EL PAíS

MULTILATERALIDAD

 Por J. M. Pasquini Durán

Desde que asumió el mandato, cada vez que tuvo oportunidad la Presidenta insistió en la necesidad de reconstruir el multilateralismo porque considera que “un mundo unilateral es un mundo más inseguro, más injusto”. No pasó mucho tiempo para que las circunstancias pusieran a prueba sus palabras, unidas a otro concepto esencial: el temor al terrorismo global no justifica la violación global de los derechos humanos. La operación de rescate de rehenes por medios pacíficos de prisioneros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) es un acto de multilateralidad política que involucra a gobiernos de diferente origen y trayectoria ideológica, desde el francés conservador Nicolas Sarkozy al socialista venezolano Hugo Chávez, sin que esas diferencias hayan impedido la coalición de esfuerzos para lograr un propósito de derecho humanitario. El Poder Ejecutivo argentino se comprometió de modo tan decidido con semejante intención que a la hora de comisionar delegados para integrar un comité de garantes que asistirá a la recuperación de tres rehenes, nombró a Néstor Kirchner y al canciller Jorge Taiana, el más alto nivel posible, que comparten la tarea con comisionados de Cuba, Brasil, Ecuador y Bolivia, además del embajador de Francia en Bogotá y del mismo presidente Chávez, interlocutor válido para las FARC.

La gestión tenía ambiciones mayores en sus tramos iniciales, porque se hablaba de un intercambio de prisioneros entre las FARC y el gobierno de Alvaro Uribe que pondría fin a la categoría de rehenes en las que se encuentran centenares de personas en ambos bandos, algunos desde hace años, entre ellas la franco-colombiana Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial, que hoy en día es el pivote central del esfuerzo multilateral. Cuando los contactos de Chávez con el comandante guerrillero Marulanda, el legendario “Tiro Fijo”, habían abierto expectativas esperanzadas, de pronto el presidente colombiano canceló la autorización que había concedido, invocando un supuesto exceso de intromisión del venezolano. Los expertos regionales prefieren pensar que el corte fue inducido bajo presión de la Casa Blanca, que subsidia a Colombia con millones de dólares para combatir el “narcoterrorismo” y considera a Uribe un aliado incondicional de sus políticas unilaterales, que aplica sin considerar lo que en la jerga guerrera se llaman “daños colaterales”, es decir el asesinato de civiles o la destrucción de blancos sin valor militar, y también la pérdida de derechos civiles para los norteamericanos y la instalación de centros clandestinos de detención en diversos lugares del mundo.

En franco contraste, mientras en la región continuaban las gestiones multilaterales pacíficas para reabrir las negociaciones y la guerrilla ofrecía tres liberaciones como una ofrenda a la buena voluntad de Chávez, el régimen de Pakistán, otro partidario de la unilateralidad de Washington, ingresaba el jueves en un vórtice de caos y terror, en la peor crisis de sus sesenta años de existencia, debido al asesinato de la líder opositora y ex premier Benazir Bhutto, de 54 años, quien recibió varios disparos de un hombre-bomba que luego se inmoló provocando otras decenas de muertes. Podría decirse que ni el más poderoso aparato de seguridad en Occidente pudo impedir el atentado a las Torres Gemelas, pero existen ciertas atmósferas políticas que facilitan la proliferación de las infecciones terroristas. La dictadura del general Pervez Musharraf contabilizó durante este año que termina un total de casi 800 muertos por atentados suicidas. En uno de sus últimos textos, Bhutto, líder indiscutida del Partido Popular, dos veces destituida de la jefatura de gobierno, presa y exiliada durante una década, bajo el título “Los asesinos no ganarán”, afirmó: “Los extremistas prosperan en una dictadura. Saben que la moderación y la democracia marcarán su fin. No retrocederán ante nada para destruirla”. Profética.

