EL PAIS › MACRI SACO MAS DE 20 PUNTOS SOBRE FILMUS Y SE PERFILA COMO PRINCIPAL LIDER DE LA OPOSICION

La derecha hizo cabeza de playa en Capital

El resultado de la segunda vuelta confirmó el predominio electoral del candidato del centroderecha. Los traspiés de la campaña y un diagnóstico desajustado del electorado porteño obstaculizaron la difícil tarea de remontar el resultado de la primera vuelta. Macri quedó como el referente mejor posicionado de la oposición.

 Por Mario Wainfeld

La diferencia, por esperada, no dejó de ser brutal. Más de veinte puntos porcentuales separaron a Mauricio Macri de Daniel Filmus. El jefe de Gobierno electo es el primer gobernante de una fuerza de derecha que gana la Capital u otro de los grandes distritos del país. Le saca varias cabezas a cualquier otro referente opositor, es el principal contrincante del oficialismo nacional. Para redondear un domingo con novedades la candidata del ARI, Fabiana Ríos, obtuvo la gobernación de Tierra del Fuego. Las campañas de los representantes del gobierno nacional contribuyeron mucho a esos dos traspiés. A los líderes del kirchnerismo, al Presidente mismo, le llega un mensaje que deberá saber leer. El espectro opositor, en espejo, vivirá días de entusiasmo. No parece, de momento, que pueda coronarlos conformando una coalición competitiva para octubre aunque el clima político de estas horas los muestra en ofensiva.

Contra lo que sugerían muchas alertas previas, la elección fue impecable tras una campaña de mediano nivel pero no violenta ni antidemocrática, datos ambos dignos de festejo.

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Trayectorias: El líder de PRO culminó una campaña bien hechita, muy profesional, con comando único. La comenzó al día siguiente de los comicios de 2005, la cimentó en el juicio político a Aníbal Ibarra, la remachó cuando sus asesores lo persuadieron de que su hipotético techo inferior al 50 por ciento era horadable. Impuso su agenda, su discurso, eligió bien a su compañera de fórmula. Con anteojeras, no miró a sus costados mientras las huestes de Filmus y de Jorge Telerman le hacían el campo orégano, despedazándose.

El Frente para la Victoria (FPV) no las tuvo todas consigo. Su mentor, Alberto Fernández, se distrajo del territorio durante casi dos años. No creyó en viejas sabidurías políticas: caminar, construir, instalar un candidato. Se confió en que Macri iría en pos de la presidencia nacional. Las tácticas ulteriores acollararon otros errores: una nueva teoría sobre un techo de Macri, cuarenta por ciento en primera vuelta, lo que autorizaba a matarse con Telerman sin que eso influyera en el segundo turno. Una lectura esquemática y superficial de la ciudadanía (dividirla entre progresistas y conservadores, sin más) que empujó la candidatura de Carlos Heller, a quien se le atribuyó una mágica capacidad de traccionar votos.

Fue llamativo y polémico el rechazo a todo tipo de entendimiento con Telerman, contradiciendo lo que hace el kirchnerismo en casi todas las provincias. La ojeriza del jefe de Gabinete convenció al Presidente para desafiar su propia doctrina, precisamente en un distrito hostil, en el que arrancaba del tercer puesto.

En ese contexto desfavorable, Filmus cumplió un buen desempeño, que seguramente le abre las puertas para otra candidatura en octubre. Fue creciendo mostrándose tal cual es, lo que incluye una formación estimable para un funcionario, una personalidad moderada, un discurso racional y tolerante. Las virtudes del candidato, por contraste, espejan déficits previos. Se lo convocó tarde, se despreció la oportunidad de que “lo conocieran” tempestivamente y no contrarreloj, lo que fue confesado en un fallido slogan de campaña.

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Transiciones: Macri tuvo una semana envidiable, festejando en varios registros. Desde hoy le tocan otros bailes. Le cabe ir acordando con Telerman la larga transición. El jefe de Gobierno incurrió en un pecado extendido, adelantó de modo imprudente los comicios en pro de su conveniencia, que terminó siendo la conveniencia de PRO. Ahora será un pato cojo durante muchos meses. Así y todo, es improbable que su debilidad y cierto desmanejo financiero pongan en riesgo la gobernabilidad porteña que (bueno es recordarlo) no zozobró ni en las jornadas de 2001 ni durante la traumática destitución de Ibarra. Ocurre que ni Telerman, ni Macri ni el gobierno nacional desean que suceda una crisis. Con tamaño consenso tácito todo indica que nada fatal sucederá.

