EL PAíS › KIRCHNER HACE SUFRIR A DUHALDE

El discreto encanto del rigor

El Presidente mandó un duro mensaje al ex: a través de su jefe de Gabinete le recordó sus condiciones para acordar. Cada vez hay más voces en Balcarce 50 que opinan que es mejor no llegar a un consenso. Las apuestas conciliadoras del duhaldismo y lo que vendrá.

 Por Sergio Moreno

La tensión se acrecienta. En la Casa Rosada nada ha cambiado desde la semana pasada, excepto que la firmeza de Néstor Kirchner en mantener las condiciones para evitar un enfrentamiento con Eduardo Duhalde permanece y, por tanto, es más punzante habida cuenta de que el tiempo juega a favor del presidente. Duhalde intentó dar señales de paz, de su natural inclinación a acordar, de evitar que a la luz pública, dicho arreglo aparezca como una “humillación” hacia él y sus huestes. Pero la frialdad emanada desde Balcarce 50 se hizo sentir. Así se lo transmitió, en duros términos, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al titular del bloque de diputados nacionales peronistas, José María Díaz Bancalari, trujimán del ex Presidente, que cuenta con la confianza del actual. Aunque cada vez son más los kirchneristas que piensan que sería perjudicial un arreglo con el duhaldismo, la semana que comienza hoy seguirá siendo pródiga en chances para morigerar esas posiciones; la puerta no está cerrada totalmente.
El regreso de la voz de Hilda “Chiche” González de Duhalde al éter, el viernes pasado, las reuniones de su marido con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y con el cardenal porteño, monseñor Jorge Bergoglio, y el anuncio oficioso acerca de un supuesto regreso feroz del caudillo bonaerense a las lides de la política electoral constituyeron el abanico de gestos con los que el ex presidente intentó demostrar que tras los muros de la General Paz los corceles y aceros de su tropa están prestos para la batalla. Sin embargo, la evaluación que de esos movimientos hicieron en la Casa Rosada no fue la deseada por el duhaldismo: nadie se asustó.
“¿Qué va a hacer Duhalde? –se preguntaba retóricamente un operador del Presidente ante Página/12–. ¿Hacer campaña al lado de Chiche, pueblo por pueblo? Que la haga: tiene la peor imagen negativa de todos los dirigentes del país, exceptuando apenas a Carlos Menem. ¿Qué más va a hacer en su regreso a la política? ¿Ser candidato a gobernador en 2007? Bueno, que lo haga. Si se anima, dentro de dos siglos, según cuentan los plazos en este país, lo estaremos esperando, acaso con Cristina (Fernández de Kirchner), acaso con Aníbal (Fernández), acaso con algún otro.”
El ministro de Economía –el colaborador presidencial que mejor imagen positiva reúne– sirvió de coartada para el ex presidente. Nadie desconoce en la Rosada la inclinación y agradecimiento que mutuamente sienten Lavagna y Duhalde. Sin embargo, de manera involuntaria, según entienden en Balcarce 50, Lavagna fue esta semana una pieza en la escuadra ajedrecística de Duhalde. Dicho esto, los hombres del Presidente recuerdan que Lavagna es uno de los acuerdistas con que cuenta el bando del gobierno nacional.
Otro de ellos es el jefe de Gabinete. Alberto Fernández es, además, uno de los portavoces de Kirchner ante los negociadores duhaldistas. Esta semana, Fernández mantuvo una reunión tempestuosa con Díaz Bancalari (ver más información en las págs. 10 y 11). En esa ocasión, en términos bastante poco amigables, el jefe de Gabinete –que, vale la pena recordarlo, forma parte del sector que quiere consensuar con Duhalde– descerrajó sin interrupciones las condiciones que se habían desgranado en dosis homeopáticas a lo largo de las últimas semanas, para que el acuerdo con el duhaldismo sea algo más que aire: 1) las listas nacionales las compone Kirchner; 2) desarticular la postulación de Chiche Duhalde; 3) las listas provinciales se dividirán en tercios (uno para el Presidente, otro para el ex y un tercero para el gobernador, Felipe Solá); 4) que no haya foto y que el resultado del consenso no sea presentado como un pacto.
Díaz Bancalari no daba crédito a la renovada dureza de las condiciones, algo más que draconianas para el paladar del duhaldismo.
¿Por qué tal intransigencia? En las tiendas kirchneristas entienden que la gestualidad guerrera de Duhalde no es más que un intento de tensar la cuerda para sentarse a una mesa que no está siendo tendida. En otras palabras, que a pesar de sus decires y de sus mensajes belicosos, quiere llegar a un acuerdo.
Esta semana podrán producirse algunas escaramuzas más. En el gobierno nacional creen que no será hoy en Asunción del Paraguay. Kirchner instruyó a sus jefes de protocolo para que no haya contactos informales con su antecesor en el sillón de Rivadavia.
A pesar de que Duhalde no las tiene todas consigo, el viernes a la noche recibió una pequeña señal de alivio. Desde el Gobierno postergaron la publicación de una solicitada donde 62 de los 79 intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires, más algunos jefes de distrito, anunciaban su apoyo, en términos vehementes, a la candidatura de CFK. “Trazamos una raya en la arena (con la solicitada). A partir de su publicación, los indefinidos se van a tener que definir”, reflexionó ante Página/12 uno de los participantes de la reunión que mantuvieron anteanoche, en el salón presidencial de la Casa Rosada, Kirchner, CFK, Alberto Fernández, Felipe Solá, su ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, y el intendente de La Matanza, Alberto Balestrini. El encuentro, donde se punteó el padrón de los flamantes kirchneristas y se evaluaron las movidas de Duhalde y sus seguidores, duró tres horas y finalizó a las 21. Una hora y media más tarde, desde el Gobierno llegó la orden de esperar para publicar la solicitada de marras. Debía salir hoy.

