EL PAíS › EL GOBIERNO, MEJOR EN PROVINCIA QUE EN CAPITAL

Problemas en la vidriera

En la Rosada ven la confrontación en la provincia con el optimismo de encuestas que sitúan a Cristina Kirchner 20 puntos por encima de Chiche Duhalde y a López Murphy muy lejos. En tanto, en Capital se produjo una merma en el voto al candidato oficialista.

 Por Sergio Moreno

La mirada del Gobierno se ha posado en un territorio que se le complica más de lo previsto, a pesar de que el tiempo que resta para el comicio aún no es perentorio. La Capital Federal aparece hoy como el hueso más duro de roer a los dientes del oficialismo, habida cuenta de que en otras dos comarcas sustanciales la situación tiende a mejorar para las mesnadas presidenciales: en la provincia de Buenos Aires el escenario se ameseta en una diferencia de 20 puntos porcentuales a favor de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), mientras que en Santa Fe la performance del candidato oficial, Agustín Rossi, apoyado por Carlos Reutemann en este tramo de la campaña, ha hecho escalar posiciones. Allí, si bien no prevé un triunfo, el Gobierno aspira a sacar un digno segundo puesto.
Los principales escuderos de Néstor Kirchner sostienen que, en el país en tanto que distrito electoral único, el triunfo será contundente. Si los números finales se asemejan a los que pueblan las diversas encuestas con que cuentan en Balcarce 50, varios dirigentes, no muy añejos en la política argentina, pedirán su retiro anticipado. Otros –ya deberían haberlo hecho– se notificarían de que su deceso se produjo hace ya varios años.

Aprontes

Lo que en la Casa Rosada han dado en llamar la madre de todas las batallas (electorales), verbigracia, la desarticulación del aparato duhaldista, se encamina tempranamente a mantener el actual status quo. Kirchner cuenta con un sondeo que sus consejeros aún no han dado a conocer, cuyos guarismos se acercan a estos: CFK 40 por ciento; Hilda “Chiche” Duhalde, 21 por ciento; Ricardo López Murphy, 11 por ciento, y Luis Brandoni, 6 por ciento.
Kirchner está convencido –repite ante sus eventuales contertulios– de que finalmente Chiche sólo llegará al 15 por ciento, y que su alianza con el ex policía acusado de secuestros, torturas y asesinatos, Luis Abelardo Patti, arrojará un suma cero. “Lo de la provincia está más o menos bien, con los exabruptos propios de la campaña”, colige un ladero fiel del Presidente. “Cristina está ganando por 20 puntos y Patti le podrá agregar entre 3 o 4 puntos a Chiche, no más. Ahora, tenga en cuenta que nosotros empezaremos la campaña recién el 24 (de agosto). Ahí veremos agrandarse la brecha”, se entusiasma el funcionario, conocedor del terreno del cual habla.
Sin embargo, alrededor del Príncipe hay quien disiente respecto del pronóstico que, según su paladar, peca de optimista. Quien eso cree es un asesor presidencial con conocimiento de los números que atesoran en Palacio. “Chiche cuenta con un núcleo duro del voto peronista. La tarea de demolición de Kirchner y de Felipe Solá consiguió partir ese núcleo, pero aún no podemos mensurar en qué proporción. (Alberto) Balestrini (intendente de La Matanza y primer candidato a diputado nacional) cree que a partir de ese quiebre Kirchner se quedó con un 30 por ciento de ese voto duro y (Eduardo) Duhalde con el 70 por ciento. El Presidente no cree eso, dice que la diferencia es mayor. Si es cierto lo que dice Balestrini, es muy probable que, si va a votar entre un 77 y 80 por ciento del padrón bonaerense –circa los 10 millones de electores–, Chiche obtenga alrededor de un millón 600 mil votos, esto es, grosso modo, algo así como entre el 18 y el 20 por ciento. Patti podría aportar entre 2 y 4 por ciento, más o menos.”
Las estimaciones son variadas y cuentan con la indulgencia del plazo que falta para realizarse el comicio. No obstante, los estrategas oficiales comienzan a notar un suerte de voto útil, antikirchnerista, que se encarrila tras el tándem conservador de derecha Chiche-Patti. “El principal perjudicado de esta conducta es López Murphy. Quienes hubiesen debido optar por él naturalmente y quieren votar contra Kirchner se van con Chiche, a quien ven como opositora y con más chances de hacerle daño al Presidente”, colige un habitante de la Rosada.
Si el Bulldog no consigue su ansiado segundo puesto en la senatorial del octubre –y, de seguir como hasta ahora, podría no lograrlo–, su destino estará más cerca de su estudio de economista que de las lides políticas.
El 20 por ciento que obtendría el duhaldismo residual podría, entonces, hacerse valer como fuerza alternativa si es que consiguiese un aliado victorioso con quien coligarse. Si Mauricio Macri ganara en la elección porteña, el duhaldismo tendría allí un aliado con quien forman masa crítica, alrededor de la cual podría atraer al antikirchnerismo de derecha. Sin embargo, si Macri no obtuviese el primer puesto, esos 20 puntos del duhaldismo podrían resultar inocuos al no encontrar aliados de peso para confrontar a un Kirchner que ganará ampliamente –según indican los sondeos– en el resto del país.
Esta chance actuará en el peronismo como un revulsivo: los gobernadores y candidatos triunfantes se encuadrarán aun más tras el Presidente de la victoria (una conducta predecible y aceptada en el partido del poder, el peronismo). Duhalde quedaría ayuno de cofrades con alguna sustancia y futuro para complotar.
Ergo, la derecha –neoliberal y/o conservadora– deberá poner manos a la obra para construir algún nuevo campeón que salga a lidiar por sus intereses. No van a faltar.

