EL PAíS › BUENOS AIRES Y CAPITAL, DOS DISTRITOS DETERMINANTES

Escenarios para el mes de octubre

El enfrentamiento entre kirchnerismo y duhaldismo, un cambio político crucial. El armado oficial en Buenos Aires, los que apoyan y los que van por los votos. Las disputas en ciernes, por la identidad peronista y la radical. Tres candidatos fuertes juegan su futuro en Capital, qué les espera. Y un apunte sobre el factor Cromañón.

Opinion
Por Mario Wainfeld

Cualquier cosa podrá decirse sobre las razones de su génesis, sobre identidades esenciales entre los contendientes, sobre su desenlace. De cualquier modo, es innegable que la pelea es en serio. Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde han roto la coalición que mantuvieron durante dos años y ahora el duhaldismo es un opositor acérrimo. Una derrota oficialista en Buenos Aires (algo que ocurriría aun si Cristina Fernández de Kirchner no sacara una ventaja drástica a Hilda González de Duhalde) significaría un duro desagio para el segundo bienio del Gobierno. La Cámara de Diputados, que paga en inacción los albores del enfrentamiento, puede convertirse en teatro de un bloqueo consistente del duhaldismo. Cuando pelean por el poder, los peronistas van a fondo. De eso se trata, hoy por hoy.
La alianza entre el actual Presidente y su precursor estaba destinada a la ruptura, pero el modo y el plazo de la resolución de la diarquía era susceptible de variación. Néstor Kirchner mismo pensó durante casi dos años que todavía no había llegado la hora de topar de frente, que lo suyo era ir ganando terreno, por así decirlo, homeopáticamente. En aquel (cercano) entonces, el Presidente y sus íntimos distinguían entre “Duhalde y el duhaldismo” para colegir que el líder era mejor que su grey. Ahora los tantos han cambiado. Eduardo Duhalde es el centro de las invectivas oficiales. El kirchnerismo ha cambiado el paso a paso por la cirugía mayor, aceptando una importante transfusión de sangre duhaldista. Le comió varias fichas al contendiente, se quedó (por medirlo a ojo) con medio ejército enemigo. Ahora, todos unidos, embisten contra el duhaldismo residual.
La intención declarada del kirchnerismo es valerse de la fuerza del contendiente para vencerlo. Mestizo es el Frente para la Victoria bonaerense. Sus apoyos, los intendentes (comprendidos aquellos que hace un año la Rosada procuraba investigar y eventualmente arrestar), tienen el firme tono del territorio conurbano. Sus listas de diputados y senadores nacionales tienen un sesgo peronista de centroizquierda, matizado con incrustaciones de duhaldistas recientemente convertidos.
La mesa chica kirchnerista se congratula de las presencias de Cristina Fernández de Kirchner, Jorge Taiana, Carlos Kunkel, Francisco “Barba” Gutiérrez, nombres alusivos a la historia setentista que le place reivindicar a la Rosada. “Es una lista de ‘la generación’”, se relame un comensal de la susodicha mesa.
Las incrustaciones duhaldistas incluyen a Sergio Massa, el joven titular de la Anses, a quien Kirchner apestilló personalmente al menos dos veces para que saltara el Rubicón. También a Marcela Bianchi y Cristina Alvarez. Todos ellos son adeptos demasiado recientes. José Pampuro es el primer duhaldista que se jugó por Kirchner pero tiene un pasado fresco y largo que lo hará centro de muchas polémicas de campaña. Ayer mismo Hilda González le enrostró su pretérita condición de “secretario” de Duhalde.
La real politik premió bastante generosamente a duhaldistas tránsfugas pero presentables como Massa. Pagaron el pato, al menos en el reparto de candidaturas nacionales, los intendentes que atravesaron el Jordán, antaño destacados actores de reparto en la saga de El Padrino.
Pensando en un electorado urbano, comprensivo de no bonaerenses, el reparto dejó afuera a kirchneristas históricos menos digeribles para la estética de clase media, como los integrantes del movimiento de desocupados.
El tono peronista dio escasa cabida a transversales y también determinó las preferencias entre los oriundos del sector gremial: Héctor Recalde, avalado por Hugo Moyano, consiguió un lugar más prominente y visible que Edgardo De Petris, disidente de la CTA.
Kirchner, Cristina Fernández, Alberto Fernández y Carlos Zanini diagramaron la lista y explicaron a varios de sus sorprendidos integrantes (notificados de parado a último momento) que están dando un paso esencial de una escalada. El objetivo, les aseguró el propio Presidente, no es preservar el actual equilibrio de fuerzas (en el que el kirchnerismo prevalece y tracciona al peronismo realmente existente) sino seguir avanzando.
Todo avenir es abierto y el lector puede pensar si esa promesa es falsa o sincera. Incluso puede presumir que, siendo sincera, es inviable y sucumbirá en el intento. La fuerza resistente, la capacidad contaminante de los aliados kirchneristas es todo un tema de análisis.

