EL PAIS › EL EMPRESARIO SE NEGO A DECLARAR Y
FUE TRASLADADO A UNA CELDA DE MAXIMA SEGURIDAD

Chabán, en la antesala de la prisión preventiva

Desde ayer está en una celda de Marcos Paz, solo, vigilado mediante cámaras con audio por tres efectivos. La decisión se vincula con un informe psicológico: Chabán sufre “una ansiedad de tipo persecutorio de alto riesgo” que, para la jueza, podría llevarlo a quitarse la vida. Su procesamiento es inminente.

 Por Adriana Meyer

La Justicia todavía no decidió procesar a Omar Chabán, pero al trasladarlo a una unidad penal, pareció anticipar una resolución en ese sentido. Y, de paso, lo puso a resguardo incluso de sí mismo. El empresario, único detenido en el caso Cromañón, fue trasladado ayer a un sector de máxima seguridad en la cárcel de Marcos Paz. La iniciativa fue de la jueza de la causa, María Angélica Crotto, y coincidió con el informe psicológico sobre Chabán que hay en el expediente. “Se resiste a dar la mano diciendo que la tiene ‘sucia’”, mencionó el estudio que concluyó que el excéntrico personaje de la noche porteña muestra una “personalidad esquizoide que, de mantenerse, podría provocar un desborde”.
Ese hipotético “desborde” es entendido por los investigadores como una posibilidad de que intente quitarse la vida. Por eso estará vigilado todo el día en forma permanente por tres efectivos del Servicio Penitenciario Federal (SPF) y por una cámara de video con audio instalada en su celda. La audiencia de ayer en Tribunales fue una ampliación de su declaración indagatoria, pero el empresario volvió a mantener silencio porque, según su defensor, recién hablará cuando se levante el secreto de sumario. La jueza cuenta ahora con diez días más de plazo para expedirse sobre la situación de Chabán, es decir, para decidir si lo procesa con prisión preventiva por “homicidio con dolo eventual” –un delito castigado con hasta 25 años de cárcel–, tal como pidió el fiscal Juan Manuel Sansone. La hipótesis del traslado como anticipo de una resolución en ese sentido fue avalada ante Página/12 por una alta fuente de la investigación.
Cuando le avisaron que iba a Tribunales, ya sabía que no volvería a la Superintendencia de Investigaciones de la Federal, en Villa Riachuelo, donde estuvo detenido desde el 31 de diciembre. Por eso, Omar Chabán cargó sus 60 libros –la mayoría de autoayuda, Escritos Orientales y El arrabal de los Santos, de Rudolf Otto, un ensayo sobre lo santo y lo sagrado– y demás pertenencias, porque sabía que iba a pasar la noche en la cárcel de Marcos Paz, adonde llegó pasadas las 21. El Complejo Federal II, ubicado en esa localidad, fue inaugurado en 2000, aloja a unas 1500 personas y tiene pabellones para presos comunes, de alta peligrosidad y de fuerzas de seguridad. En este último se encuentran los represores Carlos Suárez Mason y Julio Simón, alias “Turco Julián”.
Pero Chabán estará absolutamente aislado en el módulo 2 del pabellón 7. No tendrá contacto con ningún otro detenido, sólo con personal del SPF y las visitas que reciba. Deberá permanecer en su celda, vigilado a través de la mirilla por los guardias y por la cámara, y sólo podrá estirar las piernas en un pequeño patio. “Tiene una cama, un pequeño escritorio y un baño pero todo amurado, no hay mobiliario, para evitar cualquier riesgo”, describió a este diario un funcionario bien informado, en alusión al temor de que Chabán intente suicidarse. Tendrá asistencia psicológica, psiquiátrica y medicación. Toda la estructura del SPF se movilizó por la responsabilidad que implica el nuevo huésped, a tal punto que hoy José Luis Soria, su director, visitará el complejo para verificar las medidas de seguridad.
El informe que inquietó al juzgado indica que Chabán habla en forma permanente de la muerte. El perito psicólogo que lo entrevistó determinó que “no hay indicadores que manifiesten culpa ni remordimiento”. Al mismo tiempo, destacó una serie de “signos sugestivos”, como la resistencia a dar la mano. Una muletilla permanente en su boca es la palabra “disculpe”. Y hacia el final de la entrevista el profesional se sorprendió cuando el empresario le dijo: “Casi le diría que me siento mal porque me tratan bien”. El informe concluyó que sufre una “ansiedad de tipo persecutorio de alto riesgo”, lo cual puso en alerta a quienes tienen su custodia, es decir, la Justicia y el SPF. Quienes lo han visto sospechan de una estrategia de simulación (lo bautizaron “Chatrán”), pero losinvestigadores, e incluso su defensa, han descartado, al menos por el momento, la posibilidad de la inimputabilidad. Y todos están seguros de que, cuando se decida a hablar, será un ventilador que salpique a más de uno.
En medio de un nuevo e impresionante operativo de seguridad, que incluyó un helicóptero y Guardia de Infantería, Chabán llegó a Tribunales poco antes de las 7 de la mañana. La audiencia se postergó un par de horas debido a un corte de energía que afectó al tercer piso del Palacio de Tribunales, y en ese lapso el imputado se negó a aceptar la comida que le ofrecieron. Durante los sesenta minutos que estuvo en el despacho de la jueza María Angélica Crotto, donde se presentó en ojotas y remera, fue informado de los nuevos elementos en su contra que hay en el expediente, entre ellos, un nuevo peritaje realizado por el INTI que confirmó, según pudo saber Página/12, la presencia de cianuro como producto de la combustión de los materiales que había en República Cromañón (ver aparte). También lo notificaron de las seis nuevas muertes del caso (suman 191) y de más de un centenar de nuevos testimonios que lo inculpan. La jueza podría haber demorado la definición de la situación procesal si estuviera esperando el resultado de alguna medida de prueba, pero esto fue descartado por la fuente consultada por este diario, que especuló con que la resolución sobre el procesamiento es “inminente”.
Según su abogado, Pedro D’Attoli, el empresario “se siente responsable” de lo ocurrido y está “deprimido como cualquier persona que sabe que va a estar largo tiempo presa”. El letrado aseguró que apenas se levante el secreto de sumario podrá leer los 23 cuerpos que ya acumuló el expediente y recién después establecerá la estrategia de defensa para que Chabán esté en condiciones de responder las preguntas de la magistrada.
Al ingresar a Tribunales, D’Attoli había asegurado que “hubo coimas” en el caso. Al salir, aclaró que “hay muchos Cromañones que no fueron incendio de casualidad”, en un reconocimiento de que su cliente pagó sobornos. Ante una pregunta de este diario, el abogado se negó a dar detalles. Sin embargo, es claro el intento de apuntar a quienes cobraron esas coimas como corresponsables de la tragedia de Once. “Los mismos inspectores que antes habilitaron son los que ahora clausuran los mismos locales”, lanzó el defensor ante las cámaras. Y se quejó de que “muchos se esconden ahora en despachos públicos”. Cuando le retrucaron que Chabán también había escapado de la escena del incendio, D’Attoli respondió que lo hizo “porque se asustó”.

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Según D’Attoli, Chabán está “deprimido como cualquiera que sabe que va a estar largo tiempo preso”.
 
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