuvo mucha entereza para tomar esa decisión cuando le sacaron a una hija, tal como lo hicieron con mucha gente”. El dolor que los operadores médicos vieron luego de la tragedia de República Cromañón fue mucho. La especialista reveló que “hubo un caso de un profesional que ante la dimensión de la tragedia dijo ‘yo no hago la denuncia (de la existencia de un potencial donante) porque ¿cómo le hablo a la familia?’. Pero fue convencido por otro que le recordó que por ley (24.193, de Trasplantes) estaba obligado a hacerlo”.
Las personas que son aptas para ser donantes son aquellas que están en estado de muerte cerebral. Además, es necesario que el paciente sea mantenido con un respirador artificial, de tal modo que los órganos puedan mantenerse en condiciones de ser trasplantados. Aquellos que fallecen por otra causa sólo pueden donar tejidos.”A los padres no les diría que donen o que no donen porque en el medio de ese pandemonium, tomar una decisión como ésa es algo durísimo. A mí me dijeron muchas cosas, pero en ese momento el corazón las rechaza”, recordó Marcelo. Su hija dejó muchas cosas en la familia y también “algunos replanteos en la crianza de los chicos”. Hizo que su madre multiplicara su compromiso y decidieran ser donante. “Creo que yo también”, arriesga el padre; “tuvimos muchas palabras de agradecimiento diciéndonos que estaban orgullosos de nosotros, y eso nos hizo sentir mejor. No sé adónde va a estar mi hija, pero ésta es una forma de que la recuerden más personas. Pienso que la van a recordar más, ¿no?”.
Informe: Adrián Figueroa Díaz.

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Agustina tenía 15 años, le decían “La Rusa” y era un excelente alumna del Colegio Lenguas Vivas. Era la primera vez que iba a un recital.
 
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