Correo desde Estocolmo:
“‘La división entre peronistas habrá sido festejada por los opositores. La fragmentación de un partido de gobierno es el cercano preludio de su caída. Cuénteme un poco acerca de los festejos de los contreras’, reclama, vía correo electrónico, el decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo”.
“Usted sigue sin cazar un fulbo, profesor –responde su ahijado de tesis, el politólogo sueco que hace su tesis de posgrado sobre Argentina–, ‘la oposición denuncia que esa división es un truco para quedarse con las tres bancas de senadores’. Y rápido arremete: ‘Con esa mistonga interna abierta, los peronistas aspiran a llevarse el 60 por ciento de los votos y tal vez lo logren. Esto no es Suecia, con sus aburridos, predecibles, esquemas de alternancia’. Tras el reproche, viene el mangazo. El estudioso solicita un refuerzo de su paga para mantener a su pasante noruego y para contratar a ‘una promisoria científica social argentina’. Se trata de la pelirroja progre a la que el sueco ha conchabado para hacer un nuevo estudio de campo de la campaña en el conurbano. Un modo de tenerla a su lado durante varios meses recorriendo ese territorio que anida countries y villas, asimetrías fenomenales, parrillas de variado pelaje y una apreciable cantidad de albergues transitorios, algunos bien caros, otros muy económicos.”

La identidad peronista:
La identidad peronista (toda una apuesta) y la (improbable) reivindicación del justicialismo bonaerense son las barajas a las que apelará el duhaldismo. “El nido” en que moraron Perón y Evita, frases textuales del conductor, recuerdos de la infancia de Chiche Duhalde fueron ejes discursivos del acto de ayer en San Vicente. Esa postura defensiva va en pos de conservar un voto identitario, salvoconducto para acceder a la segunda minoría. Nada se habló con relación a terceras fuerzas. Hubiera sido un portento complejo para una posición laudatoria del pluralismo y el derecho al disenso. En tanto, el duhaldismo explora alguna forma de pacto electoral con el eléctrico Luis Patti. Se trata de una jugada riesgosa, que puede sesgar peligrosamente a derecha al PJ. Pero tiene el encanto de añadir algún caudal de sufragios y el de mover el tablero, de momento poco promisorio. Nadie puede augurar qué pasará si se llega a un acuerdo entre PJ y el Paufe, perspectiva que el ex policía ha lubricado colocándose como candidato a diputado y a senador en sus boletas. A veces una suma aparente deriva en una pérdida de apoyos. Pero lo cierto es que las encuestas actuales, que auguran un buen margen al Frente para la Victoria respecto del PJ, perderían vigencia.
La operatoria del Frente para la Victoria respecto de la identidad peronista pareció esbozarse en el acto del jueves en La Plata. El intendente Alberto Balestrini se afincó en ese terreno y seguramente será quien “camine el territorio” en los términos más convencionales. Cristina Fernández de Kirchner, una candidata nacional a todas luces, posiblemente insistirá en el registro del acto “de cámara” (en el doble sentido de ser relativamente pequeño y muy pensado para la TV) que se vio en el Teatro Argentino. El duhaldismo –ayer empezó a hacerlo– procurará resaltar su condición de forastera, de desconocedora de la geografía provincial y su falta de tuteo con el barro. La candidata oficial deberá sopesar, en el trajín de la campaña, cuánto y cómo recoge ese guante.

