EL PAIS › OPINION

Tránsfugas y el lugar imposible

 Por Juan Manuel Abal Medina*

El viernes pasado cientos de miles de argentinos participamos de la marcha del 24 de marzo en un clima de enorme alegría por la magnitud de la misma y por el carácter histórico que habían tenido los actos oficiales llevados a cabo por el Presidente. Unos días atrás Hebe de Bonafini nos contaba en un acto: “Las Madres nunca creímos que llegaríamos a vivir todo esto”.

En ese marco pasó a mi lado una escasísima columna con una sigla incomprensible que coreaba “Kirchner ejecuta el plan que Videla le dejó”. Poco después ocurrió lo que todos sabemos, y un conjunto de micro-grupos diversos intentó desvirtuar la convocatoria masiva para sostener un documento con consignas opositoras al Gobierno.

Sabemos que en la política los espacios no tienen la precisión de la cartografía física, que los límites y los lugares se definen y redefinen colectiva y permanentemente, pero eso tampoco conduce a que no existan acuerdos y que cada uno de los 38 millones de argentinos construya su propia realidad.

Así, resulta imposible convencer a alguien de que el actual gobierno no desarrolla políticas de cambio y mucho más aún sostener que no tiene una posición clara y firme frente a lo que ocurrió en el país 30 años atrás. Nadie en su sano juicio puede creer que Kirchner tenga algo que ver con Videla. Mal que les pese a propios y extraños, el oficialismo ha ocupado hoy claramente el espacio de la izquierda en el tablero político y éste es un dato que no puede desconocerse.

De esta manera, si quieren respetar su honestidad intelectual, los habitantes de esta franja política deben optar entre sumarse a la construcción política del oficialismo o, al menos, mantener su independencia pero apoyándolo en sus principales iniciativas, que coinciden con las que ellos siempre plantearon.

Pero, paradójicamente, hoy varios sectores supuestamente progresistas han optado por otro camino y elegido el sendero de la “transfugueada”, es decir, mentirles a los demás y a sí mismos. Un verdadero “tránsfuga” es el que toda su vida dijo que había que hacer “A, B y C” y ahora, cuando otro lo hace, decir que lo que corresponde es “X, Y y Z”.

Al no poder disputar al Gobierno el lugar de la izquierda, los tránsfugas construyeron dos caminos alternativos. O bien optaron por quemar las amarras con la realidad y partir más allá de los márgenes del espectro político ubicándose en un ultraizquierdismo bobo y absolutamente improductivo que carece de toda referencia mundial, o eligieron directamente correrse a la derecha.

Si varios micro-grupos firmantes del documento leído en la marcha del 24 ilustran la transfugueada de la radicalización extrema, Carrió es un claro ejemplo de la otra. En pocos días criticó la designación de Garré en Defensa, las retenciones agropecuarias, a Hebe y a las Abuelas, como si nunca hubiese estado en el espacio del progresismo.

Es el momento en que los honestos militantes que siguen acompañando ambas transfugueadas y que en otros momentos apoyaron causas más nobles, recapaciten definitivamente y elijan por su corazón, por sus ideas y por sus valores. Y, si aún dudan, que piensen en las experiencias de gobierno de sus referencias latinoamericanas, el PT de Lula o el FA uruguayo, para terminar de darse cuenta de que este gobierno argentino no tiene nada que envidiarles, sino todo lo contrario.

* Doctor en Ciencia Política. Subsecretario de la Gestión Pública.

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