EL PAIS › DUHALDE SE MOSTRO AJENO AL
CONFLICTO PERO SU TROPA HACE PLANES

La tregua que nadie se toma en serio

Sin ruborizarse, Duhalde aseguró que estaba “enojado” por la pelea abierta del PJ bonaerense. Sin embargo, los dirigentes duhaldistas hablan de guerra si Solá no consensúa un nuevo presupuesto.

 Por Diego Schurman

Más allá de las palabras “desdramatizadoras”, aquellas que Eduardo Duhalde regaló ayer a la prensa negando tensiones con Felipe Solá o instando a todos los sectores del justicialismo a concertar, la interna del PJ promete volver a entrar en eclosión. Concretamente, si no surge una ley de Presupuesto alternativa consensuada con el duhaldismo, los legisladores que responden al ex presidente podrían evitar el tratamiento del veto decretado por el gobernador y de esta manera mantener a Solá con las manos atadas para reasignar partidas.
La estrategia se la transmitió Duhalde a su círculo áulico y ya comenzó a ser puesta en marcha por los principales referentes provinciales. En lo que resta de enero, esperan que funcionarios de la gobernación llamen al diálogo, como propuso Solá, para estudiar en detalle la Ley de Presupuesto.
Luego del veto, el duhaldismo sabe que no habrá una norma similar a la que votaron, pero tampoco están dispuestos a aceptar a ciegas lo que impulsen desde la gobernación. Habrá que ver qué pasa con los 33 millones de pesos que se habían incrementado los legisladores, un dinero que para el diputado felipista Raúl Pérez iba a formar parte de las “cajas negras” que financian la interna del PJ.
Por ahora todos muestran públicamente vocación dialoguista, pero fuera de los micrófonos no se privan de seguir con los gritos de guerra. Desde las huestes de Solá insisten en que no serán disciplinados por el duhaldismo. Estos no dejan de quejarse por la “deslealtad” de aquél con Duhalde, quien en definitiva lo ayudó a consagrarse gobernador.
Hay un viejo diálogo que refleja los karmas de unos y otros. Ocurrió entre el presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Mércuri, y el propio Solá poco antes del lanzamiento de la línea interna del gobernador, en diciembre pasado.
–No te conviene tirarte contra Duhalde. Si lo hacés, te extermina –le advirtió Mércuri.
–Yo no me tiro contra Duhalde sino contra algunos duhaldistas. Díaz Bancalari me caga. Garivoto no me da pelota... –contestó en alusión a los jefes de las bancadas de diputados del peronismo, nacional y bonaerense.
Evidentemente, Solá no quiere ser más, como alguna vez se autodefinió, la pelotita de una partida de tenis entre Duhalde y Kirchner. Y Duhalde, ya todos lo saben, detesta que le discutan poder en su patria bonaerense.
Durante la jornada de ayer, la ausencia de las principales cabezas del conflicto ayudaron al clima de paz ficticia que se esmeraban en enarbolar algunos referentes justicialistas. Solá se subió por la tarde al Jumbo que lo llevó a París junto al presidente Néstor Kirchner. Duhalde viajó a Caracas para la cumbre con el mandatario venezolano Hugo Chávez. Parecía una ironía del destino: Graciela Giannettasio quedó interinamente a cargo de la gobernación.
Al advertir sobre la posibilidad de un “golpe institucional”, los felipistas siempre imaginaron que la vicegobernadora tomaría gustosa el cargo de Solá. La mujer es, además, la interlocutora dilecta de Duhalde para la estrategia con la que se buscará cercenar el poder del mandatario provincial. A ella y a Mércuri les bajó la misma orden: propalar la idea de que el duhaldismo garantizará la gobernabilidad de Solá y desdramatizar una pelea que en la sociedad se leyó primordialmente como un problema de dinero y poder, y no como una preocupación real por las necesidades de la gente.
El propio Duhalde hizo ayer una pirueta discursiva al hablar por radio para aparecer como distante del conflicto, como si no fuera uno de sus principales protagonistas. Dijo que está “enojado” por el tenor de la interna y exigió a los sectores involucrados que “no deben avergonzar al justicialismo”.
Si Kirchner y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, abandonaran por un instante su decisión de no involucrarse públicamente en la pelea, podríancontar con lujo de detalles cómo el propio Duhalde atizó la misma interna de la que ahora se muestra ajeno. En la reunión que los tres mantuvieron el último viernes en la Casa Rosada, el ex presidente no sólo despotricó contra Solá sino también contra el intendente de la Matanza, Alberto Balestrini, alineado con el felipismo y muy bien visto por el Gobierno.
Tanto a Solá como al intendente matancero, el duhaldismo se las quiere cobrar con la interna que probablemente se realice en abril. De esa elección surgirá casi una treintena de candidatos a legisladores del PJ provincial, además de los postulantes a concejales. Duhalde quiere aplastar al gobernador en esa elección –así lo admite su propia gente– y también doblegar a Balestrini en su territorio, fogoneando la alianza de las fragmentadas corrientes peronistas que allí conviven. Queda claro que la tregua declamada es precisamente eso, una declamación.

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Eduardo Duhalde hizo lo posible por mostrarse ajeno a la pelea.
 
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