La identidad radical:
Ricardo López Murphy tiene una ventaja respecto de su competidor interno, Mauricio Macri. Para él, salir segundo podría ser un éxito, un buen peldaño a la candidatura presidencial. Para el presidente de Boca, otra derrota en la Capital sería un tropezón difícil de superar. La política es más resultadista que el fútbol y la derecha necesita un campeón, no un colector de medallas de plata.
El problema de López Murphy es que la pinza peronista puede dejarlo afuera. El líder de Recrear se quejó de la ilegalidad de la maniobra (una postura discutible desde el ángulo legal, amén de políticamente mendicante y perdedora) pero le añadió el reflejo de prometer derrotarla en las urnas y no en Tribunales. Puesto en campaña, el ex ministro de Economía es aguerrido y batallador, algo que también lo distingue de su aliado, muy rezongón y abúlico en cualquier instancia de debate o confrontación.
La procura del segundo puesto relegando al duhaldismo necesitará del apoyo del votante radical. Marta Maffei no da la traza de ser competidora en ese terreno, aunque Elisa Carrió intente apoyarla. Con la divisa de la UCR, Luis Brandoni pugnará con López Murphy por ese tramo del padrón. Será, a su modo, otra interna abierta. En general, los simpatizantes de los grandes partidos suelen volcarse por las figuras más competitivas con el tradicional rival. La sensación térmica y las encuestas indicarán si el Bull Dog o Brandoni son mejor prospecto para los boinas blancas que –todo induce a creerlo– tratarán de consolidar un voto útil. De salida, el líder de Recrear luce más consistente pero en la pista se verán los pingos. Brandoni, que debe cargar con la pesada mochila del pasado reciente de la UCR y la Alianza, no es un Cicciolino carente de discurso político. Atinadamente dentro de sus posibilidades, ha elegido como blanco el peronismo y como blasón la identidad radical. LM coqueteará con ella pero no terminará de embanderarse tanto, pensando no mortificar a un virtual electorado de derecha o centroderecha que también puede sumarle.
Con la foto actual, digan lo que digan de él sus adversarios, para el Gobierno sería fascinante que cualquiera de ellos relegara a Chiche a la tercera posición. El plebiscito perfecto, aunque no se verbalice, incluye ese resultado provincial.

Un menú muy completo:
En la Capital de los argentinos, hay candidatos para todos los gustos, hasta los hay serios. Fuera de broma, la paridad inicial y lo propicio que es el distrito para ofertas alternativas tornan peliaguda cualquier predicción. Varias figuras arriesgan su futuro. Elisa Carrió y Macri ponen en juego buena parte de sus aspiraciones presidenciales. Rafael Bielsa puede quedar bien colocado para ser jefe de Gobierno o prepararse para un apagado paso por Diputados.
La duda acerca de si Bielsa podría meter baza en las listas que encabeza quedó disipada. No lo dejaron. Un solo candidato mocionó el canciller, fue el actual legislador Milcíades Peña. Según cuentan sus allegados, la propuesta fue rechazada enfáticamente por Alberto Fernández y con argumentos de lógica electoral por el Presidente.
Bielsa también quedó excluido del diseño de la nómina de legisladores locales que fue alumbrada por la plana mayor del PJ porteño. Respondió básicamente a su pura lógica, que le hará magro favor al canciller, para quien sería letal pegotearse al peronismo porteño. La mayoría de las candidaturas se loteó entre los punteros partidarios, como en los buenos tiempos. Alberto Fernández explica que la orientó un criterio generacional: sus candidatos no trasgreden los 40 años. En verdad, ese improbable criterio no se aplicó a full. La lista la encabeza Elvio Vitali, que supera la citada marca etaria. En verdad, nada hay de criticable en eso pero sí mucho en quienes apadrinaron a los jóvenes pejotistas, marcados representantes de lo viejo.
Carrió consiguió sobrevivir con holgura a dos años sin cargos institucionales, contra lo que muchos profetizaban. No parece que el ARI vaya a hacer buenas elecciones en otros distritos grandes, pero en la Capital pelea por el primer lugar del podio. La cooptación de Enrique Olivera es una carambola a varias bandas. En una primera lectura, busca seducir a los numerosos votantes radicales desamparados desde que Fernando de la Rúa reveló su incompetencia. Además, incorpora a un virtual candidato a la Jefatura de Gobierno, a costa de un tránsito identitario del centroizquierda a un neorrepublicanismo de base radical cuyo alcance y costos habilitan surtidas especulaciones. De hecho, sólo Carrió y el socialista Hermes Binner son figuras de proyección nacional cercanas al centroizquierda con aspiraciones serias a batir al Frente para la Victoria o al PJ, según los casos. Binner hará campaña siendo menos duro con el Presidente, Carrió lo tendrá como objetivo principal. Los reencuadramientos ulteriores tributarán a cómo le vaya a cada cual, incluido el oficialismo.
Volvamos a la ciudad. Olivera dice que no habló con Carrió de la Jefatura de Gobierno pero sinceró públicamente sus aspiraciones a pelearla. Si la lista local hace una buena elección, no muy distante de los votos que atesore Carrió, los militantes porteños aristas de la primera hora tendrán que poner sus barbas en remojo.
Bielsa, en caso de prevalecer sobre sus dos rivales presidenciables, quedará en la pole position de la escudería kirchnerista para el gobierno local. El electorado porteño es bichoco pero se encariña con sus contingentes favoritos. Si el canciller muerde el polvo, el kirchnerismo estará muy en apuros para imponer a un candidato afín. Dos compañeros de ruta quedarán mejor ranqueados, Daniel Scioli es un confeso aspirante a gobernar la Capital y Roberto Lavagna tiene un apetecible second best, que ahora ni menta pero que acaso lo tiente dentro de un tiempito. Vista desde este prisma, una eventual candidatura de Alberto Fernández (algo no ajeno a su ambición) es casi una misión imposible, en cualquier escenario.
Macri sacó muchos votos en 2003, tiene raigambre sociológica y política en la derecha, plata no le ha de faltar. Cuenta con excelentes asesores, que le arman un guión bastante astuto que el hombre repite con tenacidad. Así las cosas, podría ser un favorito. El problema, al menos coyunturalmente, es que el candidato no rinde lo suficiente. Eterno rezongón, el presidente de Boca sobreactúa el rol de niño rico que tiene fastidio. Lo suyo es quejarse porque nadie le permite expresarse, sonsonete que repite aún en programas deportivos en los que le dejan la pelota picando. De frente a una campaña en que serán centrales las intervenciones mediáticas, Macri no luce capacitado para bancar un debate. Sus asesores deberán sudar la gota gorda para capacitarlo. Si logran esa hazaña, las perspectivas de su comitente no son menores.
Una ventaja relativa conserva el empresario sobre sus dos principales contrincantes. Eventualmente puede optar en 2007 por ser candidato a presidente o a jefe de Gobierno. También le cabe un realineamiento virtual: coaligarse con el duhaldismo al costo de romper con López Murphy. El interés de esa eventual movida dependerá de muchas variables muy móviles, incluida la pervivencia del duhaldismo.