Los argumentos para no acordar:

Hace exactamente una semana, este diario publicó los argumentos expuestos por una voz insigne del acuerdismo duhaldista. El experimentado dirigente sostuvo en esa oportunidad que los maximalistas expresaban mejor a sus jefes que los acuerdistas. Siete días después, parece que esa visión se cristaliza del lado kirchnerista. Nadie duda a estas horas de que el Presidente tiene la llave para acordar y, por ahora, no la quiso utilizar.
Tributando a ese escenario, hay consejeros del Príncipe que le soplan al oído argumentaciones para evitar cualquier consenso con el duhaldismo. Estos asesores sostienen que, incluso electoralmente, le iría peor a CFK con el aparato peronista bonaerense que sin él y que la mayoría abrumadora del electorado bonaerense ve con malos ojos cualquier acercamiento al caudillo de Lomas de Zamora. “No está claro que las encuestas den lo que dicen que dan, a pesar de que estén bien hechas: no es lineal que CFK obtenga, por ejemplo, 46 puntos yendo con el Frente (para la Victoria) y que con el PJ llegue a los 60, tengo mis serias dudas”, reflexionaba ante Página/12 un hombre que goza de la confianza del patagónico. “Cuando cierra un acuerdo con el PJ bonaerense, la dinámica de la campaña lo lleva a adoptar sus formas (las del PJ). Ese no es un buen panorama para el votante independiente o para el peronista que recela del aparato”, ejemplificaba. El hombre, ducho en leer sondeos de opinión, abundó: “En la campaña, CFK va a tener que invisibilizar una estructura monumentalmente simbólica como es la del PJ. Eso es bastante difícil de conseguir y va a terminar rebanando el voto independiente”.
Un miembro del gabinete nacional, que sin saber coincidía con la hipótesis expuesta, bajaba a tierra lo que serían los menesteres de campaña con el peronismo bonaerense a cuestas: “Si tenés a (Daniel) Chicho Basile en contra, tenés un problema; si lo tenés a favor, tenés un problema mayor”. El hombre, dado a las chanzas, se permitía un juego especulativo: “Imaginemos un escenario de arreglo con el duhaldismo. Cuando salga el ‘Cristinamóvil’ viene Chicho y te pone los cuernitos rojos; Baldomero ‘Cacho’ Alvarez te pone la calcomanía de ‘Mamá no corras’, Mussi te pone la colita rutera, y así. El auto de luxe que tenías para correr esta carrera se te transforma en un 114”.
Mientras, en el campamento del gobernador aguardan los sucesos con calma. Al menos así lo transmitió ayer el propio Solá a los suyos. “Kirchner me dijo que eran tercios (en las listas para diputados y senadores provinciales) y yo confío en él. Nosotros, tranquilos”, arengó.
Hoy comienza una semana que podría ser determinante. No definitoria, porque la dinámica de la política argentina ya demostró que tiene aristas sorprendentes.

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