EL PAíS › DE LA SUPUESTA AUTOCRITICA A LA AUTOJUSTIFICACION

En el Fondo no hay culpables

 Por Claudio Zlotnik

En los papeles, la actitud del directorio del Fondo Monetario se asemeja a la excelencia. Le da la “bienvenida” a la posibilidad de “analizar la efectividad” de la Oficina de Evaluación Independiente, por primera vez desde que el propio FMI la creó cinco años atrás. Esa puesta en escena se desvanece luego de pasar la primera página del informe con las conclusiones del directorio del organismo. A los pocos párrafos de la bienvenida, las autoridades desautorizan la opinión del panel evaluador y toman partido por la oficina que ellos mismos crearon.

En su momento, la decisión del Fondo de que expertos supuestamente independientes indagaran en sus propios archivos pareció reflejar una sana intención. En medio de la explosión de la crisis argentina, en las oficinas de Washington tuvieron la idea de contratar una segunda instancia de control. Un panel de especialistas que tenían el trabajo de auditar a la Oficina de Evaluación Independiente, encargada de monitorear al Fondo desde 2001.

El objetivo del directorio tuvo una clara lectura política: frente a las fuertes críticas por su responsabilidad en la crisis global que se había desencadenado en 1997, con la caída de los tigres y tigrecitos asiáticos, se hizo necesario dar una fuerte señal de que el Fondo quiso recuperar parte de la credibilidad perdida y mostrarse como un organismo transparente y abierto. Receptivo de las críticas, y hasta autocrítico.

El trabajo del panel tuvo en el análisis de la crisis argentina su momento culminante. La explosión económica argentina dejó expuesta la obsolescencia del Fondo Monetario. Había quedado en claro, una vez más, que sus recetas no sirvieron más que para profundizar los problemas. Se suponía que la contratación del panel sería un paso para una revisión seria de lo actuado. Pero no.

Ante la posición crítica del panel, los directores salieron en respaldo de su anterior creación, la Oficina de Evaluación Independiente. Lo hicieron luego de que ésta recibió una fulminante tarjeta roja por parte del panel. Los expertos habían denunciado que, en un principio, la oficina “se focalizó en los errores de análisis por parte del staff y del management del FMI”. Pero ese borrador fue objetado por los directores y modificado por la oficina. “La versión final del párrafo, en cambio, se centra en los errores de juicio de las autoridades argentinas”, acusaron los miembros del panel.

Lejos de cualquier mea culpa, en las conclusiones el management justificó el ocultamiento y deformación de información en el caso argentino. “El análisis de la responsabilidad compartida (entre el FMI y el gobierno de la Alianza) es consistente con la conclusión alcanzada por el directorio ejecutivo (del organismo) en su evaluación de la Oficina de Evaluación sobre el caso argentino, en julio de 2004”, se amparó el directorio. Quedó en claro que, lejos de tratarse de un análisis serio y profundo, la intención del FMI fue maquillar una situación que lo tiene como protagonista principal.

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