Aunque la unilateralidad organiza un mundo “más inseguro, más injusto”, eso no quiere decir que no tenga seguidores y, por supuesto, beneficiarios. En Colombia hay de todo, desde hace décadas, sin que ninguna fracción consiga detener el constante sangrado ni recupere el sentido de la vida que para muchos, demasiados, carece de valor. El multimillonario negocio de la producción y comercialización de cocaína esterilizó todas las políticas oficiales de represión y el combate político está empatado entre las tropas regulares y los rebeldes. Están en ese punto en que la disputa es por la posesión y el control de territorios: la misma existencia de rehenes, pese a los altos costos de todo tipo, es una demostración del patrimonio territorial de las FARC, inexpugnable para los represores oficiales y los paramilitares. Es obvio que ningún gobierno puede aceptar de buen grado o por voluntad propia la secesión de la integridad geopolítica de la nación a su cargo, pero en esta época de globalidades malas, también las hay buenas. Una de ellas es el peso específico del derecho humanitario y de los derechos humanos en general. Esta razón fue determinante para que la acción multilateral pudiera perforar los blindajes de gobierno y guerrilla, en nombre de la vida.

El operativo que procura recuperar a dos prisioneras y al hijo de una de ellas, nacido en cautiverio, no debería ofrecer riesgos más allá de los razonables cuando dos bandos enemigos se tocan en un punto sin desenfundar porque en el medio hay terceros de buena voluntad. Sería ingenuo, sin embargo, pensar que es un trámite sólo incómodo, porque en la ley de la selva, tanto en sus dimensiones reales como figuradas, los imprevistos son innumerables y sean sicarios, como los que matan a nombre de los narcos, mercenarios que sirven de paramilitares a las oligarquías locales, o fanáticos como el asesino de Bhutto o los secuestradores en Somalia de dos enfermeras, una española y otra argentina, Pilar Bauzá, sin enumerar las fracciones militares y políticas de la derecha, dentro y fuera de Colombia, no son pocos los que se oponen al éxito multilateral de paz. Tampoco en la guerrilla las conductas son unánimes, ya que mientras un comandante mostraba determinación para explorar nuevas vías de participación política, otro del mismo rango jerárquico ponía condiciones inaceptables para continuar negociando, como exigir la previa renuncia de Uribe y todo su gabinete.

En cualquier caso el trámite tiene fecha y hora límites: mañana domingo, a las 19 horas, porque ésa fue la condición impuesta por el gobierno colombiano. Funcionarios de la Cruz Roja están en el comando central del operativo y también son muchos, no sólo los enemigos, los que esperan un final feliz, acorde con los tiempos que se viven en Sudamérica, complejos, contradictorios, revueltos y esperanzados. Sería un fin de año memorable, apropiado para subrayar las aperturas hacia los cambios que se viven en esta zona del mundo. De ser así, es posible que esta grieta abra paso al torrente de vida que hoy está encerrado en cárceles y con guardianes diferentes, pero con idéntica privación de la libertad. Recuperar el valor de la vida quizá sea la misión más alta y perdurable de esta época de repúblicas democráticas.

En Argentina, como en el resto de Sudamérica y en otras zonas del mundo, hay una espera inquieta por esos resultados. Es inevitable, por supuesto, que en cada lugar se sumen los problemas específicos. Aquí, la extraña historia de la valija de los 800 mil dólares que viajó de Caracas a Buenos Aires en un charter aéreo alquilado por funcionarios argentinos, cargada de preguntas sin respuestas, dispara la imaginación de oficialistas y opositores. Desde el Gobierno surgen versiones sobre conjuras organizadas por la inteligencia norteamericana, hay opositores que quieren colgarse del tema, como Patricia Bullrich de la Coalición Cívica que está en Miami compitiendo con los cronistas, para golpear sobre un gobierno que es a la vez igual y diferente al que lo precedió. Todos saben que si hay algo que perturba a los argentinos son las evidencias o las sospechas firmes de corrupción, en especial cuando hay impunidad de los responsables.

No hay que olvidar en estos días especiales, como son los finales de año, que uno de cada cuatro argentinos tienen la preocupación esencial de conseguir alimentos para mañana, porque el crecimiento macroeconómico del país no los rescató de la pobreza ni de las extremas necesidades. Otros se preocupan con razón por los aumentos a mansalva del impuesto porteño al Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL), pese que el consumo sigue aumentando en los shoppings y el turismo mueve a millones de personas hacia todos los horizontes nacionales. Son diferentes caras de una realidad cotidiana que se combina con los actos de la historia que, por el momento, son puro presente. Es tan variada que resulta inabarcable lo que, al mismo tiempo, aumenta la inquieta fascinación por lo que vendrá, siempre más interesante que lo que ya fue.

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