La voluntad aparente, sobreactuada, de Telerman es conceder mucho a Macri. No tiene especial espacio para hacer otra cosa dado el abismo que separa las legitimidades de ambos.

En simultáneo, habrá que ver cómo se va plasmando la relación entre Kirchner y Macri, ya incorporado al staff de los gobernadores. Como norma general, Kirchner respeta (en su ranking imaginario y en su manejo político) a los mandatarios provinciales, él viene de esa cantera. Ya siendo presidente, su amplio control de los recursos económicos le ha hecho desarrollar una política cooperativa, incluso a hora de prorratear los laureles. Para un presidente que cree que el consumo masivo y la obra pública son pilares del consenso no es imaginable (no le suena redituable) dejar de a pie a los gobiernos provinciales. Cierto es que jamás tuvo que convivir con un gobernador que asomara como firme competidor a nivel nacional. Tamaña primicia desalienta augurios muy drásticos o inerciales. Los dos rivales se reunirán próximamente. Sin duda Macri le pedirá la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal. Sin duda Kirchner tomará el reclamo en serio y le pedirá que lo formule con más precisiones. Lo demás son hipótesis.

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¿Dedicación exclusiva? En principio, la única buena noticia que recibió ayer el Gobierno es que su principal adversario se arraigó en Capital. Ese alivio será, presumiblemente, puesto en crisis por una activación del espacio opositor. Incluimos dentro de ese vago concepto a partidos políticos, medios y analistas de derecha, dignatarios religiosos que intervinieron (estee...) fervorosamente en la campaña. El desfile de un zoo de menemistas en tránsito (Ramón Puerta, Miguel Angel Toma, María del Carmen Alarcón, Marcelo Araujo) por el cuartel macrista fue un ensayo en clave de grotesco de algo más consistente que está al caer. Flota en el aire el tufillo previo al operativo clamor, que será ahora el “que se junten todos”. No es sencillo que eso ocurra, cuesta imaginar esa articulación voluntarista, parece peliagudo que Elisa Carrió o Roberto Lavagna se pongan a disposición de Macri. Y, con esa correlación de fuerzas, sería un disparate que “Mauricio” se aviniera a secundarlos.

Pero la coyuntura empuja esas ansias. También las cataliza la existencia de, haciendo una estimación grosera y no demasiado optimista, medio padrón nacional disponible para la oposición.

Un primer reflejo de Macri, que ha sido consistente en una estrategia de avanzar sobre seguro, debería llevarlo a confinarse en la Capital y esperar su tiempo. Claro que le es imposible decretarse ajeno a una elección presidencial. Un esquema de tres candidatos que se dividieran las preferencias, no asediaran al kirchnerismo y no inquietaran su primacía sería para él un buen rebusque. Muchos de los que celebraron ayer tratarán de sacarlo de ese esquema. Ricardo López Murphy le pedirá pista para lanzarse, su ansiedad deportiva (desproporcionada a sus chances) puede serle funcional a Macri.

Juan Carlos Blumberg, que pasó en silencio por el búnker de PRO, sigue en gateras. Si el ex ingeniero supera su papelón y mide bien en Provincia puede empezarse a solucionar el rompecabezas... para el macrismo al menos.

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Lecturas: Macri prevaleció en todas las circunscripciones, con un margen formidable. Un millón largo de votos, mayorías en todos los barrios y en todas las clases sociales dibujan el perfil que trasciende los límites de la derecha tradicional. El discurso, la estética de PRO, gambetearon ese rótulo. La publicidad del FPV machacó sobre esa contradicción, por lo que se ve infructuosamente.

Una pregunta, para muchos inquietante, es si Macri fue votado por lo bien que se maquilló o por lo que (desde siempre) es. Nadie puede contestarla acabadamente en estas horas. Con el tiempo se irá dilucidando otro enigma: si será un estereotipo del gobernante de derecha o si su ambición, su olfato o los límites impuestos por la sociedad lo derivan a otros caminos.