El factor Cromañón:
Radiado Aníbal Ibarra de la escena electoral, es difícil augurar qué incidencia puede tener la secuela judicial y política de la tragedia de Cromañón en el escenario porteño, pero cuesta creer que no vaya a tener alguna. Echémosle, pues, un vistazo. Las últimas novedades de Tribunales hacen factible (no seguro, claro) que en septiembre o octubre Omar Chabán vuelva a ser encarcelado durante el proceso. Pero tanto la fecha como el contenido de la decisión de la Cámara de Casación (en este caso representada por jueces “mano dura”) son hipotéticas.
Lo que sí es certero y relevante es que la comisión investigadora de la Legislatura debe emitir su dictamen el próximo 19 de julio. El jefe de Gobierno ha realizado un –desdichado– intento de vaciarla sugiriendo a algunos de sus funcionarios que no declararan ante los legisladores, suscitando un escandalete bastante disimulado mediáticamente por la madre de toda las batallas y el atentado en Londres.
Igualmente, el dictamen será lapidario. Quizás haya que hablar de los dictámenes, pues no parece que los opositores que integran la comisión vayan a unificar posiciones. Pero es seguro que todos los informes serán despiadados con Ibarra y que no faltará quien propugne el juicio político en su contra. Unos cuantos candidatos, incluidos Carrió y Macri, han prometido a familiares de las víctimas que, en ese caso, instarán su promoción.
Así las cosas, se atisba un escenario complejo, pleno de riesgo institucional. Ocurre que el pedido de juicio político debe sustanciarse en la respectiva comisión legislativa. El trámite debe insumir 60 días hábiles, o sea, algo así como tres meses corridos. Luego debería votarse en el recinto. El cruce del trámite con la circunstancia electoral sugiere un futuro enojoso. El juicio político podría despuntar con una integración de la Legislatura y terminar con otra, algo desprolijo y poco consistente.
Para peor, algunos componentes de la Comisión de Juicio Político son candidatos para octubre, lo que enrarece aún más las cosas. Un delicado equilibrio institucional reclamaría un gesto compartido, sistémico, entre representantes y candidatos de distintas fuerzas políticas. Un compromiso republicano fijando reglas de juego no en pos de la impunidad pero sí del tratamiento decoroso de instancias políticas graves.
Sería deseable, pero es algo que, en medio de una campaña en la que sobran chicanas y falta casi todo lo demás, suena a fantasía.

Heterodoxias:
Kirchner procura ganarle ampliamente a la oposición extraperonista y al duhaldismo, tal la nueva re-traducción del “plebiscito”. También aumentar el número de diputados que le son fieles. En pos de ese doble objetivo, no idéntico, ha tenido una llamativa heterodoxia. En provincias donde su fuerza es opositora promovió frentes muy amplios, encabezados por no peronistas (Río Negro, con Julio Arriaga) o peronistas que rompieron hace mucho con el PJ (Oscar Massei, de Neuquén). Son coaliciones de tono frepasista.
También hizo arreglos “por abajo” con gobernadores radicales, como el santiagueño Gerardo Zamora. En Córdoba puso los huevos en dos canastas, la del gobernador José Manuel de la Sota y la del intendente de la capital provincial, Luis Juez.

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