EL PAíS › LAURA MORENO, DIRECTORA DEL COLEGIO POVEDA

“No queremos poner muros y rejas”

 Por Javier Lorca

“Queremos un mundo sin violencia en el que se pueda convivir. Queremos que nuestros chicos puedan salir a la calle.” Así de sencillo, así de sintomático es el pedido que, en diálogo con Página/12, formula Laura Moreno, directora del Colegio Pedro Poveda, de Vicente López, una de las escuelas confesionales que se sumó a la manifestación de la comunidad educativa y la Red Solidaria contra la inseguridad y la violencia. Laura Moreno tiene 40 años y dirige un colegio privado donde estudian 1200 chicos, un colegio cuyos directivos pertenecen a la Institución Teresiana, una asociación católica internacional de laicos dedicados a la cultura y la educación.
–¿Cómo se está percibiendo, desde la escuela, la inseguridad y la violencia?
–Lamentablemente, estamos viviendo un crecimiento de la violencia a partir de un aumento de la marginalidad de la población. Pero también vemos que hay grupos con intereses particulares a los que todo esto los beneficia. Esto no es sólo un problema de los pobres y la pobreza.
–¿Cómo están reaccionando los padres de los alumnos?
–Se percibe una gran inquietud en las familias. Hay dos tipos de reacciones. Una por la inseguridad y otra por la injusticia, el hambre. Para la segunda situación estamos contribuyendo con un equipo de acción social para generar proyectos y atender las necesidades de la gente. Pero frente a la inseguridad estamos desconcertados. No queremos poner muros y rejas entre nosotros y el mundo. Queremos un mundo sin violencia en el que se pueda convivir. Queremos que nuestros chicos puedan salir a la calle. Ellos merecen vivir en las mejores condiciones. No podemos permitir que no puedan salir a la calle.
–¿Advierte un cambio en la vida cotidiana de los chicos?
–Percibimos que están sufriendo una restricción de sus libertades. ¿Por qué? Porque les roban las bicicletas, la ropa, las zapatillas o los amenazan. Por suerte no hemos tenido casos graves, pero por eso estamos trabajando en una acción preventiva. Y nos solidarizamos con las comunidades educativas que tuvieron que enfrentar situaciones como la que vivió Juan Pablo.
–¿Qué se puede hacer desde la comunidad educativa frente a la inseguridad?
–Educar para la paz y la no violencia. Tímidamente vamos aprendiendo qué hacer. Las comunidades educativas, privadas o estatales, son de los pocos espacios públicos que nos quedan. Acá, nosotros tenemos 600 familias que comparten problemas sociales, falta de trabajo, la crisis. Si nos organizamos, colaboramos entre todos y sumamos otras comunidades, vamos a empezar a desarrollar una nueva actitud, sin ningún interés político. Hasta el momento, las comunidades educativas no habían tenido la necesidad de manifestarse. Ahora tenemos que ocupar un cauce que los políticos, sindicatos y muchas instituciones han perdido. Tenemos que prevenir y no dejar que la violencia avance. Para eso necesitamos luchar para recuperar la confianza en los valores, recomponer espacios sociales y construir la paz. Lo que estamos viviendo es tan fuerte que tenemos que tomar una actitud positiva. No en contra de, sino a favor de todos.
–¿Hay una perspectiva católica para enfrentar este escenario?
–No creo. Nos tenemos que unir todos. Porque todos los credos buscamos lo básico: que se respeten los derechos humanos, los derechos de los niños. Los colegios confesionales vemos en los demás a un prójimo. Y no queremos ver un enemigo en los otros. Como cristianos, no queremos desconfiar de los otros. Y un mundo así lo tenemos que construir entre todos. Esto es algo que nos une, no nos distingue. Estamos todos unidos.
–¿Había pensado alguna vez que, como docente, tendría que afrontar un escenario social como el actual?
–No. La verdad es que nos conmueve y nos sorprende. Por eso nos estamos exponiendo a hacer cosas que los educadores generalmente no hacemos, tenerreuniones y experiencias de otro tipo. Lo hacemos porque la situación realmente nos ha desbordado.
–¿Tiene esperanzas de que las cosas cambien en el futuro próximo?
–Como cristiana, sí, tengo esperanzas. Para los cristianos, tener esperanza es creer más allá de la propia esperanza. No tengo confianza en lo que las instituciones nos están mostrando. Pero queremos construir un tejido social que supere lo que hoy nos oscurece. Otros pueblos pudieron. Tenemos que enfrentarlo con humildad y altruismo.

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