EL PAíS › EL GOBIERNO NO LOGRA RESOLVER SUS PRINCIPALES PROBLEMAS POLITICOS

Parece que “el Negro” no puede

La no resolución del juicio a la Corte, ni de la interna del PJ y el desacuerdo con el FMI desnudan las imposibilidades oficiales. La avanzada sobre el Parlamento. El rol de Duhalde.

 Por Sergio Moreno

No puede modificar la correlación de fuerzas en el Congreso para obtener la aniquilación del juicio político a la Corte Suprema; por esto último, no puede influir sobre el Alto Tribunal a fin de evitar que le siga disparando males mayores con forma de acordadas; no consigue definir la interna de su propio partido; a pesar de las múltiples agachadas, no logró arribar a un acuerdo con el Fondo Monetario, y todo indica que no lo hará. El Gobierno atraviesa un marasmo de impotencia política que morigera gracias a la estabilidad del dólar y al derrame de planes sociales. Este precario equilibrio, sin embargo, no le alcanza a Eduardo Duhalde para resolver las cuestiones que debería y así hacerle menos empinada la cuesta a quien lo suceda en la Casa Rosada. Parece que son tiempos para recordar aquella vieja frase que supo acuñar: “que sea lo que Dios quiera”.
Existe en el Ejecutivo quien cree que la imposibilidad de obtener los resultados que se propone el Gobierno está directamente relacionada con las actitudes del Presidente. “Esto tiene que ver con las incapacidades de Duhalde, con sus dudas, con sus idas y vueltas. Por ejemplo: mientras se redactaba el nuevo decreto para la elección interna, él prometía en Salta a los gobernadores del NOA estudiar el plan Romero, cambiar las reglas que estábamos haciendo”, dijo a este diario un integrante del gabinete.
Sin embargo, uno de sus pares, muy cercano a Duhalde, dijo que dicha actitud era deliberada. “Nosotros ya marcamos la cancha –reflexionaba el funcionario ante Página/12–: llamamos a internas para el 15 de diciembre y a generales para el 30 de marzo. Ahora podemos discutir todo; si hay o no hay interna, si hay o no ley de Lemas, si hay plan Romero o Conte Grand, lo que sea. Mientras, corren los plazos de los decretos.”
Siguiendo este razonamiento, la afirmación de ayer de Duhalde, efectuada en su programa de radio sobre la inamovilidad de las elecciones internas, es una mera formalidad que “el Presidente debe decir, debe mantener”. El secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, dijo ayer que el cronograma electoral podría ser modificado si hay consenso.
Otro secretario de Estado reconoció que en la Rosada respirarían aliviados si el Congreso consiguiese acordar el proyecto de Gerardo Conte Grand –una especie de ley de Lemas aggiornada a los efectos de gambetear la inconstitucionalidad– y, así, evitar las internas. El problema radica en que el sitio donde conseguir el consenso necesario se asemeja más a los Balcanes que a un cantón suizo. En el Parlamento, hoy, acordar la marca de café a comprar impone una tarea titánica. “Hay que convencer a algunos radicales –decía, sobre la ley Conte Grand, un funcionario informado–. Unos no se resisten tanto, pero hay otros que se aterrorizan y creen que si nos dan esta ley el peronismo se va a transformar en el PRI” (el partido que gobernó México durante 70 años). Para conseguir dicho acuerdo, el ministro del Interior, Jorge Matzkin, el titular de la Cámara baja, Eduardo Camaño, y el jefe de la bancada, Humberto Roggero, gastan saliva y esfuerzo en sus viejos socios de la UCR.
Los cortesanos
Más que saliva y esfuerzo deberá derramar Camaño para torcer las voluntades necesarias a fin de terminar con el juicio político a la Corte. Camaño y Roggero convocaron a sesión especial para el próximo jueves, en la cual, suponen, tratarán el asunto y, debido a que no hay votos suficientes para acusar a los supremos, el juicio se irá por el sumidero. Para ello el oficialismo debe, a su vez, conseguir los votos suficientes. “Deben tener algo contado –especuló ante este diario un integrante del gabinete–, de lo contrario no se hubiesen lanzado.” La especulación no es del todo certera: en más una oportunidad el oficialismo se lanzó a sesionar y estuvo a punto de perder la ropa. Es conveniente recordar el tratamiento de la ley de anulación de la subversión económica.
Por una decisión adoptada en el seno del Gobierno, al affaire Corte Suprema lo manejan en el mayor de los secretos dos personas, Camaño y elministro de Justicia y Seguridad, Juan José Alvarez. El primero fragua la defección en el Parlamento; el segundo, trata de amansar a las fieras y disuadirlas de fallar con el poder destructivo que acostumbró a mostrarle al Gobierno. “No cualquiera puede opinar del asunto, no cualquiera sabe lo que pasa. Y como detectamos que hay un buchón pero no sabemos quién es, no hablamos”, confesó un miembro del gabinete con despacho en la Rosada.
Más alá de los secretos, uno de los bonaerenses más informados de Balcarce 50 especuló ayer que, para ayudar, hasta tanto en el Congreso no se consiga desarticular el juicio de marras, “el Presidente debería dejar de pedir tres cabezas (de ministros de la Corte) cada vez que puede”.
Fondeados
La indefinición sobre su futuro encocora a la Corte. Los supremos gustan dañar el flanco que más le duele al Gobierno. “Es la economía, estúpido”, supo escribir en su despacho de campaña un Bill Clinton que todavía no había sido presidente, allá por 1992.
“La Corte te pega en cuestiones económicas y en el Fondo (Monetario) ponen la lupa en eso: la Corte, en definitiva, pone en riesgo la seguridad jurídica del país”, extrapoló uno de los funcionarios mencionados.
No sólo el Supremo Tribunal escapa de las manos del Gobierno. En la Rosada sostienen que, además de la acordada que dejó sin efecto el recorte del 13 por ciento a empleados estatales y a jubilados, un proyecto que aprobó Senadores para cobrarles dos por ciento a la ganancia de los bancos para engrosar la caja de la obra social bancaria también influyó en el FMI, vía gritos de los banqueros locales.
“Nosotros seguimos mandándonos cagadas. En vez de esperar unos días nos hacemos los guapos cuando no hay que hacerlo. Le decimos al Fondo que vamos a jugar al fútbol y les caemos con una pelota de rugby. Así nadie te cree nada.” La frase, un tanto misericordiosa con el FMI, reconoce las limitaciones oficiales. Limitaciones nacidas de la falta de política o de los errores en la misma.
El Presidente tal vez crea que Dios, finalmente, podrá ayudarnos. Por ahora, nada indica que vaya a ser así.

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El Presidente fijó fechas electorales que, según estiman en la Rosada, podrían no cumplirse.
 
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