En cualquier caso, se asistió ayer al parto de la gran esperanza blanca, de un posible adalid de una derecha arrasada desde inicios del siglo XXI. Sucesivas torpezas del Gobierno, en especial durante este año, contribuyeron a empollar ese huevo de la serpiente. Deducir retrospectivamente que Macri era invencible sería un autoengaño, de aquellos que suelen prosperar en palacio, un subterfugio para no ver la viga en el ojo propio.

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Una coincidencia inquietante. La tendencia dominante en las provincias es que los oficialismos revaliden. Seguramente así sucederá en 19 o 20 gobernaciones. Apenas tres, cuatro, cinco a lo sumo cambiarán de mano. Ayer coincidieron dos, Capital y Tierra del Fuego, fue una coincidencia pero es una muestra no desdeñable, plena de significado.

En ambos casos, primó un partido sin experiencia de gobierno, con un candidato sin presencia pública hace un lustro. En Capital, Telerman y Filmus tampoco tenían piné de candidato años atrás. Guste o no, los dos, Macri y Ríos integran una generación política nueva, lo que es percibido como virtud.

Las tropelías de los favoritos en la elección fueguina y las desmesuras del discurso del oficialismo nacional seguramente fueron castigadas en las urnas. Esa narrativa tremendista y divisiva suena a contrapelo de la sensibilidad de muchos argentinos. No era igual en 2003, cuando advino Kirchner, en una etapa de frustraciones y crispación. Las mutaciones políticas y económicas, en buena medida logros del Gobierno, seguramente atemperan el ánimo de muchos argentinos, moderan su imaginario.

El fuerte de su gestión, Kirchner lo supo desde que asumió, son sus resultados económicos: el descenso del desempleo, el crecimiento, el auge del consumo. El ciclo económico de la devaluación, la solidez fiscal y el desendeudamiento no da impresión de haber cesado. Claro que brotan dificultades de nuevo cuño, consecuencias de esas causas virtuosas, cuellos de botella: crisis energética, carencia de la infraestructura, conflictos gremiales. La ciudad padece las secuelas del boom económico: congestión de tránsito, inflación empujada por los aumentos de salarios. La metrópoli, cuna de los cacerolazos, no vive los nuevos piquetes con la solidaridad fugaz de 2001. El espectro de los ’90 se empieza a diluir en lontananza, lo que mortifica son los temas cotidianos, los de 2007.

Igualmente, la economía sigue siendo el bastión del gobierno, su muñeca política está mucho más en crisis, de cara al nuevo escenario. Sus operadores favoritos, Alberto Fernández y Juan Carlos Mazzón, no convierten goles desde hace rato, más bien se meten algunos en contra.

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Réplicas: Néstor Kirchner amarretea reflexiones sobre sus tropiezos aunque acostumbra asumirlos en los hechos, con su típica hiperquinesis. De ordinario, acentúa su perfil, genera agenda, produce actos de gobierno. Hay algunos inscriptos en su calendario convencional, previsibles. El Consejo del Salario acostumbra reunirse en julio, está vez aumentará el mínimo a 960 pesos o algo más. Las asignaciones familiares subirán en agosto, día más o menos. También es profetizable un arsenal identitario en tópicos vinculados a derechos humanos.

En tanto, se cumplieron las rutinas democráticas, sin ripios dignos de mención. Se ensanchó el espectro de partidos que gobiernan. El ARI lo consiguió con recursos inobjetables, sin dinero, a pura militancia. Si Hermes Binner bate al esclerosado peronismo santafesino hará otro aporte al enriquecimiento del sistema político.

Volvamos a Capital, que ayer fue el epicentro. No hay ningún motivo para endiosar la voz de las urnas, pero siempre es bueno respetarla y oírla. Ayer produjo un cambio histórico con presumibles repercusiones en el país. Aun quienes no compartan el veredicto (quizás especialmente quienes no lo compartimos) deben preguntarse por qué ganó el que ganó. Y por qué perdieron, con tanta amplitud, los que mordieron el polvo de la derrota.

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Mauricio Macri y Gabriela Michetti, los futuros jefe y vice de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires cuando festejaban ayer en Che Tango.
 
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