Diferentes

En la Capital Federal es donde el terreno es más sinuoso para el Gobierno. Por un lado, el candidato-canciller, Rafael Bielsa, está tratando de reacomodar su discurso. Por otro, la aparición mediática del ministro de Economía, Roberto Lavagna, disintiendo públicamente –con la elegancia que lo caracteriza– con el discurso presidencial (y algo más), han metido más ruido en la campaña oficial. En el distrito-escaparate de la política criolla, estos desajustes hacen fruncir los ceños más encumbrados del kirchnerismo.
Respecto de Bielsa, hay dos encuestas que atesora el Gobierno que no le dan bien. En ambas se ubica tercero, pero el dato que más preocupa en palacio es que perdió muchos puntos (alrededor de diez) desde su mejor marca.
¿Motivos? En el Gobierno dicen que la posición de confrontación con el discurso de Kirchner produjo el drenaje de votos. Y que también puede haber afectado algo la conflictividad gremial y social que se derrama en las calles porteñas, desde el hospital Garrahan hasta los pequeños grupos piqueteros residuales que aún marchan por la ciudad.
Este último argumento (el de la conflictividad social) es bastante relativizado en el Gobierno, y es sostenido en tanto que efecto colateral tributario del decaimiento en la intención de voto para el canciller. Para ser más precisos en el análisis, en los despachos de más influencia de la Casa Rosada entienden que Bielsa se ha colocado en un lugar difuso para el elector porteño. Al diferenciarse del discurso del Presidente, Bielsa puede quedar ubicado en un sitio que ya ocupan los candidatos que verdaderamente son opositores, Macri y Elisa Carrió. Ergo, Bielsa se para en no lugar que lo desperfila. Si es el candidato oficialista, debe ser oficialista. Y progresista, que es el grupo electoral que no se ve representado en ninguno de los otros candidatos citados anteriormente.
“Veremos cómo desarrolla Rafael lo que sigue de la campaña, que es la mayor parte. Su relación con Alberto (Fernández, el jefe de Gabinete) es complicada y con el Presidente ha tenido momentos de tensión. Espero que se arregle porque debemos tener una buena cantidad de votos en la Capital. Hay que ordenarse todos detrás del mismo objetivo y terminar con las diferencias, que son absolutamente menores”, relata a Página/12, con un dejo de preocupación, uno de los habituales trujimanes del Presidente.

“Roberto”

“Lavagna no es un hombre de derecha, pero está a la derecha del Presidente. Y eso no lo incomoda (a Lavagna), él se siente confortable en ese sitio.” La definición parte de los labios de un integrante del gabinete nacional venido del sur, que suele encomiar la faena del titular del Palacio de Hacienda pero que no lo llama “Roberto”, que es otra categoría de ponderación del ministro. Otro integrante del staff de gobierno, que sí llama “Roberto” al ministro, dice a este diario que la notoria exposición pública de las diferencias de estilo y discurso con el Presidente se deben a que “Roberto se siente fortalecido por los números” que arroja la economía, en general, y la baja del desempleo que, entiende, seguirá sosteniéndose más allá de 2006.
Más acá de su exposición en el programa de Mirtha Legrand, en el peronismo ya hay dirigentes de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, por fuera del duhaldismo, que trabajan para que Lavagna sea candidato a jefe de Gobierno porteño en 2007. El ministro no ha bendecido esos anhelos. El discurso derramado ante las rosas rojas rococó de la señora Legrand, el viernes, sintoniza con las sectores más crispados de la sociedad porteña (metropolitana, si incluimos el primer cordón del conurbano), un sector social antipiquetero y que ve en las huelgas por mejoras en las condiciones de trabajo un germen de desorden social. La del ministro de Economía fue una pieza de oratoria susceptible de seducir al centroderecha porteño y algo del centroizquierda coqueto –palermitano, de Caballito y Barrio Norte, por poner algunos ejemplos–.
Lavagna y Bielsa, dos ministros centrales (aunque diferentes entre sí), a quien el Presidente suele acotar intramuros del Gobierno, se corren en sus decires de la línea oficial que emana del sur argentino, y se sitúan, como han hecho en varias oportunidades, en el sitio de la racionalidad, dejando al Presidente el lugar de la vehemencia discursiva. Desde siempre, estos intentos no han sido bien vistos en la Casa Rosada.
Esta no es la excepción.

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