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Para los empresarios el acuerdo con el Fondo no es prioritario

De una encuesta realizada a poco más de 170 ejecutivos de IDEA surge que los hombres de negocios están preocupados por tener un “gobierno creíble” y por el respeto a los contratos más que por las negociación con el FMI. La mayoría manifestó una perspectiva negra para el resto del año.

 Por Cledis Candelaresi

Si las expectativas empresarias medidas por la última encuesta semestral de IDEA pudieran considerarse como un juicio a la gestión económica, Eduardo Duhalde resultaría reprobado con un bochazo irrefutable. El 91 por ciento de los 173 ejecutivos consultados por D’Alessio IROL considera que están ahora mucho peor que hace seis meses y un porcentaje casi similar entiende que la devaluación empeoró su posición. Desde los despachos empresarios se clama por un “gobierno creíble”, que restituya la validez de los contratos, como condición para superar la crisis. Aunque figura en la agenda urgente, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no está entre las prioridades más destacadas.
Antes que estímulos a la exportación, antes que la liberación de los fondos del corralito, antes, incluso, que una eventual baja de impuestos, las empresas aspiran a que se “afirme la credibilidad de los actos del Gobierno (el 89 por ciento)”, se reestablezcan los contratos entre particulares, se restituya el crédito y se reestablezcan las cadenas de pago. Recién después de solucionar estas cuestiones elementales, debería cerrarse un acuerdo con el FMI, quinto punto entre las prioridades señaladas por los hombres de empresa.
En ningún lugar del relevamiento se menciona la posibilidad de recambio de Gobierno ni de elecciones anticipadas. Pero cualquiera podría interpretar sin riesgo de quedar descolocado que la demanda de tener una gestión pública creíble es un disparo al actual gobierno, aunque el cuestionamiento no exime al resto de las instituciones, de las que depende la vigencia de las normas. En el medio de esa situación que perciben caótica, los ejecutivos describieron cuán negro es el panorama que perciben a la hora de tomar sus decisiones estratégicas:
- El 91 por ciento considera que el país está “mucho peor” que hace seis meses y el 64 por ciento opina que seguirá cuesta abajo en el próximo semestre. Pero casi más inquietante que esto es la constante defraudación de expectativas: la serie histórica con inicio en la medición de mayo-octubre de 1998 prueba que a las empresas les fue mucho peor de lo que esperaban seis meses antes. Una de las mayores frustraciones tuvo lugar con el derrumbe de la Alianza, ya que después de las elecciones el promedio de encuestados suponía que al finalizar el 2000 estaría “moderadamente mejor”, pero al llegar el momento se lamentó de estar “moderadamente peor”.
- El 87 por ciento consideró que la devaluación lo perjudicó en términos financieros y el 86 por ciento que también lo hizo en su “aspecto operativo”. El impacto de la depreciación del peso es más dramático aún si se considera que el 46 por ciento sostuvo que hizo remarcaciones de precios que no compensan sus mayores costos. En buen romance, esto significa que las empresas no pueden recomponer rentabilidad y, por consiguiente, que no tienen otra alternativa que achicar estructura. La salida de la Convertibilidad ni siquiera habría servido para estimular un boom exportador, ya que apenas el 35 por ciento de quienes participaron de la encuesta pronosticaron que venderán más al exterior.
Casi a modo de anécdota, el directivo de IDEA, Rubén Puentedura, confesó que el Instituto tiene serias dificultades para organizar su coloquio anual de noviembre: no puede contratar ahora un seguro de caución, ya que la aseguradora no tiene previsto un mecanismo de indexación para poder vender esta póliza.
- La mayoría considera que su rentabilidad “disminuirá significativamente”, contra apenas el 14 por ciento que estima lo contrario. Esto alteró drásticamente el cuadro de perspectivas sobre el negocio, ya que hasta octubre del año pasado la mayor concentración de pronósticos se daba entre la franja de los que pensaban que sus utilidades aumentarían, permanecerían iguales o disminuirían, pero “levemente”. Frente a este cuadro, el grueso de los hombres que toman decisiones en las empresas sostiene que adaptaron sus políticas a una etapa de crisis, promoviendo “una reingeniería” de su negocio.
Eduardo D’Alessio lo explica con absoluta nitidez: esto significa que las empresas se readaptarán a la nueva situación de un mercado más chico y, por consiguiente, que en lugar de parar provisoriamente una línea de producción, directamente optarán por levantarla.
- ¿En qué áreas públicas debería invertir los impuestos?, es una de las preguntas formuladas on line cada semestre al universo de empresas de distinto sector. La educación básica y la seguridad fueron los rubros más señalados, secundados por otro que en octubre de 1999 no tenía ni un tilde y ahora cosechó el 61 por ciento de las marcas: “los programas de contención social”.

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Más del 90 por ciento de los empresarios encuestados dijo que la devaluación empeoró su posición.
 
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